Durante siglos, los hombres han probado las más diversas sustancias naturales con el no siempre confesado propósito de aumentar el placer sexual. Nadie podría afirmar si alguna vez lo consiguieron. Pero lo cierto es que la búsqueda continúa, sin reparar en gastos ni detenerse ante las extravagancias.
En un plano más doméstico, la cocina puede ser un eficaz laboratorio de afrodisíacos.
Cualquiera conoce las virtudes de pescados, hongos, trufas, garbanzos, porotos, nueces, mariscos, huevos de codorniz y ostras. No son desdeñables, tampoco, los atributos de ciertas verduras y hortalizas, como el ya legendario apio, la humilde lechuga y el tomate, plenos de vitaminas reconstituyentes capaces de obrar milagros a largo plazo.
No es cuestión, por lo tanto, de salir a cosechar amarantos y beleños. Para el argentino medio existen varios productos de indudable eficacia al alcance de todos. He aquí una breve lista: polen de abeja puro y miel natural; paltas (y su piel molida); puntas de nabo, ginseng (en múltiples preparaciones); benjuí (que, de paso, mejora la bronquitis) y el obligado ajo. Se aconsejan también los jugos de berro, pepino y zanahoria.
Aquí van un par de recetas de inspiración internacional y probadamente estimulantes:
Pescado a la Indonesia.
500 gramos de pescado de carne blanca, 3 ajíes colorados, lavados y sin semillas, 2 cebollas, 2 cabezas de ajo, jugo de un limón, pizcas de jengibre, azúcar y cúrcuma, sal a gusto, hojas de plátano.
Se corta en trozos el pescado y luego se lo sala. Se machacan los demás ingredientes hasta formar una pasta con la que se recubren las porciones de pescado. Se las envuelve finalmente en hojas de plátano para su cocción en un horno común o de barro.
Ta´amia.
1 taza de porotos secos, 1 taza de pan rallado humedecido, sal, cilantro y perejil, 1 cebolla rebanada, media taza de nueces picadas, 1 cucharadita de ajo en polvo, 1 cucharadita de bicarbonato de sodio.
Después de remojar los porotos, se pican fino todos los ingredientes y se los pisa en un mortero. Esta masa debe reposar durante dos horas. Se preparan luego las croquetas y se las fríe en aceite bien caliente espolvoreándolas, al servir, con las nueces picadas.
Francia No Se Rinde.
La cuna de la “haute cuisine” ha tolerado que proliferaran en su suelo cientos de locales dedicados a lo que eufemísticamente suele llamarse “comida rápida”. Pero los franceses no se resignan a ver crecer toda una generación de devoradores de hamburguesas, salchichas y papas fritas.
En un decidido intento de evitar que los “gourmets” se conviertan en una raza en extinción, el Ministerio de Educación de Francia inició un programa de degustación de alimentos en centenares de escuelas.
Reconocidos “chefs” inician a los niños en el arte de la gastronomía partiendo de ejercicios elementales, como el de hacerles reconocer las diferencias y combinaciones de sabores. Las etapas más avanzadas del curso constituyen un verdadero festín: quesos, chocolates, bombones y refinados
platos son sometidos a la prueba de los inexpertos paladares. Está por verse, claro, si este programa logrará menguar la adicción a los “hot dogs” entre los jóvenes franceses.
Como Leer la Etiqueta.
Para identificar el origen y el contenido de un whisky escocés, es preciso interpretar los datos impresos en la etiqueta. Por ejemplo, dice “distilled, blended and b ottled in Scotland”, para el “blend”, o”distilled and bottled in Scotland” para la malta.
Además, grabada en el vidrio del fondo de la botella, aparece, entre otras referencias, la palabra Scotland.
Cuando la etiqueta indica “blended”, esto significa que la botella contiene una mezcla de distintos whiskies de malta y de grano. Si además dice “de luxe”, la bebida posee una mayor proporción de licor de malta, añejado y de buena calidad.
