lunes, 25 de mayo de 2026

    Fantasmas en la pantalla

    Los últimos resultados financieros anunciados por los dos líderes de la industria electrónica mundial encendieron luces de alarma en el sector. Matsushita cerró su último ejercicio con una ganancia de US$ 2.800 millones, una cifra imponente, sin duda, pero 39% más baja que la del año anterior. Sony, por su parte, cosechó utilidades por US$ 1.280 millones, lo que representa una caída de 44%.

    Es verdad que esto ocurre en un contexto de recesión de las principales economías del mundo industrializado, pero ésta es sólo parte de la historia. Los gigantes japoneses parecen haber perdido su hasta ahora infalible olfato para anticipar las preferencias y necesidades del público.

    Los analistas suelen citar como ejemplo de este fenómeno un dato revelador: las ventas de televisores y videograbadores vienen cayendo, dentro del mercado japonés, desde 1988, bastante antes de que se iniciara la recesión.

    Durante los últimos años, los fabricantes de artefactos electrónicos han sido, sobre todo, víctimas de su propia incapacidad para estimular la demanda con productos novedosos, mientras los grandes mercados del mundo industrializado languidecen, saturados de televisores y equipos de audio y video.

    El interrogante que desvela a los líderes de la industria es tan sencillo como crucial: ¿qué productos electrónicos pueden reavivar el apetito de los consumidores en los años ´90?

    Sony y otras empresas de primera línea depositan sus mayores esperanzas en la todavía embrionaria tecnología de los multimedios, que combina video, fotografía, procesamiento de datos, animación y sonido. Pero lo que inquieta a los gigantes japoneses es que Estados Unidos parece estar despertando de su sopor para ofrecer las ideas más atractivas en este campo todavía inexplorado.

    El eje de la cuestión es convertir a la televisión en un medio “inteligente”, colocando a las computadoras (con su vasta capacidad para almacenar y procesar información) al servicio del entretenimiento. Los consumidores serían tentados con la posibilidad de disfrutar el último video-clip de Madonna, ver fotos de la familia, comunicarse por fax o teléfono celular, consultar un banco de datos y enterarse de cómo terminó un partido de fútbol. Todo con el mismo aparato, y todo por el mismo precio.

    La clave del negocio reside, esencialmente, en el desarrollo de software y esto explica que los pioneros se encuentren entre especialistas en la materia, como las norteamericanas Apple y Microsoft, y otras firmas menos conocidas de la costa californiana.

    MATRIMONIOS DE CONVENIENCIA.

    El orgullo japonés ha debido ceder ante esta realidad, y los gigantes de la industria nipona comienzan a buscar socios norteamericanos para emprender el salto tecnológico de fin de siglo. Esto es lo que subyace en la reciente asociación de Sony, Apple y Motorola para crear productos de multimedios destinados a salir al mercado en el próximo quinquenio.

    Y éste no es un caso aislado. La holandesa Philips acaba de instalar una empresa para el diseño de equipos de multimedios en Estados Unidos y compró las acciones de la firma Whittle, un productor de programas educacionales. También forjaron alianzas AT&T y Matsushita y NCR y Poqet (una subsidiaria de Fujitsu).

    Nadie se atreve a vaticinar quiénes se colocarán a la vanguardia de estas asociaciones. La próxima década podría marcar el regreso de Estados Unidos a las posiciones de liderazgo en la industria electrónica. Los japoneses quizá se vean obligados a aceptar la necesidad de unir fuerzas con tradicionales rivales.

    Pero el salto al nuevo escenario tampoco será fácil para los norteamericanos, que reconocen la ventaja japonesa en las técnicas de producción y comercialización de electrónicos y sus propias dificultades para ingresar a un mercado en el que tienen escasa experiencia. En realidad, Apple necesita a Sony en la misma medida en que Sony necesita a Apple.

    La verdadera incógnita para la industria electrónica internacional es qué lugar tendrán sus productos en el estilo de vida de los consumidores del próximo siglo.