En un nuevo clima, producto de la estabilidad que debe consolidarse, hay motivos para ser optimista. Pero es necesario evitar caer en el exitismo o en los delirios de los que persiguen fáciles ganancias.
Por eso MERCADO le ofrece el análisis en profundidad, las precauciones a tomar, las advertencias a tener en cuenta, y los consejos más fundados. Con la ponderación y la profundidad a que están acostumbrados nuestros lectores.
La Bolsa es el gran atractivo después de un 1991 que vio el crecimiento del valor de capitalización de las empresas que cotizan, en 400% como promedio, a valor dólar. Todo indica que el auge bursátil debe continuar, pero es mejor soslayar la fantasía. Los porcentajes de valorización durante 1992 deben ser más modestos, y todavía existe la posibilidad de algunos cimbronazos en la economía.
Aunque la tendencia de mediano plazo siga siendo excelente.
Hoy más que nunca es necesario combinar una buena dosis de iniciativa con una proporción de cautela y ponderación. Si se utiliza el sentido común y se aprovecha el consejo de los que tienen experiencia en el mercado bursátil -y también en otras áreas de inversión- es posible mantener y aumentar los ahorros.
Por primera vez en mucho tiempo, invertir en Argentina ya no es la apuesta de un jugador, sino una actividad racional que permite ganancias razonables. Comparta, junto con los analistas de MERCADO y los expertos especialmente consultados, las previsiones para un año que promete ser excelente, las tendencias que se insinúan y las predicciones que tienen fundamento, sin futurología simplista.
Como ya es habitual, el lector encontrará la radiografía de la Bolsa; los títulos y valores que prometen mejor evolución; lo que se puede esperar de los fondos de inversión y de toda la variedad de productos financieros en oferta; y la significativa reactivación del mercado inmobiliario.
En síntesis: la mejor manera de saber dónde obtendrá el mejor rendimiento para su dinero y cómo definir una estrategia inversora de largo aliento.
– Tendencia –
HACIA UN VERDADERO MERCADO DE CAPITALES.
Además de los recursos que están llegando del exterior, hay millares de pequeños inversionistas que se suman a la actividad bursátil, con metas de largo plazo. Hay posibilidades reales de expandir y cimentar los distintos valores en el mercado.
Hubo un tiempo en que hablar de invertir en el exterior era pecado. El clima ha cambiado tan sustancialmente que ahora al menos se puede hablar, y pronto habrá -como lo están practicando los chilenos con entusiasmo- inversiones argentinas en otros mercados bursátiles atractivos, como el brasileño, por ejemplo.
Entre tanto es mucho lo que falta para consolidar un verdadero mercado de capitales en el país, pero el hecho más auspicioso es la incorporación de millares de pequeños accionistas que, merced al interés suscitado por las acciones de Telefónica y de Telecom, han debutado en un mercado que antaño parecía reservado para los “peces gordos”. Un hecho sobresaliente de los últimos meses es el extraordinario crecimiento de los Fondos Comunes de Inversión, una modalidad excelente para el pequeño ahorrista y para captar recursos del exterior.
Según un reciente informe de Salomon Brothers, América latina recibió US$ 40 mil millones durante 1991. De ese total, US$ 15.700 lo hicieron en forma de préstamos; US$ 14 mil millones como inversión extranjera directa -y parte del proceso de privatizaciones- y US$ 6.400 millones se utilizaron en compra de acciones en los mercados bursátiles de la región.
Cuando en agosto próximo se cumplan 10 años de la iniciación de la crisis de la deuda externa -México comunicó entonces que suspendía el pago de intereses-, el problema puede estar encarrilado. Argentina y Brasil están próximos a lograr un acuerdo con los bancos acreedores; México y Venezuela lo han hecho ya. Entre los cuatro suman de 75% a 80% de la deuda externa regional.
La mayoría de los asesores en inversión en Estados Unidos están recomendando a sus clientes incursionar en los mercados bursátiles externos en busca de mejor rendimiento que en Wall Street. El mismo consejo lo han reiterado en los últimos tres años y sin embargo el índice de rendimiento bursátil local ha sido superior, en promedio, al de los mercados extranjeros.
En estos momentos los tenedores de acciones extranjeras representan apenas 10% de la inversión total en valores bursátiles en Estados Unidos.
En 1960, el mercado estadounidense era de 80 a 85% del mercado bursátil mundial. Hoy está por debajo de 40%.