Algunas veces, el envase indica la edad de la bebida. En el caso de los blended, se considera que el tiempo adecuado de añejamiento oscila entre los 8 y los 15 años. Cuando se trata del whisky de malta, si la etiqueta dice “single malt” es que la bebida procede de una sola operación de destilación.
Los Misterios del Whisky.
Los orígenes del whisky son aún más brumosos que la historia del monje San Columbano, que recaló a fines del siglo VI en Escocia, no para vender la novedosa bebida, sino para evangelizar a las tribus que poblaban entonces el territorio. El religioso logró ambas cosas, aunque con infinitas dificultades.
En lo que se refiere al whisky, llamado originariamente uisquebaugh o agua de la vida, los campesinos que se dedicaron a destilarlo fueron perseguidos por los recaudadores de impuestos durante siglos. Y en tiempos del descubrimiento de América, según documentos de la Real Casa de Escocia, su venta estuvo prohibida a cualquiera que no fuera “barbero o cirujano”.
Sin embargo, los escoceses siguieron destilándolo y bebiéndolo tanto en las ceremonias fúnebres como en las fiestas, hasta que en 1823 el Parlamento británico aprobó la Wash Act, que legalizó los pequeños alambiques e impuso una gabela “razonable” para la ya célebre bebida.
Obtenido a partir de cereales como cebada, maíz y centeno, el whisky responde a diversas denominaciones -bourbon, rye, scotch- que a su vez indican diferentes métodos de elaboración.
Tras llegar a la destilería, los granos se sumergen en cubas con agua. Luego se secan y extienden hasta su germinación. Cuando esto sucede, se considera que la cebada ya está “malteada” y se la introduce entonces en hornos de turba. Después de un par de meses de almacenamiento, se procede a triturarla y molerla. Una vez hecho esto, se la mezcla con agua hirviendo y se le añaden las levaduras para obtener su fermentación.
Esta mezcla, denominada “wash”, es la que circula por los alambiques de cobre durante la destilación, tras la que se obtiene el whisky que, para su venta comercial, es mezclado y diluido con agua dulce procedente de los lagos escoceses, y finalmente filtrado.
Una Rareza en Escocia.
Cuesta creerlo, pero los escoceses controlan apenas 10% de la producción y venta de la bebida que los ha hecho famosos. La mayor parte del mercado está en manos de ingleses, irlandeses y canadienses. Por si esto fuera poco, empresarios japoneses compraron recientemente las destilerías de Ben Nevis (la más antigua de Escocia) y la de Tomatin (la mayor del mundo).
El año pasado, consumidores de 200 países compraron 792 millones de botellas de whisky, por las que pagaron US$ 3.500 millones. Pero en Escocia, las marcas más conocidas son tan difíciles de encontrar como el mitológico monstruo del Loch Ness. Debido a los altos impuestos locales, el mismo scotch cuesta dos veces más en Glasgow que en Nueva York.
El único consuelo para los 16.000 escoceses que trabajan en la industria es que las normas legales establecen que sólo el whisky destilado en su país puede ser presentado y vendido como legítimo “scotch”.
Para Pasar el Verano.
La elegancia es tan sutil como el viento. Nadie la ve, pero está. Cambia con el tiempo y la cultura y es, a su manera, fiel termómetro de lo que pasa debajo de camisas y trajes. La edad influye en todo esto; también la temperatura, el ánimo, las intenciones y el estado de las tarjetas de crédito.
En medio de tales complicaciones, un varón saludable, joven -o no tanto-, se topa todos los años, para esta época, con el advenimiento de los días templados y con la duda acerca de qué ropa usar, qué prenda del año anterior le sirve, y qué aconsejan desde sus vidrieras las casas de moda.
