martes, 26 de mayo de 2026

    Los herederos del vidriero francés

    Entre los espejos de Versalles, que el ministro Colbert encargara tres siglos atrás para la corte de Luis XIV, y la localidad bonaerense de Llavallol, la compañía francesa Saint Gobain cruzó océanos y centurias para fusionar el vidrio con el plástico en pos de una fibra que lo tornara indestructible.

    Fue pionera de la industria mundial. Se formó en Francia en 1665, se extendió por Europa, Estados Unidos y posteriormente trasladó su proceso industrial a Brasil, la Argentina y el sudeste asiático. En total se extiende por 32 países.

    Saint Gobain se encuentra entre las 100 principales empresas internacionales. En 1990 facturó US$ 13.000 millones y dio empleo a 105 mil trabajadores.

    Los argentinos que no visitaron los museos parisinos pudieron conocer a Saint Gobain a través de su subsidiaria, Isotex, que se instaló a comienzos de 1991 en Llavallol. Primero le compró la planta VASA a la británica Pilkington. La escindió y adquirió la parte de 15 mil metros cuadrados cubiertos afectada a la fibra de vidrio, que le insumió US$ 6 millones en tareas de reconstrucción de

    sus dos hornos.

    VASA se quedó con la producción de vidrio plano y con 40% de las acciones del grupo. Isotex posee el total de la planta dedicada a las fibras y también participa minoritariamente en el paquete de su vecina.

    Recibe desde el Brasil los hilos que transforma en fibras de refuerzo mediante un proceso químico en el que se le inyecta polipropileno. De este modo, produce su conocida marca Vetrotex, que se utiliza tanto para cascos de embarcaciones como para autopartes y electrodomésticos.

    CONQUISTA AUSTRAL.

    El director gerente general de la filial local, Agustín Dorronsoro Ibero, es un madrileño de carrera ascendente en el área de marketing dentro de la compañía. Afirma que “la presencia de Saint Gobain en Brasil no era suficiente para la integración regional, ya que en la Argentina la operación resultaba escasa”. Según el ejecutivo, en el segundo año de radicación ya se exporta la cuarta parte de la producción de la planta.

    De este modo, la balanza comercial en fibras de vidrio favorece a la Argentina en una proporción de tres a uno. El motivo radica en la generación de mayor valor agregado, debido a que la materia prima importada desde Brasil permite elaborar 3.500 toneladas de MAT (más de un tercio del mercado latinoamericano) que se venden en Chile, Ecuador, Paraguay y Uruguay como insumo intermedio para aplicaciones industriales dirigidas al consumo masivo. “En esta línea tenemos la capacidad productiva saturada”, dice Dorronsoro. “Si se consolida esta evolución haremos inversiones para ampliarla en las fibras de vidrio de refuerzo. En lana de vidrio para aislaciones que sirve principalmente para la construcción (la marca Isover) contamos con un tercio de capacidad sin utilizar.”

    La planta de Llavallol está preparada para producir 10.000 toneladas anuales. Y los estrategas galos la avizoran complementada con la Santamarina brasileña (que lleva 40 años de antigüedad en el continente) para oficiar de avanzada en el Mercosur. Dorronsoro recuerda que la Cristalería Española fue también una de las adelantadas del Mercado Común Europeo, cuyos negocios derrumbaron el muro comercial que dividía a los miembros del bloque.