Tras la reestructuración, 50% de las acciones estarán en manos privadas, 10% serán del personal y 40% del Estado. En teoría, la venta de 50% de las acciones al sector privado debe aportar al Tesoro US$ 4.000 millones. Ya se están transfiriendo “porciones excedentes” al ámbito empresarial.
El Congreso Petrolero Mundial que se acaba de celebrar en Buenos Aires se organizó a lo largo de cuatro años. Pero pareció hecho a la medida para que José Estenssoro, el presidente de YPF, se luciera ante colegas y pares, locales y extranjeros.
La petrolera estatal, símbolo y bastión del nacionalismo y de la intervención gubernamental en la economía, afronta una verdadera refundación. Un tercio de sus activos y actividades se está transfiriendo al sector privado, aunque todavía no hay aprobación parlamentaria al proyecto de transformación de la empresa. Si bien los críticos aseguran que se trata de una “privatización de hecho”, Estenssoro asume filosóficamente que alguna vez deberá recorrer juzgados para enfrentar denuncias, pero la perspectiva no hace mella en su hiperactividad reformadora.
Si todo transcurre según lo previsto, en 1993 saldrá a la venta 20% de las acciones que serán colocadas entre inversionistas locales y extranjeros. En tres años más, 50% de la compañía estará en manos privadas, 10% será propiedad del personal y el restante 40% seguirá en manos del Estado. A
menos que éste decida vender una porción mayor.
Lo que sigue es la condensación de un extenso diálogo que mantuvo MERCADO con el titular de YPF.
En dos años de gobierno hubo tres gestiones -y de alguna manera tres proyectos- en YPF. La primera, de Octavio Frigerio, transmitió la idea de repotenciar YPF, mejorar la gerencia y privatizar algunas unidades de servicio. La segunda, a cargo del ingeniero Pierro, iba a crear la Empresa Federal de Combustibles, una suerte de “holding”. con YPF, Gas del Estado y YCF. La tercera, es la actual.
Cuál es el proyecto -para YPF- de la actual conducción y qué posibilidades de viabilidad tiene, vista la suerte de las dos experiencias anteriores?
Creo que la repotenciación de YPF durante la primera etapa era más una idea del presidente Menem que del interventor. En el segundo caso, la idea de crear una empresa federal de combustibles -me parece- era más la idea del interventor Pierro y del ministro Dromi que del Presidente.
La tercera etapa de este proceso es bastante más sencilla. La misión que yo tenía al hacerme cargo de esta empresa era devolverle el rol empresario; terminar con la injerencia sindical y la interferencia política. Para ello hacía falta un plan, que existe y se llama Plan de Transformación de YPF, que avanza en paralelo con el programa de reestructuración que hemos iniciado. El objetivo
final es una empresa eficiente, bien balanceada en las áreas de exploración, productiva y comercial; que tenga una estructura de capital abierto y que permita la inversión privada en la empresa. Si es posible, que el Estado deje de ser accionista en un sector que hoy en el mundo se maneja muy eficientemente sin necesidad de participación estatal.
¿Será ésa también la opinión del presidente Menem?
Lo que reflejo es la intención de todo un gobierno. Creo que la reflexión del presidente Menem es que por lo menos 60% de la empresa esté en manos privadas. La propuesta es que en un período de tres años debemos por lo menos ofrecer al mercado 50% del capital social y también que 10% del capital sea entregado a trabajadores de la empresa sobre la base de programas especiales, de ahorro o de participación en beneficio. Es decir: pago, nada regalado.
¿Y el otro 40%?
Ese es el compromiso que el gobierno hace con la sociedad. Nada impide que el gobierno siga adelante y venda totalmente su posición accionaria, actitud que será compartida por las provincias en los porcentajes que se decida. Pero también puede decidir quedarse con un porcentaje que le permita mirar, observar, y en cierta manera controlar una compañía que cotiza en las bolsas
internacionales. Usted sabe que un accionista con 20% de las acciones puede realmente controlar una empresa.