En este sentido, es preciso recordar que cada quien tiene su estilo, y que éste deberá sólo acomodarse a las opciones que ofrezca cada temporada. Esta, por ejemplo, propone colores claros, tonos de beige y crudo, caqui, azul marino y mucho blanco. Los trajes serios seguirán debiéndole mucho al grafito y a la corriente ecológica: predominan los matices que despliegan la tierra y el campo. Las telas deben estar totalmente alejadas de lo sintético: reinan el algodón y la seda; le siguen el poplín, el hilo y las gabardinas livianas.
Los ambos continúan holgados, sin excesos, derechos o cruzados, comodísimos, pero sin extravagancias. La ropa sport y lo náutico serán una sola palabra. Y un nuevo tejido, livianísimo, la microfibra, se usará para impermeables y algunas camperas. Los detalles, como siempre, serán fundamentales: una corbata de dibujo tropical o con grandes lunares, los persistentes cinturones de hilo tramado y cuero, un buzo o una remera de interlock con cuello y la eficaz compañía de un reloj, que puede ser uno anónimo, de buen diseño, o un opulento Gerald Genta.
Soviet.
A pesar de su nombre, y de las letras del alfabeto cirílico, es italiano. La lata se abre como si fuera de aceite y adentro está la otra latita con el perfume. Es perdurable, un poco ácido. Bueno para el verano: US$ 58.
Viernes sin Corbata.
Operadores de la Bolsa de Valores de Nueva York acaban de lanzar una nueva orden: suprimir las corbatas los viernes. La moda fue iniciada por un grupo de financistas jóvenes de Wall Street para anticipar el espíritu ocioso y suelto del fin de semana. Y rápidamente la nueva onda avanzó hacia el Sur. Ya en San Pablo hay algún secretario de Estado, empresarios y profesores adherentes a la propuesta “anticorbata”.
Puede que algo tengan que ver en todo esto Giorgio Armani y el diseñador japonés Rei Kawakubo, que acaban de lanzar una colección de camisas-polera combinadas con amplios blazers.
Sin embargo, la corbata sigue gozando de buena salud. Son legión los que dicen que sirve para dar el toque de color y fantasía a la todavía inevitable ropa seria.
Se Vienen los Importados.
De Francia llegan muchos trajes cruzados, colores oscuros para la ropa de calle, y un poco de locura para el sport. Gris pizarra, azul petróleo, bordó, diversos matices del verde claro, dibujos oxford, algunas rayas. Trajes a US$ 700. Sacos de seda lavada: US$ 690. De hilo: US$ 390. Los pantalones composé, de US$ 89 a 190.
Camperones náuticos, colores mostaza, salmón, azul mediterráneo: de US$ 230 a 340.
Corbatas con motivos florales, italianas: US$ 45.
Regalos para No Olvidar.
Aquí van algunas ideas para ayudar a resolver las dudas que inevitablemente se presentan el tercer domingo de octubre, Día de la Madre, que (contrariamente a lo que reza el dicho) suelen ser más de una.
Para las enamoradas de los objetos con buen diseño: los famosos cristales Hoya de Japón ya se venden en Buenos Aires. Perfumero con tapa-flor (altura 8 cm): US$ 70.
Campanilla de mesa con gallito estilizado (altura 11 cm): US$ 100.
Iceberg (altura 12 cm): US$ 299.
En Crystal Gallery, Callao 1216.
Perfumes: un regalo de efecto seguro.
Café (spray-parfum de toilette- 30 ml): US$ 19.
Eternity, de Calvin Klein (eau de parfum, 50 ml): US$ 85.
Gem, de Van Cleef & Arpels (parfum – 7 ml ): US$ 175.
Otra opción: un tonificante tratamiento, para el día y la noche, Soin anti-fatigue absolu
(complejo bioenergético B-21)
Orlane, de París.
En Patio Bullrich -Beauty Shop- Posadas 1245/59.
Para brillar en todo momento: reproducciones importadas de alhajas.
Collar de cadena Cartier bañado en oro 14 quilates, con importante lapislázuli, brillantes y
baguettes (US$ 180).
