Hay mundos que parecen negarse a convivir. Los ámbitos propios para la concepción y el desarrollo de ideas creativas y el universo de la administración de empresas suelen rechazarse mutuamente.
Sin embargo, desde hace algunos años se viene registrando una especie de “explosión” de la creatividad. En torno de este tema se organizan cursos, encuentros, conferencias y grupos de trabajo.
En las bibliotecas especializadas comenzaron a aparecer -entre textos de administración y marketing- libros y manuales sobre creatividad en la empresa y “consejos” para ser un gerente creativo.
Términos como emprendedor, innovador, creador y pensador original vienen ganando cada vez más status en el ámbito empresarial. En su artículo “Emprendedores, caos y creatividad”, publicado por la revista “Administración de Empresas”, Marsha Sinetar afirma que “el hecho de que las grandes empresas quieran tener gente emprendedora no significa que estén preparadas para aceptar o apreciar su manera de trabajar. Sobran pruebas de que, en su mayoría, las grandes organizaciones son insensibles a los matices y al estilo personal que muestran en su trabajo las personas de mente creativa”.
Lewis W. Lehr, alto ejecutivo de la firma 3M, escribió un artículo en el que analiza el problema de la innovación en grandes corporaciones. Cuenta la historia de un empleado del Departamento de Investigación y Desarrollo de 3M que pasaba gran parte del tiempo experimentando con minúsculas burbujas de plástico, algo que lo apasionaba. El asunto era novedoso, pero, como no tenía aplicaciones industriales inmediatas, no atrajo el interés de los responsables de la sección.
El joven investigador recibió la orden de volver a sus tareas habituales. Sin embargo no se dio por vencido y continuó trabajando en el laboratorio, esta vez de noche y a hurtadillas. Así pudo completar el desarrollo de su idea, a pesar de las trabas institucionales. Actualmente, sus pequeñas cuentas de plástico se usan en carteles reflectantes para seguridad en rutas.
CADA COSA EN SU LUGAR.
Los psicólogos sostienen que un ambiente creativo debe ofrecer libertad, sentido del humor y del absurdo, y hasta una cierta cuota de desorden. Si por un momento se logra que cada cosa no esté en su lugar, será posible salir del camino trillado y entrar en el terreno de la experimentación, la prueba y la innovación.
“Hay algo en esta atmósfera. Uno se siente realmente libre aquí. Siente que está bien hacer algo que nunca se había hecho antes.” La frase corresponde a un artista que trabaja en el desarrollo de nuevos productos en un edificio especialmente concebido como ámbito para la creatividad. La empresa Hallmark Cards diseñó su Centro de Innovación teniendo en cuenta lo necesario -desde el punto de vista arquitectónico y organizacional- para que los empleados generen ideas creativas. Según afirma Charles Hucker, ejecutivo de la empresa, allí conviven expertos, artistas y técnicos en permanente intercambio de ideas. El objetivo es que no haya secretos y que a nadie se le escape lo que los otros están haciendo. Es común, por ejemplo, que los técnicos desarrollen un nuevo material sin preocuparse demasiado por sus aplicaciones. Ahí empieza el trabajo de los artistas, que ven los objetos desde diferentes lugares, les otorgan nuevos sentidos, juegan y experimentan con ellos, hasta encontrarles una variedad de usos. Estos son estudiados y perfeccionados junto con técnicos y científicos.
El resultado final debe ser un nuevo producto para el mercado.
DE LA UTOPIA A LAS SOLUCIONES.
Dejando de lado las aventuras más audaces, dignas de un constructor de utopías, existen ya varias vías probadas para intentar una unión duradera entre la creatividad y la cultura empresariales. La resolución de problemas técnicos, de producción y diseño de productos, puede enfrentarse con las diferentes técnicas para la “solución creativa de problemas”.
El “brainstorming”, uno de los métodos más conocidos, consiste en ejercitarse en la asociación de ideas, evitando censurarlas antes de que terminen de nacer. También ganó prestigio la sinéctica, cuyo nombre proviene de una voz griega que significa unir diferentes cosas que no parecen tener relación entre sí. La técnica se basa en buscar analogías y metáforas para comprender los problemas desde puntos de vista más originales y “frescos”.
Con estos y con otros métodos, se pretende generar un buen número de ideas y profundizar en las más interesantes, hasta llegar a soluciones viables y adecuadas a la realidad.
ACTOS, NO PALABRAS.
Para muchos, el crecimiento de la oferta de creatividad está acompañado por el peligro de la charlatanería.
Con el título “La creatividad no es suficiente”, Theodore Levitt publicó un artículo en la Biblioteca Harvard de Administración de Empresas, en el que critica a consejeros y creativos de agencias de publicidad que ofrecen a los gerentes un despliegue de ideas originales.
El autor sostiene que “no es sorprendente que estas personas critiquen tan frecuentemente los supuestos males del conformismo en los negocios modernos. Pueden hablar así porque casi nunca han tenido el valor de exponerse, durante un lapso considerable, a los rigores de la disciplina de una organización cuya tarea principal no es producir palabras, sino actos”.
Pero lo que a Levitt parece molestarle no es la abundancia de estas fuentes de ideas, sino la recurrencia de quienes traen propuestas inacabadas o apenas esbozadas.
El autor procura llamar la atención a las dos partes: los gerentes por un lado y los consejeros creativos por el otro. A los primeros les advierte que no pretendan encontrar en la creatividad una panacea milagrosa, y a los segundos, que presenten sus ideas con algunas estimaciones sobre su viabilidad y aplicación concreta.
“Las organizaciones se crean para lograr un orden”, señala Levitt. “Cuentan con políticas, procedimientos y reglas formales o tácitas. La tarea para la cual existen no podría realizarse sin estas reglas, estas políticas y estos procedimientos. Ellas producen el llamado conformismo, tan alegremente desaprobado por quienes cuestionan a la organización y su vida interna.”
VIGENCIA DE LOS SISTEMAS.
Vale la pena mencionar, como contrapartida, un pensamiento basado en la observación de la vida empresarial, la “segunda ley de Shapero”, que afirma: “Independientemente de cómo se diseñe un sistema, los seres humanos siempre lo harán funcionar”.
Daniel Alvarez Acuña, gerente de capacitación interna de la compañía Price Waterhouse, señala que su empresa dicta cursos sobre creatividad, cuyo objetivo fundamental es que los participantes asuman la creatividad como un componente insoslayable del rol gerencial. “El tema es la autocrítica y el cambio de la imagen del directivo como aquel que planifica, dirige, controla y organiza. Uno de los temas más importantes es el de los prejuicios que se convierten en trabas, como aquello de que “ése no es mi campo”, “esto no es lógico” o “hay que ser práctico”.
Acerca de la presunta existencia de una “moda de la creatividad”, Alvarez Acuña señala: “Sí, creo que hay una moda. Pero los gerentes más profesionales no le hacen caso y valoran la creatividad cuando ven su utilidad para solucionar problemas”.
La creatividad entendida seriamente ha ganado un importante lugar en varias organizaciones extranjeras. Existen ya empresas consultoras de creatividad a la manera de “fábricas de ideas viables”.
También se han preparado grupos dentro de organizaciones para operar con técnicas de solución creativa de problemas. Esto lleva a pensar que la convivencia de estos dos universos tan distintos es difícil, pero no imposible.
Esteban Sor.
(CyT) Campomar.
