jueves, 28 de mayo de 2026

    Firme sistema bipartidista

    Al final no hubo ningún Fujimori. ¿Se acuerda de lo que vaticinaban los augures hace apenas unos meses? “Los partidos tradicionales están liquidados”; “el deterioro de los dirigentes políticos es irreversible”; “aparecerán nuevas fuerzas políticas que se convertirán en protagonistas”. Ocurrió precisamente lo contrario. El electorado favoreció a los dos grandes partidos nacionales, el justicialismo y el radicalismo, con índices que van desde 70 a 90% de los votos emitidos, según el distrito. Lo más singular de las elecciones del pasado setiembre fue lo previsible que fue todo. El gobierno tuvo excelentes resultados. Salvo en el caso de Santa Fe, donde había dudas, en los demás distritos donde se impuso el oficialismo no hubo sorpresas (tampoco donde se impuso la oposición). La conformación de la Cámara de Diputados es, escaño más o menos, la misma que exhibía antes de los comicios. Siguiendo un patrón histórico de comportamiento, el gobierno ganó las primeras elecciones parciales de renovación parlamentaria, como ha ocurrido durante todo este siglo. La madurez del electorado parece ir por delante de la capacidad de acierto de algunos analistas. En un solo distrito electoral (provincia de Buenos Aires) apareció una tercera fuerza, el MODIN, que inspira Aldo Rico, superando la votación de otras alianzas y partidos menores. Pero una golondrina no hace verano y un distrito no da alcance nacional, como lo acaba de experimentar la Fuerza Republicana del general Domingo A. Bussi, derrotada en un Tucumán donde parecía imbatible. Es probable que el MODIN tenga un destino parecido, tal vez incluso más efímero. Es cierto que la apelación a la estabilidad fue decisiva, y también lo es que Domingo Cavallo se convirtió en héroe de la jornada para las filas del gobierno. En tanto mérito puede estar, paradójicamente, la fuente de futuros sinsabores del ministro. Veamos los hechos. Cavallo es el conductor de un equipo de entre los mejores que pueda exhibir el país en punto a solidez profesional, honradez, capacidad de trabajo, y también audacia y buena dosis de talento político. Los dirigentes del justicialismo, al par que agradecidos con la mano que les dio el ministro en los últimos días de campaña, han tomado nota de que Cavallo actúa como un político, habla como un político y reacciona como un político. Ergo, es un político. Es decir, un competidor, y de fuste. La percepción fue evidente en encumbrados personajes del oficialismo, sin olvidar al presidente Carlos Menem y al flamante gobernador electo Eduardo Duhalde. Ambos registraron el efecto Cavallo y deslizaron frases que deben ser cuidadosamente anotadas por quienes aspiren a entender lo que pueda ocurrir en un futuro no muy lejano. Objetivamente, es difícil que Cavallo vuelva a estar en situación tan excepcionalmente favorable. El electorado creyó -con fundamento- que la estabilidad era esencial. Tanto en velocidad como en oportunidad, la gestión del ministro ha sido impecable. Pero en el futuro, para causar parecida impresión, debería hacerlo incluso mejor, lo que no es sencillo. En cuanto a la estabilidad, todavía hay que lograrla. Con un sistema financiero que estuvo maniatado a través de encajes bancarios, con la fragilidad del superávit fiscal logrado merced a la venta de activos públicos -recurso que sin duda se acabará en algún momento-, con una tasa de cambio que -aunque nadie se atreva a mencionarlo para evitar las iras ministeriales- está atrasada, con poca inflación pero nada de deflación, todavía hay nubes muy oscuras en el horizonte. Es cierto que Cavallo ha demostrado ser imaginativo y audaz, y aún guarda muchas cartas en la manga. Pero ahora ha ingresado definitivamente en terreno resbaladizo; a nadie se le ocurriría pensar que es simplemente un técnico de primera. El ministro se ha situado en la arena política, y allí las reglas de juego son implacables: todo vale.