Pulsera esclava extensible. Piedras azules y brillantes (US$ 95).
Anillo triple alianza Cartier. Rubíes, brillantes y zafiros (US$ 90).
Anillo con aguamarina, brillantes y baguettes (US$ 120).
Aros Chanel, con brillantes (US$ 70).
En Matilde V., Santa Fe 830.
Para las que adoran las plantas diferentes:
Orquídeas de tierra (Sinuidium). Algunos las llaman orquídeas enanas (US$ 100).
Planta de spatifilium (una variedad de cala, muy de moda) (US$ 35).
En La Orquídea, Viamonte y Suipacha.
Para amantes de la pintura naif: tarjetas y señaladores para libros, algunos con motivos
navideños.
Artistas invitados: Anikó Szabó, Ladislao Kelity, Cristina de Santamaría, Beatriz Abril y
muchos otros.
Se compran en el Patronato de la Infancia, Mansilla 2588, o pueden encargarse por
teléfono, llamando al 961-1517.
Y en materia de libros:
Para pensar: “Las mujeres que aman demasiado”, de Robin Norwood (A 91.000).
Para reír: “Cómo ser una mujer y no morir en el intento”, de Carmen Rico-Godoy (A 102.000).
Ficción para todos los gustos:
“Diario secreto”, de Norma Aleandro (Emecé, A 150.000).
“El amor y el poder”, de Collen MacCullough (Emecé, A 185.000).
“Novios de antaño”, de María Elena Walsh (Sudamericana, A 105.000).
“Una muñeca rusa”, de Adolfo Bioy Casares (Tusquets, A 130.000).
Una autobiografía de Shirley Maclaine, en cuatro tomitos (cada uno, A 120.000).
En Librería Fausto, Corrientes 1316 y sucursales.
En Librería Los Nuestros, Talcahuano 440.
Gente y dinero.
Una Fortuna en Colmillos.
Congelados en las estepas de Siberia, millones de mamuts descansaron en paz durante más de 10.000 años. Pero las normas internacionales que prohíben la cacería de elefantes para vender el marfil de sus colmillos alentaron la práctica de desenterrar a sus ancestros.
En la ciudad alemana de Erbach, uno de los más importantes centros mundiales del comercio de marfil, docenas de tiendas exhiben artesanías realizadas con colmillos de mamut.
La empresa estatal soviética Charmex se dedicó, durante décadas, a abastecer a sociedades científicas extranjeras con especímenes del prehistórico animal. Ahora ve florecer un prometedor negocio. Antes de la prohibición, el marfil de elefante se vendía a US$ 100 por libra (450 gramos).
Los colmillos de mamut se cotizan, en cambio, a precios que oscilan entre US$ 300 y 1.000 por libra.
Teniendo en cuenta que, según los expertos, puede haber cerca de 10 millones de mamuts bajo las heladas planicies siberianas, estas reservas alcanzarían un valor potencial cercano a US$ 1 billón. “Un operario que logre extraer con una excavadora un colmillo de mamut puede ganar en un solo día lo que normalmente le demandaría 15 o 20 años de duro trabajo”, comentó recientemente, con estupor, el periódico “Novedades de Moscú”.
Aerolínea sin Aviones.
Igor Dmitrowsky es el único dueño de una aerolínea internacional que no dispone de un solo avión, ni de capital para adquirirlo. Hasta hace poco, manejaba el negocio desde su propia casa en Nueva York. Ahora tiene, al menos, una oficina vacía en el aeropuerto Kennedy.
Este exiliado letón posee, sin embargo, el único permiso concedido por el Departamento de Transporte de Estados Unidos para realizar vuelos comerciales entre Nueva York y Riga, la capital de su país natal.
Dmitrowsky, un piloto aficionado de 37 años, fundó la aerolínea Baltia luego de probar fortuna con la venta de artículos de jardinería y la fabricación de yogur casero.