Los inversionistas actúan a través de los fondos de inversión, lo que les permite con modestos recursos contar con participación en una cartera de acciones diversificada. Estos fondos de inversión que mueven poderosos recursos están pendientes de lo que ocurre en los que llaman “mercados emergentes” o mercados de capital de países en desarrollo.
La estrella indiscutida durante 1991 fue Argentina, con un crecimiento anual promedio de 400% en términos de dólar. A pesar de síntomas preocupantes en la economía, Brasil tuvo un excelente desempeño durante los últimos meses del año pasado. Pero la fortuna es cambiante: en febrero pasado el mejor comportamiento mensual fue el de Chile con un incremento de 17,3% sobre enero. Le siguió México con un incremento de 15,2% con respecto del mes anterior. Los demás mercados bursátiles importantes de la región declinaron con relación a enero: el de Argentina se redujo en 3,7%; el de Brasil en 0,5%; el de Venezuela en 5,2%; y el de Colombia en 17,6%.
– Bolsa –
UNA OPCION CON FUTURO.
Hay motivos para el optimismo, aunque conviene resguardarse de la euforia.
Según la mayoría de los expertos, la Bolsa seguirá dando satisfacciones en los próximos meses. El actual mercado bursátil, con volúmenes diarios cercanos a US$ 50 millones, nada tiene que ver con el de los últimos meses de 1990 o comienzos de 1991, cuando el monto raramente superaba los US$ 2 millones.
Tomar conciencia de esto es fundamental para planear la formación de una cartera bien diversificada y con perspectivas de rentabilidad.
Con la incorporación masiva de los operadores internacionales, el mercado entró en una etapa caracterizada por la selectividad y menos proclive a las fuertes oscilaciones que resultaban frecuentes cuando el volumen de negocios era modesto. Por lo tanto, aunque la especulación es el motor fundamental de todo mercado bursátil, cada vez adquieren mayor peso las operaciones que se realizan pensando en el mediano y largo plazo, a lo que contribuye también la creciente participación de los Fondos Comunes de Inversión.
La mayor especialización se revela también en el notable auge de las opciones, una alternativa que ya cuenta con una experiencia de casi dos años y que no puede ignorarse a la hora de analizar la evolución futura del mercado.
NEGOCIO DE DOBLE FILO.
Las variantes operativas que ofrecen las opciones pueden resumirse básicamente en dos: como un simple negocio financiero o para obtener rendimientos muy superiores a los que brindan las acciones, aunque el riesgo, lógicamente, es mayor.
Los inversores que las emplean simplemente como un instrumento financiero actúan de la siguiente manera: compran una acción y en forma simultánea venden la opción (o prima), es decir, el derecho del adquirente para comprar ese mismo papel en una determinada fecha y a un precio previamente establecido. Si al vencimiento del plazo el titular de la opción ejerce su derecho, el vendedor se beneficia con la diferencia entre el precio neto de compra y el de venta, que en la práctica constituye el interés que le dejó la operación. En cambio, si el tenedor de la opción no ejerce su derecho, el vendedor gana únicamente el valor de la prima, ya que las acciones quedan en su poder.
Esta variante suele ser empleada por los operadores más sofisticados, a los que no les interesa la inversión bursátil sino simplemente la obtención de una renta superior a la que brinda el mercado financiero. Pero aquí puede darse otra alternativa en la que la presunta renta financiera se transforma en un transitorio quebranto. Esto ocurre cuando la baja de las cotizaciones en el mercado es muy grande y el importe percibido por la prima es inferior a la caída del precio de la acción en la Bolsa.
En cambio, quienes compran las opciones asumen la aventura de una operación altamente riesgosa pero que a veces produce resultados brillantes. Si sus pronósticos optimistas se cumplen, pueden ganar en un período relativamente breve (no más de cuatro meses) cifras que llegan a duplicar holgadamente el capital invertido. Por ejemplo: si un inversor abona $ 0,50 para tener el derecho de que a mediados de junio le vendan una cierta acción a $ 5, está apostando a que el precio supere los $ 5,50.
Si la cotización llega a $ 8, el valor de la opción se situará en cerca de $ 3 (la diferencia entre los $ 5 pactados y el nuevo precio del mercado). Como había pagado $ 0,50 para tener el derecho a ejercer la opción, la diferencia con los $ 3 actuales representa una ganancia de 500%, mientras que en el mismo período la acción subió solamente 60% (de $ 5 a $ 8).
