viernes, 1 de mayo de 2026

    La agonia de los imperios

    Entre 1985 y 1991 las mayores empresas en el campo de las comunicaciones masivas de todo el mundo se entregaron a un festival de adquisiciones y fusiones que puso en danza alrededor de US$ 150.000 millones. Esa alocada expansión dejó a muchos en situación financiera más que delicada. La gravedad de la situación fue puesta de manifiesto por el colapso del grupo Maxwell, tras la misteriosa muerte del magnate de origen checo. La poderosa organización levantada en pocos años por Captain Bob se está desintegrando velozmente y ninguno de sus tradicionales rivales está en condiciones de adquirir tajadas de esa torta ni siquiera a precios de remate. Son otros protagonistas los que aparecen como compradores: sin deudas y con liquidez.

    El imperio de Rupert Murdoch, el tercero en el mundo, con intereses en Fox Television de Estados Unidos, la mayor cadena de periódicos en Gran Bretaña y Australia, y Sky Television para toda Europa, parece que logrará evitar la desintegración gracias a los bancos que accedieron a refinanciar su deuda.

    Time Warner, el grupo de medios masivos más grande del mundo, dueño de Time Magazine y del estudio cinematográfico Warner Brothers, se encuentra agobiado por una deuda de US$ 8.500 millones y necesita socios para compartir el costo de desarrollar una estación de televisión por cable.

    El gigante francés Hachette, número cinco en el mundo, tiene serias dificultades para llevar adelante sus planes debido a una deuda de 7.000 millones de francos franceses.

    ¿VALIO LA PENA?.

    Ante la grave situación financiera que atraviesan los más agresivos empresarios de los años ´80, inversores, banqueros y hasta las mismas compañías han comenzado a preguntarse si la expansión valía la pena.

    Hay varios indicios que sugieren lo contrario:

    * Comienza a disiparse la idea de que la publicidad crece constantemente, más allá de las recesiones.

    * A causa de la incertidumbre sobre los ingresos publicitarios los bancos se han vuelto más cautelosos en la valuación de intangibles.

    Mirado el proceso retrospectivamente, muchos inversores y banqueros cuestionan ahora la idea de que los medios se convertirían en un negocio global. Las empresas usaron ese argumento -la necesidad de globalizarse- para justificar los altos precios que pagaban por las adquisiciones. Reed International, empresa editorial británica, explicó que buscaba lograr una economía de escala cuando en 1987 accedió a pagar 550 millones de libras esterlinas por la editorial Octopus. Time y Warner utilizaron el mismo argumento para justificar su fusión, que significó una operación de US$ 14.000 millones.

    Todas esas empresas adherían al precepto de que, en medios de comunicación, es mejor ser grande.

    Primero, cuando se habla de cine, discos o libros, se corren muchos riesgos hasta dar con un éxito comercial. Por eso es conveniente contar con un laboratorio lo más grande posible donde desarrollar y producir muchas ideas.

    En segundo lugar, los empresarios de medios masivos gastan la mayor parte de la inversión total en la primera parte del proceso creativo. Luego, los costos de comercializar la película o el libro son relativamente bajos. Por eso es crucial llegar al mayor público posible, cosa que sólo se logra siendo grande.

    Estos eran los argumentos ampliamente utilizados durante los años ´80 para justificar el apetito de los principales grupos. Pero el deslucido papel que hicieron casi todos, sumado a los efectos de la recesión, les ha restado credibilidad.

    Los pocos casos de medios globalizados que han logrado éxito son negocios especializados, como Elsevier, el grupo editorial holandés, líder mundial en publicaciones científicas. Pero ejemplos como éste hay pocos. Mientras que algunos grupos de medios de comunicación logran diversificarse y ampliar sus operaciones en el mundo, casi todos se concentran en el mercado interno, de donde extraen la mayoría de sus ganancias. Hay varios grupos europeos que, afianzados en sus mercados internos, comienzan a experimentar la aventura de hacer negocio fuera de sus fronteras. Uno de ellos, por ejemplo, es el de Silvio Berlusconi en Italia. El grupo editorial alemán Bertelsmann, y sus rivales, Axel Springer y Burda, recibieron después de la Segunda Guerra Mundial derechos para publicar periódicos, libros y revistas. Eso les permitió dominar durante mucho tiempo en sus mercados. Ninguno de ellos ha demostrado todavía que la industria de los medios puede ser verdaderamente internacional.

    Pero si alguien ha de demostrarlo, quien se encuentra en mejores condiciones para hacerlo es Bertelsmann, que, como Reed International, se abstuvo durante los ´80 de participar en la alocada carrera de compras. Ambas firmas están ahora buscando adquirir a precios razonables, y no por las sumas fabulosas que se manejaron durante la década pasada. Son estas compañías, y no Murdoch o Time Warner, las que se perfilan como posibles ganadoras.

    Los Diez Gigantes.

    Empresa País Facturación anual

    (US$ millones)

    1 Time Warner EE.UU. 11.500

    2 Bertelsmann Alemania 8.500

    3 News Corp. Australia 7.000

    4 ABC EE.UU. 5.400

    5 Hachette Francia 5.200

    6 Sony Japón 5.000

    7 Dun & Bradstreet EE.UU. 4.800

    8 Paramount EE.UU. 3.900

    9 Times Mirror EE.UU. 3.600

    10 Int. Thomson Canadá 3.400