Aquí lo que importa es que es una manera nueva de mirar a la Argentina, de mirar a la empresa. En suma, queremos llegar a colocar acciones en los mercados internacionales y en los locales. El capital de riesgo o el ahorro que se necesita para adquirir estas acciones en porcentajes significativos, que superen 5 o 10 % del capital accionario, son sumas muy altas. Al final de la
transformación y reestructuración, el valor total de la empresa puede alcanzar los US$ 8.000 millones.
Pero primero hay que achicar YPF…
Más que achicarla hay que transformarla. Hay que sacarle la grasa. Para qué tener 50 equipos de perforación cuando no somos una compañía de servicio; o tener un departamento de sísmica con más de 1.200 empleados, cuando es un servicio que se contrata cuando uno lo necesita.
¿ Y en cuanto a las cuencas y las refinerías ?
Las cuencas que se venderán son, según nuestras evaluaciones, las de mayor riesgo y las que exigen mayores inversiones. Las destilerías que estamos vendiendo son las más obsoletas. En cambio, pueden ser un punto de partida importante para una compañía que venga al país y que conseguiría
así el punto de apoyo para entrar a competir en el mercado de refinación. También serían importantes para alguna compañía que ya esté en el negocio petrolero y tenga suficiente producción. Una refinería le dará la posibilidad de entrar en ese negocio.
La idea de hacer la transformación de YPF está básicamente referida a la necesidad de tener primero una empresa del correcto tamaño, en armónica relación entre lo que pueden ser sus beneficios esperados y la inversión de riesgo que necesiten los programas de inversión de capital.
Esta empresa nunca tuvo un presupuesto de inversión, ni de exploración. Ese es el punto de partida de esta conversión: devolverle un rol empresario.
¿Cuánto tiempo puede durar este proceso?
Desprenderse de las áreas que no son esenciales para el desenvolvimiento natural es una etapa que se terminará en 1992. Esto es parte de la transformación. La reestructuración la estamos comenzando ahora: darle objetivos, crear una planificación estratégica para los próximos 10 años.
Saber dónde queremos crecer, en qué queremos crecer.
Si en 1992 se termina esta etapa de transformación, ¿cuánto tiempo demandará la de convertir a YPF en una empresa mayoritariamente privada?
Tres años. Tenemos un compromiso. El proceso se iniciará con una venta de 20% del capital accionario, tanto en el mercado local como en el internacional. Será una colocación en el mercado, hecha a través de un grupo de bancos.
Entonces, ¿usted dice: esta empresa vale US$ 8.000 millones y coloca acciones?
Colocaríamos acciones por 20%, que serían aproximadamente US$ 1.600 millones. Eso se haría en 1993, y después, en tres años, tendríamos que vender 10% anual para llegar a 50%, y en ese mismo lapso habremos ya desarrollado programas de participación del personal por otro 10% del capital. Programas que se están estudiando, pero está claro que las acciones no se regalan.
¿Está de acuerdo el personal?
Esta es una etapa exploratoria; estamos en pleno análisis y tratando de imaginar las maneras más inteligentes de hacerlo. Creo que tiene que estar relacionado con la productividad y con los beneficios. Me parece que, en la concepción del Presidente y del ministro de Economía, debe ser un programa que: primero, no sea de participación gratuita y, segundo, una de las posibilidades es que se permita que esas acciones lleguen al personal a través de los beneficios que obtenga la empresa.
¿Cómo está previsto en el proyecto del Poder Ejecutivo el manejo de la propiedad de las acciones de esta sociedad anónima hasta el momento en que se efectúe la colocación?
Esta sociedad anónima se maneja a través de un directorio. En este momento, hasta que termine el proceso de transformación, funciona en forma limitada. Somos tres personas. Cuando se haga la primera colocación de acciones, se hará la apertura del directorio al número de directores que se considere pertinente.
Pero, ¿y la propiedad de las acciones?
Está en manos del Estado, que sigue siendo propietario de 100% de las acciones. Esas acciones encontrarán en su momento una valorización, ya que el mercado fijará el valor de la empresa. En ese momento se hará la conversión de las acciones en manos del Estado en cuatro tipos de acciones.