En cambio, si el precio de la acción baja (por ejemplo a $ 4) el tenedor de la opción pierde la totalidad del monto invertido ($0,50). Ello es así en razón de que nadie va a pagar $ 0,50 para que le vendan las acciones a $ 5, cuando las puede comprar en el mercado a $ 4.
Las opciones también suelen ser utilizadas por los grandes inversores para tomar fuertes posiciones en un determinado papel sin crear expectativas entre los operadores habituales. Esta estrategia se pone en evidencia cuando los poseedores de la opción ejercen su derecho a pesar de que el precio de la acción en el mercado no lo haría aconsejable. En estos casos, los operadores son conscientes de que, si decidieran adquirir grandes volúmenes en la plaza normal, posiblemente deberían abonar un precio superior al que resulta de ejercer la opción. Como se ve, en la Bolsa no siempre es cuestión de precios; a veces la necesidad de comprar grandes cantidades sin levantar la perdiz provoca estas aparentes contradicciones.
TELEACCIONES.
La incorporación de Telefónica Argentina y de Telecom al mercado bursátil tuvo la virtud de atraer a muchos inversionistas que hasta ese momento nunca se habían interesado por las acciones.
Como la experiencia ha sido muy positiva, es probable que se mantenga esta afluencia de primerizos hacia la Bolsa. Se habrá logrado, en ese caso, un avance muy significativo en la consolidación definitiva del sistema, un objetivo que requiere, además, el mantenimiento de las condiciones de estabilidad y una creciente corriente inversora externa. En esas condiciones, y una vez superado el problema de la deuda externa, las posibilidades de contar con un vigoroso mercado de capitales se fortalecen notablemente. En ese contexto, las acciones tendrán un papel preponderante.
EL PORTAFOLIO DE MERCADO.
Para MERCADO, una cartera bien diversificada debería estar integrada de la siguiente forma:
BONEX DE LA SERIE 1989.
Este año brindarán una rentabilidad superior a 18%, computando la gravitación sobre el precio actual de la amortización que se realizará en diciembre. En este cálculo se incluyen los ingresos derivados de su alquiler. A este alto rendimiento se agrega su amplia liquidez, que contribuye a que sea considerado como uno de los títulos más requeridos por los operadores. Su participación dentro de la cartera tendría que oscilar entre 20 y 40%.
ACCIONES.
También deberían integrar la cartera en niveles de 30 a 40%. En el orden de prioridades deben figurar las dos empresas telefónicas, a las que deberían incorporarse en proporciones más o menos similares las dos petroleras (Astra y Pérez Companc) y el holding Comercial del Plata.
Entre las empresas de menor liquidez bursátil podrían incluirse Química Estrella, Terrabusi, Daneri y Zanella, cuyos balances exhiben buenos rendimientos y tienen amplias posibilidades de expandir sus actividades. Las tres primeras pertenecen a sectores dinámicos de la economía que no están afectados por la importación. En cuanto a Zanella, la demanda de motos se mantiene muy activa, por encima de la capacidad de producción de sus plantas, una situación que se refleja en el atraso de más de dos meses para satisfacer los pedidos de clientes.
OBLIGACIONES NEGOCIABLES.
La inclusión de estos títulos no debería superar 10% de la cartera total, porque no se caracterizan por su elevada liquidez y la renta que brindan no difiere mayormente de la que ofrecen otras alternativas de inversión.
COCTEL.
El resto de la cartera podría integrarse con una especie de cóctel financiero, compuesto por depósitos a plazo fijo en pesos y algunas divisas extranjeras (principalmente francos suizos). También parecen prometedores, a mediano plazo, los futuros títulos para pago de deudas previsionales. Con estas láminas puede registrarse un fenómeno similar al de los Bonex de la serie 1989 que, después de una fuerte desvalorización inicial, pronto recuperaron posiciones y alcanzaron un aumento cercano a 200% en dólares en menos de dos años. Quienes se inclinen por esta variante evidentemente estarán haciendo una apuesta muy fuerte a favor del gobierno, teniendo en cuenta que son títulos que vencen después del año 2000 y no estarán en manos fuertes, ya que su plaza puede estar permanentemente afectada por personas que necesitan venderlos para hacer frente a su subsistencia.
