martes, 26 de mayo de 2026

    El gran casino

    La voz de Roberto González Rivero (“Riverito”, para la calle) acaparó, durante 30 años, la atención de los millones de jugadores que encendían la radio para saber qué números habían salido en las loterías.

    “¿Ganó, perdió?; no importa”, era la muletilla que a manera de consuelo repetía todas las noches antes de publicitar algún sorteo próximo y, con él, la posibilidad de la revancha.

    Pero la garganta del popular locutor ya no monopoliza las múltiples alternativas del juego que aparecieron de tres años a esta parte. Muchos de los que palpitaban en la quiniela la caída del prójimo jugándole al 56, ahora sólo tienen ojos para la astróloga dibujada en el colorido cartón del Súbito jujeño, que tapa una eventual triple repetición de los signos del zodíaco, o prefieren marcar seis números en el tapete de 37 que ofrece la nueva “vedette”: el Loto.

    La tradicional “danza de la fortuna” de “Riverito” reúne hoy a la vieja guardia de las apuestas bendecidas por el Estado (lotería, Prode, quiniela, hipódromos y casino) y a la nueva generación de los “flippers”, en la que cada persona es protagonista directa del azar raspando su boleta o acertando

    número por número en un cartón. Es un menú con 16 variedades aplicadas en otros tantos distritos que conforman una industria capaz de mover US$ 1.150 millones en un año, según surge de proyectar las cifras conocidas.

    Vista desde la estratósfera de la macroeconomía, la cantidad no dice gran cosa. Sería apenas 1,2% del producto bruto interno del país. Y comparada con las montañas de dólares que entran y salen de las mesas de juego en Las Vegas o Montecarlo, representa apenas una migaja.

    Pero para una Argentina en la que una compañía líder en facturación, la petrolera estatal YPF, registra ventas por US$ 5.000 millones al año, la red del juego adquiere otra dimensión. Tanto es así que la empresa Lotería Nacional se ubica entre las diez primeras del país, a pesar de que la competencia surgida de las provincias le arrebató por lo menos la mitad del negocio en los últimos

    cinco años.

    CON LA FUERZA DEL TIGRE.

    “Cha, cha, chaqueeeña”, fue el primer eslogan de tierra adentro que hizo soñar a los porteños con suculentos premios ofrecidos por una lotería provincial. La calcomanía del tigre riojano repartiendo dinero a diestra y siniestra comenzó también a aparecer en locales abiertos en la Capital para competir con los tradicionales billetes de la Nacional.

    Fue una jugada maestra concebida entre algunos gobernadores y los agencieros más fuertes de la zona metropolitana. Los primeros buscaban recursos para paliar las restricciones del presupuesto. Los segundos aspiraban a vencer las limitaciones impuestas por el omnímodo ente regulador oficial.

    La estructura burocrática de la Lotería Nacional no reaccionó ante la presencia de estos nuevos competidores. Y en 1988 asistió a la llegada, desde Santa Fe, del Quini 6, un novedoso juego inspirado en el popular Loto europeo, cuyo proyecto de introducción en la Argentina dormía en un cajón del ente oficial desde hacía un par de años.

    El Quini atrajo a 10 millones de apostadores por mes y logró integrar una extensa cadena nacional, tentando a las autoridades locales con el reparto de aproximadamente 40% de la recaudación para hospitales, escuelas y obras comunales.

    Los pozos que se acumulan tienen, además, la virtud de quebrar la resistencia de las personas poco acostumbradas a jugar. La introducción del Prode en 1971 marcó el rumbo, porque no hizo más que legalizar y masificar las tradicionales “pollas”. Cuando el albañil Jorge Negrete acertó el Prode en 1974 y de la noche a la mañana se olvidó de palas y plomadas (y de su compañera, Fabiana López) para convertirse en un famoso personaje de los diarios y la televisión, el virus del “escolazo” afectó con intensidad hasta a los más remisos.

