miércoles, 27 de mayo de 2026

    Euforia financiera

    La tónica fue el cambio. La velocidad con que viene, el vértigo que impone, y las dificultades para adaptarse a las nuevas condiciones. Euforia, entusiasmo y optimismo fueron la moneda común durante la Convención Anual de Ejecutivos de Finanzas, que tuvo como sede un escenario simbólico: Iguazú, el punto de convergencia de tres de los cuatros países integrantes del Mercosur.

    La opinión generalizada es que la transformación de todas las estructuras del país se está realizando a un ritmo vertiginoso. La única preocupación explícita es que podrían sobrevenir problemas de adaptación, que de resultar muy acentuados darían la sensación de un eventual fracaso del modelo propuesto.

    Si el proceso de recuperación se afirma, y el consumo vuelve a los niveles de l973, el país se quedará prácticamente sin excedentes exportables en muchos rubros, algo que ya se observa en los productos lácteos, pollos y porcinos. Esta fue la opinión de Enrique Gobbée, ex subsecretario de Economía Agraria.

    Como simulando que a nadie le importa demasiado, el tema de la actual paridad del dólar con el austral estuvo presente en muchos diálogos informales, pero la respuesta del viceministro de Economía, Carlos Sánchez, fue contundente: los que siguen pensando en futuras devaluaciones no

    comprenden el esquema económico vigente. Si se produce una distorsión en materia de precios relativos y la inflación supera los niveles que podrían considerarse aceptables (menos de 1% mensual), disminuiría el ritmo de actividad, y eventualmente habría recesión.

    Se percibió el temor de los asistentes a una desaceleración en el ritmo de privatizaciones. Tanto Carlos Sánchez como el ex ministro de Economía Adalbert Krieger Vasena demostraron no compartir la inquietud que pocos días después de esta reunión transmitió Carlos Menem al gabinete.

    Ambos rechazaron esta tesis. Krieger sostuvo que el ritmo es satisfactorio: “La aparente calma actual no obedece a un cambio de actitud oficial sino a la necesidad de fijar las normas regulatorias que determinen con exactitud la política que deberán adoptar las empresas que se hagan cargo de los servicios, para evitar repetir los errores cometidos con ENTel y Aerolíneas”.

    El fantasma de un estallido social estuvo presente en las deliberaciones. Krieger sostuvo que no ocurrirá, porque la reactivación económica permitirá absorber en forma aceptable la mano de obra desplazada de la esfera oficial.

    UNA NOTA DE ADVERTENCIA.

    Entre tanto optimismo, se destacó la cautela de Jaime Maristany consultor en “management” de recursos humanos. Reclamó prudencia para evaluar el impacto real de las privatizaciones y de la transformación del Estado. Hasta que la reactivación permita entrar en una etapa de pleno empleo, sostuvo, se producirán situaciones difíciles para muchos sectores.

    “Esta situación -advirtió- podría ser aprovechada por muchos dirigentes que no están consustanciados con el cambio y que podrían implantar condiciones de trabajo muy rigurosas y sueldos extremadamente bajos. Esta política, que en lo inmediato les brindaría beneficios adicionales, en el largo plazo llevaría a la inevitable ineficiencia de su propio negocio.”

    Si el sector laboral que pierde con el cambio, por falta de trabajo, es empujado a la delincuencia o a la drogadicción, es la sociedad la que pierde, advirtió Maristany. Así ocurrió en algunos países industrializados, que debieron elevar sustancialmente las partidas del gasto social.

    Para Maristany, la solución sería el seguro de desempleo, que podría implementarse sin costos adicionales para el trabajador y el empleador, dedicando a ese fin lo que actualmente se recauda para el salario familiar.

    Luis García.