Permanecen en manos del Estado las acciones propias; aquellas que pasan a las provincias, sobre la base de un programa de pago de deudas del Estado nacional con las provincias, aquellas que van a ser ofertadas directamente en el mercado bursátil (que saldrán del cupo en poder del Estado y
las provincias) y aquellas que serán de propiedad participada.
Cuando haya un total de 50% de las acciones en manos privadas, ¿está previsto que el Estado se reserve el derecho de designar al presidente de YPF?
No. Pero seguramente con un porcentaje de esa naturaleza en una sola mano, no hay duda sobre quién hará la designación. El bloque más grande es el que vota en forma unánime. Lo relevante con esta idea del Presidente, del ministro, y también mía, es que hay que hacer pensar diferente a la
Argentina, hacerla salir de ese caparazón donde hemos vivido.
Usted ha hecho un plan, naturalmente compartido por el gobierno nacional, que seguramente tiene el apoyo del ministro y del Presidente, y piensa que la empresa va a tener un nivel de eficiencia que es el que corresponde. Pero, ¿no conspira este esquema contra el desarrollo del
programa económico? El Tesoro necesita tener superávit, genuino o con aportes de las privatizaciones. ¿No hay necesidades urgentes que podrían ser aliviadas por una venta rápida e inmediata de reservas petroleras, por ejemplo?
No hay ningún programa que pueda ir mas rápido que lo que estamos haciendo. Sin necesidad de la aprobación legislativa que se necesitaría para cualquier otro plan, estamos transfiriendo áreas no esenciales, buscando asociaciones. Estamos en el proceso de venta de dos cuencas, la austral y la noroeste. Una está en pleno proceso licitatorio; en la otra se iniciará el proceso en cuanto termine la ronda de elecciones. Ahora, ¿qué más se puede hacer después de eso?
Si tuviéramos una empresa bien sistematizada que nos diera la posibilidad de determinar con precisión los activos que tenemos, podríamos transferir esos activos siempre que el mercado tuviera capacidad de absorción. Dadas esas condiciones, usted podría vender primero los activos y después cancelar las acciones con el producto de esa venta.
Pero esto no puede hacerse, entre otras cosas, porque el mercado mundial de capitales no está listo para absorber de golpe una cantidad de activos tan importante -a pesar de la actual estabilidad, el riesgo país sigue existiendo-, y además porque habría que conocer con absoluta certeza el valor del patrimonio y de los derechos de propiedad de la empresa. Estamos hablando de una empresa que no siempre fue bien manejada.
Podemos estimar que los valores de reposición de todos los activos de YPF podrían sumar aproximadamente US$ 12.000 millones. Hay un costo inherente a la eventual terminación del negocio que seguramente le restaría una cantidad de valor no calculado. Tomemos como punto de partida la cifra que yo doy de US$ 8.000 millones (como valor de mercado, tras eliminar la “grasa”);
no hay manera de que se pueda de un golpe, o en un período de uno o dos años, colocar inversiones de tanta magnitud.
En verdad, lo estamos haciendo muy bien. El total percibido por aportes locales y extranjeros por reservas petroleras, sobre la base de las áreas secundarias y centrales, significa US$ 1.000 millones. En la nueva etapa, entre áreas centrales y refinerías vamos a recibir entre US$ 600 a 800 millones.
Como ve, ya habremos vendido casi US$ 2.000 millones y no es tan fácil buscar inmediatamente otra cantidad similar en empresas petroleras que quieran asumir ese riesgo. En cambio, en la Bolsa sí hay posibilidad de que coloquemos US$ 1.600 millones en una primera oferta durante 1993.
Pero, además, la venta masiva de activos sería una mala estrategia. Le causaría al país un dislocamiento en su cadena productiva y de distribución. Si vendiéramos demasiadas reservas no podríamos abastecer nuestras refinerías con nuestro propio crudo. Comprar crudo para que las refinerías puedan operar nos demandaría enfrentar costos elevados.
El equilibrio es lo esencial. En el país hay dos grandes refinerías y las dos son de YPF. Si vendiéramos una de las dos, tendríamos que vender la misma cantidad de producción y de áreas de exploración, para preservar un equilibrio.
La pregunta apuntaba a las necesidades de caja del Tesoro para lograr superávit fiscal, esencial al programa de convertibilidad.
