viernes, 29 de mayo de 2026

    Los secretos del seagate

    Durante la década del ´80, las computadoras personales revolucionaron el mundo. Tanto en las empresas como en universidades y hogares, las PCs adquirieron un protagonismo que las llevó a la tapa de la revista “Time”, que las consagró como personaje del año. Estas máquinas también impulsaron al estrellato a sus socios: “diskettes”, monitores, teclados, discos duros, impresoras, y ratones electrónicos.

    El fenómeno dio origen a que ciertas marcas de insumos y dispositivos de computación se hicieran famosos de la noche a la mañana. Así ocurrió, por ejemplo, con Samsung, por sus monitores; con Epson por sus impresoras y con Seagate por sus discos duros, entre otros.

    Pero la fama de ciertos proveedores informáticos ha generado más de un equívoco. Por ejemplo, muchos neófitos sólo aceptan como buenos a los productos que llevan esas marcas líderes y rechazan sistemáticamente cualquier otro de nombre menos publicitado, aunque reúna las mismas condiciones de calidad.

    En particular, el caso de Seagate es uno de los más llamativos por las características propias de los discos duros. Estos dispositivos de almacenamiento están instalados dentro del gabinete de la PC y no se ven externamente, pero son claves en el archivo de programas y datos. Por ello, la velocidad, la capacidad y en especial la fiabilidad -calidad de funcionamiento medida en tiempo promedio sin fallas- son los secretos de un buen o mal disco.

    A pesar de esto, cuando a un usuario le venden un “clon” de PC de IBM, y le dicen que adentro tiene un Seagate, en verdad no le están diciendo nada. Es raro que alguien no entendido en el tema abra una máquina para ver su interior. Por otra parte, la familia de discos Seagate es tan rica en modelos que hasta para los expertos puede resultar difícil determinar si el disco duro instalado es de nueva tecnología.

    Hace poco tiempo, un comprador de una computadora personal AT llamó a uno de los teléfonos que aparecen en los avisos de los diarios ofreciendo equipos por US$ 400 a 500. Cuando esta persona escuchó que el vendedor hablaba de un “disco Western Digital”, lo interrumpió: “No, lo que yo quiero es una PC con un disco Seagate”.

    El vendedor le contestó entonces que era posible cambiar el disco rígido, y la operación quedó cerrada.

    Cinco meses y medio después, cuando el usuario quiso recuperar algunos archivos que había guardado en el Seagate, la pantalla del equipo exhibió el mensaje de que el disco estaba fallado.

    El usuario llamó al mismo teléfono del aviso para quejarse, sólo para descubrir que el dispositivo comprado no tenía garantía de fábrica, pues se trataba de un disco reparado por terceros.

    Este ejemplo pone de relieve un problema que no es exclusivo de la computación. Como pasa con otros bienes difíciles de evaluar en el momento de la compra, los discos de marcas muy conocidas ingresan en un circuito de negocios de segunda mano, que por lo general no se maneja con transparencia.

    Hay empresas que reparan discos de marca y luego los ofrecen a los armadores de PCs a precios inferiores a los de los originales. Este tipo de negocio encuentra su mercado en aquellos comercios especializados en “ofertas”, en los que la garantía de lo vendido sólo se remite al trato personal del vendedor con sus clientes.

    Todo lo cual no hace más que dañar a una marca de calidad, confundir al mercado y -peor aún- perjudicar al usuario en algo sumamente crítico: su información.