    Francisco y Jorge Basile, descendientes de la familia fundadora de la empresa que representa la historia misma del juego en el país, confirman que los pozos ilimitados resultan más tentadores que los premios preestablecidos. “La oportunidad de ganarse un millón de dólares en una jugada,

    muchas veces atrae más que cobrar los 20.000 dólares fijos que ofrece la lotería tradicional”.

    “Otro miembro del clan, Luis Russo Basile, titular del ente oficial, lamenta que no haya habido una cohesión entre los distintos organizadores que evite los “picoteos”. La tardía decisión de lanzar el Loto situó a la Lotería a la zaga de los Quini.

    SUBITO.

    Para los que raspaban algunos billetes provinciales en busca del número que, al menos, salvara la postura, el “Súbito, súbito, súbito” que la publicidad impuso desde Jujuy no representó novedad alguna. Pero sí prendió en la ansiedad del público, que descubrió una forma de probar suerte sin necesidad de esperar la voz de “Riverito” para cantar el resultado.

    El nuevo juego se extendió como reguero por la Capital, Salta y la austral Santa Cruz, hasta vender US$ 10 millones al mes, a un dólar por cupón. Adoptó el nombre de EfeTé en Chaco y de Safé en Santiago del Estero. Este sistema de “raspadita”, que trae reminiscencias de las máquinas tragamonedas (en las que hay que juntar tres figuras para ganar el premio), concentra 20% de lo que

    se apuesta mensualmente en todo el país, incluidos Prode, quinielas, loterías, casino, bingos e hipódromos.

    PUBLICOS, PRIVADOS Y CLANDESTINOS.

    El negocio del juego representa una significativa fuente de ingresos para las arcas públicas de la Nación y de las provincias, que les permitirá este año embolsar unos US$ 200 millones en conjunto. Lo es también para los intermediarios legalmente reconocidos, que se reparten otro tanto.

    Y lo sigue siendo para los capitalistas y pasadores clandestinos, inventores de la quiniela y tomadores de apuestas para las carreras de caballos.

    La feroz competencia por conquistar al público ha redondeado un nutrido calendario, en el que conviven en una semana 33 reuniones hípicas, 5 millones de raspaditas, varios pozos que reparten los quini, lotos, lotos fantasía, bingos y Prode en el primer tiempo y al cabo de los 90 minutos (con sus correspondientes 13 partidos de fútbol), el sorteo del LoterIva entre los

    contribuyentes que remiten a la DGI los comprobantes de sus compras, las loterías y las salas de los casinos que se abren durante cuatro meses al año. Sólo faltan, todavía, las máquinas tragamonedas para que el país pueda equipararse a la oferta internacional del “escolazo”.

    Russo Basile, desde la empresa estatal decana del juego, sus primos Francisco y Jorge, desde el mostrador de su cadena privada de agencias, y el popular “Riverito” desde sus 30 años como cronista de la fortuna coinciden, sin embargo, en que los argentinos no suelen pensar en suicidarse, como el jugador de Dostoiewski, ni hipotecan la vida, como los “adictos” del hemisferio norte.

    Ranking de Facturación del Juego.

    (US$ millones en un año)

    Posicion Tipo Ventas.

    1) Casinos 268

    2) Súbito (Jujuy) 120 (*)

    3) Prode 105

    4) Quiniela Nacional 100

    5) Quini 6 Bs.As. 81

    6) Lotos y Quini 6 Nac 80 (*)

    7) Hipódromo Argentino 62

    8) Bingo Bs.As. 60

    9) Quiniela Bs.As. 60

    10) Lotería Bs.As. 56

    11) EfeTé 48 (*)

    12) Lotería Nacional 46

    13) Casinos Bs.As. 27

    14) Hipódromos Bs.As. 21

    15) Safé (Sgo. Estero) 12 (*)

    16) Resto loterías pcias. 4

    TOTAL 1.150

    (*) Cifras proyectadas para 1991.