    RECONVERSION OBLIGATORIA DE LA BANCA. Nadie está dispuesto a derramar una lágrima solidaria con la banca local, que atraviesa por dificultades. Es cierto que los bancos están perdiendo, pero, “¿cuánto ganaron en épocas recientes?”, es como se traduce el sentimiento general. Hay una crisis mundial en las entidades financieras. En Estados Unidos quiebran bancos, otros declaran pérdidas cuantiosas o acumulan reservas para incobrables. La orden del día es la fusión, las alianzas y acuerdos estratégicos. En Europa occidental, los bancos han reducido el crédito y se han lanzado a una frenética actividad para recuperar préstamos. En Japón y el sudeste asiático, los bancos intentan recuperarse de las gigantescas pérdidas en la Bolsa. En todos lados crece el ánimo regulatorio, y las exigencias de integración de capital serán muy duras a partir de 1993. En Argentina también tenemos crisis bancaria, pero de distinto tipo. El elevado encaje sobre la masa de depósitos a que obliga el Banco Central tiene finalidad antiinflacionaria y es pieza clave en el programa de convertibilidad, pero también mantiene maniatadas a las entidades crediticias. La reducción de las tasas de interés -y del “spread”- hace que el sistema opere a pérdida. El sobredimensionamiento y la ineficiencia, antes disimulada por las ganancias fáciles, obligan ahora a una reconversión rápida. Más de 160 bancos, con la pobre capacidad actual de prestar , es una situación que no admite comparaciones ventajosas con casos como los de Chile y España, por ejemplo.
    CAMBIOS EN LA INDUSTRIA PAPELERA.Con independencia de lo que producen, todo el sector industrial papelero puede clasificarse en tres grupos. El primero, donde están los que tienen plantas integradas, de gran volumen de producción a escala internacional, con tecnología moderna y equipamiento adecuado. Son los que tienen posibilidades de sobrevivir y de competir exitosamente en la etapa que se avecina. El segundo, el de firmas con buen volumen total de producción, pero diseminado en diversas plantas, con tecnología atrasada y una estructura de costos que no las hace competitivas. En este grupo habrá fusiones, alianzas y asociaciones con firmas locales o extranjeras. Los que no sigan este camino seguramente desaparecerán. En el tercero, hay multitud de pequeñas firmas con bajo tonelaje productivo. Excepto unas pocas que han logrado ocupar “nichos” en el mercado, están condenadas a desaparecer o a ser absorbidas. Este es el contexto en el que se realizará durante este mes, en Buenos Aires, el congreso mundial de la industria papelera. Las deliberaciones serán, obligatoriamente, algo más que académicas.
    ¿ARGENTINA EN EL PELOTON DE VANGUARDIA?Otra vez el presidente volvió a las andadas. Esta vez contagiado del clima preelectoral. No dijo, como antes, que al finalizar su mandato Argentina estaría entre las 20 economías más prósperas del planeta, pero sí prometió que el país formaría parte del Primer Mundo en pocos años más. El ministro de Economía eligió otro ángulo para el optimismo: anunció que en tres años -1994- el PBI del país sería de US$ 200 mil millones. Es cierto que en tren de disputar elecciones se pueden admitir ciertas licencias, pero la naturaleza de ciertas promesas impresiona tanto a las audiencias desprevenidas, que cuando se comprueba la imposibilidad de cumplimiento, generan frustración y decepción. Veamos primero la afirmación de Cavallo. Olvidemos las estimaciones del Banco Mundial sobre el PBI argentino, y aceptemos -sin discusión crítica- la cifra que maneja el gobierno de US$ 130 mil millones. Para llegar a un Producto Bruto de US$ 200 mil millones en 1994 habría que crecer a 15% anual durante cada uno de los próximos tres años. Una tasa superior a la que lograron los “cuatro dragones” en su momento. El umbral de país desarrollado o industrializado -es la convención aceptada- se alcanza cuando se llega a US$ 6.000 anuales per cápita. Esa es la posición que hoy ocupa Arabia Saudita, según el último informe del Banco Mundial. Este país, más petrolero que industrializado, está en la posición 25º (US$ 6.020 por habitante), mientras que Argentina figura en el puesto 44, con US$ 2.160. Si admitimos las siguientes hipótesis: a) durante los próximos 11 años los primeros 25 países, incluida Arabia Saudita, tienen crecimiento cero; b) si Argentina mantiene exactamente la misma población que tiene hoy; y c) si Argentina crece a una tasa anual de 10% durante 11 años, entonces, y sólo entonces, desplazaríamos a los sauditas y nos colocaríamos en el puesto 25º entre los países con mayor ingreso per cápita. Demasiadas hipótesis favorables tiene este ejercicio como para ser considerado seriamente. Conclusión: lo que realmente importa es crecer y no ganar la “Copa de las Naciones”.
