martes, 26 de mayo de 2026

    La danza de los millones

    El legendario Enzo Ferrari solía comentar, poco antes de morir, que las carreras de Fórmula 1 se estaban acercando a una situación límite, próxima al colapso. El comendador advirtió entonces que los costos resultaban ya incontrolables. “Es hora de terminar con el circo de tantos jets particulares, yates y mansiones”, decía. “Solamente tendrían que ser caros los motores, los autos, los ingenieros y los pilotos.”

    En la Fórmula 1 de la actualidad ya no se habla de millones de dólares, sino de decenas de millones, en manos de una corte de cientos de personas que dependen del mismo patrocinante.

    Las inversiones son un secreto bien guardado del que depende el éxito o el fracaso de un equipo. Así se forma un verdadero círculo vicioso: mayor presupuesto, más triunfos; presupuesto mayor aún, nuevos triunfos. El único problema es hasta cuándo podrá sostenerse semejante espiral.

    Los salarios de los pilotos se han convertido en un asunto serio. En un presupuesto promedio de US$ 40 millones, ellos se llevan una quinta parte. Esta nueva tendencia alcista en la F-1 fue inaugurada por el brasileño Ayrton Senna cuando pasó de Toleman a Lotus con un contrato de US$ 800.000 anuales. Para tener una idea de cómo cambiaron las cosas, baste recordar que, en 1977, la Ferrari firmó un contrato con Gilles Villeneuve por la ahora modesta suma de US$ 75.000. Hoy, en cambio, los “top drivers” suscriben contratos fabulosos aunque las cifras nunca sean reveladas oficialmente.

    Se sabe, por ejemplo, que Senna gana alrededor de US$ 18 millones por año, seguido por Alain Prost, con US$ 16 millones y Nigel Mansell con US$ 12 millones. Un poco más abajo de la decena de millones están Nelson Piquet, Riccardo Patrese y Gerhard Berger.

    Los mayores aportes a la F-1 provienen de las empresas tabacaleras, que han buscado superar así las limitaciones impuestas por la generalizada prohibición de difundir publicidad de cigarrillos a través de la televisión. Tanto para Philip Morris (Marlboro) como para RJ Reynolds (Camel), las carreras de F-1 representan el único medio de llegar a una audiencia cautiva de alrededor de 800 millones de personas en todo el mundo. Para evitar que sus nombres fueran eventualmente retirados de los coches, las empresas crearon las asociaciones Camel Racing y Marlboro Racing.

    Camel fue la marca que inauguró este truco. En los coches de Nelson Piquet y de Roberto Moreno, por ejemplo, arriba del nombre Camel, pintado en azul sobre amarillo, se pusieron unas letritas que, según el país, designan al Racing Team o Technique o cualquier otra cosa que indique el nombre de la nueva entidad, que, por supuesto, nada tiene que ver con el tabaco.