Se ha cumplido exactamente con lo que requería el Tesoro, según la planificación efectuada, y conforme a lo que debe ingresar hasta el próximo junio. Comparto la responsabilidad por el calendario de privatización de Gas del Estado y, si el comité privatizador cumple con la parte de su compromiso, no veo que pueda existir ningún problema durante 1992 en cuanto a los ingresos que nos toca asegurar al Tesoro. Además, no es por razones de caja que transferimos empresas al sector privado. Es por la convicción de que ése es el ámbito en el que deben actuar.
¿Cómo ve el tema del tratamiento parlamentario?
No va a ser lento. Creo que deberíamos tener este proyecto de ley sancionado antes de fin de año. Supongo que en Senadores será bastante rápido y, en cuanto a Diputados, el hecho de que se trate de un proyecto compatibilizado entre la ideas del ex diputado Manzano y lo que el Poder
Ejecutivo quería, nos hace suponer que allí también se logrará el apoyo.
La oferta del crudo por parte del sector privado va en aumento y parece que esta tendencia se va a acentuar.
La oferta de producción está en 60% en manos de YPF. El año próximo será de 50%. En 1993, deberíamos estar por debajo de ese porcentaje. Esto no significa que YPF vaya reduciendo su producción: es que el mercado petrolero argentino se va agrandando.
El mercado está desregulado, pero en la práctica -dice el sector privado- YPF actúa como empresa testigo, y por su gravitación es de hecho una intervención en el mercado al fijar precios topes posibles para colaborar con el éxito del programa estabilizador, más allá de su lógica comercial. ¿Es realmente así?
YPF es una empresa que, por sus dimensiones, no puede dejar de influir en el mercado. No es que pretenda ser testigo; no es que reciba instrucciones de Economía sobre cómo fijar los precios.
Lo que sí es cierto es que estamos utilizando mayores ventajas comparativas para entrar en un mercado en el cual los precios fueron fijados libremente.
La transformación de la industria gasífera va en paralelo con la petrolera y por tanto el destino de Gas del Estado -que monopoliza comercialización, transporte y distribución- está en íntima vinculación con el de YPF -que aporta 82% de la oferta productiva de gas-. El panorama es todavía más complicado en el caso del gas. ¿Cómo se piensa encarar la privatización y la transformación en este sector energético?
El proyecto del gobierno -ley de reestructuración de gas natural- busca vender concesiones de transporte y distribución de gas en licitaciones públicas internacionales, además de establecer un marco regulatorio que será aplicado por un ente que se crea al efecto, y que entenderá en lo que van a ser las tarifas, teniendo en cuenta la libertad en el precio de producción, al cual se irán añadiendo las tarifas de transporte, que deben ser económicas para poder licitar el negocio de transporte y alentar la competencia.
¿Cuáles serán las facultades de este ente regulador del gas?
Serán similares a las del ente regulador inglés. Será independiente, propuesto y nombrado por el Ejecutivo con aprobación del Senado. Al menos eso es lo que se espera. Eso quiere decir que tendrá inamovilidad, total libertad administrativa, y que será la última instancia administrativa.
Quien actúa en el campo petroquímico, ¿debe estar preocupado o alentado con este proceso privatizador del gas?
Se empieza a vivir con realismo. Hoy no tenemos ningún precio especial para la industria petroquímica; estamos vendiendo nuestro gas al precio de oferta alternativa. Es decir, al que quiere comprar gas para materia prima, si es gas de refinería, le ofrecemos el precio que conseguimos por ese gas como oferta alternativa en el ambiente en el que nos estamos moviendo. Dicho de otro modo: si podemos exportar un gas especial, quizá de la refinería de La Plata a Europa, y lo podemos colocar en el mercado local, se lo voy a dar al cliente interno, pero va a tener que ser al mismo precio que recibiría si lo exportara.
En lo que hace a la industria petroquímica o a la industria que utiliza gas natural como materia prima, se trata sólo de 5% de la producción. Cuando el sector privado comience a desarrollar sus propias alternativas de exploración en gas, va a dar lo que necesita esa industria con mayor competitividad.