    ¿QUE CLASES DE NEGOCIO SON LOS FERROCARRILES?Serán privatizados tan pronto como se pueda. Son una sangría para el Tesoro nacional. Insumen buena parte del déficit fiscal. La privatización es posible y habrá candidatos para hacerse cargo de este elefante blancos. Lo que seguramente no puede esperarse es obtener importantes cantidades de dinero por la transferencia de estos activos. En ningún caso más que en éste, importa más la tasa de retorno de la inversión que el valor libro de los activos ferroviarios. La experiencia en Estados Unidos revela que es un negocio difícil, incluso para la actividad privada. En Europa, la mayoría de los sistemas ferroviarios son estatales y consumen importantes subsidios. Italia subvenciona su red ferroviaria con US$ 7.300 millones anuales; Alemania, con US$ 6.300 millones, Francia, con US$ 5.600 millones; y Gran Bretaña, con US$ 1.300 millones. Al privatizar, el Estado se liberará de pagar sueldos y de afrontar pérdidas. Pero debe contemplar -con preferencia sobre el precio de venta- que se requerirán nuevas inversiones, y que la seguridad es esencial para impedir la repetición de accidentes con alto costo en vidas humanas.
    AGUDA ESCASEZ DE CAPITALES EN ESTA DECADA.En 1989, los japoneses invirtieron US$ 113 mil millones en adquirir bonos, títulos y acciones en el extranjero (especialmente en Estados Unidos). En 1990, la inversión cayó a US$ 40 mil millones. En igual período, la participación de los bancos japoneses en nuevos préstamos internacionales pasó de 36 a 19%. Las tasas de interés son más atractivas ahora en Japón que en EE.UU. Además, la caída bursátil en Tokio obligó a los bancos y a las empresas niponas a recuperar créditos y liquidar activos en el exterior para fortificar las posiciones en el mercado local. El superávit comercial japonés es menor al registrado durante la década anterior. Japón era el principal proveedor de capital en los mercados financieros mundiales. Alemania, otro gran protagonista, está totalmente concentrada en absorber los costos de la unidad del país y en el financiamiento prometido a los soviéticos a cambio del retiro de tropas estacionadas en la zona oriental. La propensión al ahorro disminuye incluso en Japón. En las demás naciones industrializadas, decae desde hace 30 años. En 1960, la tasa de ahorro interno de Alemania era de 20%; ahora es de 11,6%. En EE.UU. la tasa pasó de 11 a 4% en igual período. En Gran Bretaña, de 11 a 5,5%. En Japón,de 25,2 a 20,9%. Durante esta década se requieren recursos para financiar la conversión de las economías centralizadas de Europa oriental la reconstrucción de Kuwait; las permanentes necesidades de los países en desarrollo y la creciente demanda de crédito de las empresas de países industrializados. La puja por obtener recursos frescos será implacable.