martes, 26 de mayo de 2026

    Lady Mozart

    Un día se nos ocurrió, a cinco amigos y a mí, instalar un restaurante en la City. Fue el primer Mozart, el de la calle Reconquista. Para organizarnos mejor, cada socio se hizo cargo de un área de trabajo, y a mí me tocó la parte musical. La música fue imponiéndose como el punto fuerte del local y esto nos hizo abandonar la ´cocina seria´, para servir solamente tablas de fiambres, tortas austríacas y bebidas.

    Pero mis socios querían un restaurante, y se fueron.”

    “Me quedé sola, pero mi propuesta resultó un éxito, casi fulminante. Muchas noches, la gente se quedaba en la calle esperando para entrar. Mi café era ese tipo de lugares de los cuales la gente dice: ´Tenés que conocerlo´; era ´in´.”

    Alentada por los resultados, en 1989, Sheila Cremaschi decidió asociarse con su madre, con Elena Mignaquy y con Mariana Capdevila, para mudarse a un local más amplio, una casa prácticamente en ruinas, pero ubicada en un punto estratégico: Esmeralda 754.

    Durante el año que duraron las refacciones, siguieron con el café de la calle Reconquista y soportaron la hiperinflación. Pobres, endeudadas y alicaídas, persistieron en el esfuerzo.

    Aprovechando todo lo salvable de la antigua casa, decoraron el local en el estilo Secesión vienesa (sillas Thonet, espejitos, mucha boisserie), un poco a la manera del café Mozart de Salzburgo (“que es más pequeño y no ofrece música”) y sin ningún parentesco con su homónimo de Viena, centro predilecto de los espías entre las dos grandes guerras, antiguo mercado negro de divisas, y actualmente dirigido por japoneses.

    Galardonado en 1983 con la Orden Johannes Strauss, de la ciudad de Viena, y reconocido este año con el Premio Distinción Cultural, otorgado por la Municipalidad de Buenos Aires, el Café Mozart es, según su alma mater, “un punto de referencia; refleja, en cierto sentido, lo que sucede en el país, en el plano artístico”.

    “Será por eso que nos copian tanto”, se lamenta. “Nosotros presentamos siempre cosas diferentes de las que ofrece el mercado. Armamos un repertorio no convencional, exploramos el gusto, la sensibilidad; ésa es nuestra originalidad.”

    “El año que viene vamos a ampliar nuestros servicios. Abriremos el local a partir del mediodía. Será un café como tantos (o no) y a partir de las 5 de la tarde serviremos el té.”

    La duquesa de York, los actores Christopher Lambert y Sean Connery, y la soprano española María Aragón se contaron entre el público del Café Mozart, además de otros turistas célebres o anónimos y ciudadanos sensibles de Buenos Aires.

    Sheila Cremaschi, nacida en Chile de padres argentinos, licenciada en historia, con posgrados en Cambridge y en la Universidad Complutense, se enorgullece con el recuerdo de la visita de la norteamericana Helen Steward, dueña del célebre teatro La Mamma, de Nueva York.

    “Días antes me había contado cuántos esfuerzos y gastos le demandaba mantener su teatro.

    Cuando llegó al café y comprobó que lo nuestro era totalmente artesanal, hecho a pulmón, y que, sin embargo, funcionaba, no lo podía creer. Estaba deslumbrada y perpleja. Estoy segura de que nunca se va a olvidar de esta incursión por el ´show business´ del Tercer Mundo.”