martes, 9 de junio de 2026

    Otro matrimonio de conveniencia

    Las veloces transformaciones en la industria de la informática y los opacos resultados registrados por IBM en su balance del primer trimestre de este año alentaron recientemente a no pocos comentaristas a vaticinar un inminente período de agonía para el líder norteamericano del sector.

    Los pronósticos agoreros resultaron no sólo prematuros, sino fundamentalmente errados.

    Para empezar, difícilmente pueda hablarse de riesgo de supervivencia en una empresa cuyos inmensos recursos financieros garantizan la continuidad de sus operaciones durante varias décadas, aún en medio de circunstancias más críticas que las actuales.

    Con ingresos que el año pasado sumaron US$ 69.000 millones y un ejército de 374.000 empleados, IBM no es sólo un coloso en Estados Unidos, sino una de las más grandes compañías industriales del mundo.

    Por otra parte, el presunto enfermo demostró un notable vigor en las últimas semanas para lanzar, en rápida sucesión, tres audaces iniciativas destinadas a mejorar su posición en el turbulento mercado mundial de la computación.

    Primero fue la decisión, sin precedentes, de firmar con la compañía Wang un contrato de venta de equipos IBM que el competidor colocará en el mercado bajo su propia marca. Luego se conoció el no menos sorprendente acuerdo de cooperación tecnológica con otro legendario rival, Apple, en el área de las computadoras personales.

    Finalmente, IBM coronó esta ronda de impactantes noticias con el anuncio de que se había asociado con Siemens, el gigante alemán de la electrónica, para invertir US$ 600 millones en un proyecto conjunto que les permitirá producir los chips de memoria más avanzados del mundo.

    Más allá de las razones estratégicas que impulsaron este último acuerdo, la alianza IBM-Siemens responde a una elemental lógica económica. La creación de nuevos y cada vez más sofisticados microprocesadores de memoria requiere procesos tan complejos y costosos que pocas empresas están dispuestas a asumir el riesgo por cuenta propia.

    Siemens, junto con otras empresas del sector, había diseñado ya su propio modelo de un DRAM (Dynamic Random Access Memory) de 16 megabits, capaz de almacenar un volumen de datos cuatro veces superior al de las memorias existentes. Pero no estaba en condiciones de lanzarlo al mercado antes del último trimestre de 1992, varios meses después de que NEC, Toshiba y otros productores japoneses introdujeran sus chips de la nueva generación.

    El pacto con IBM permitirá, en cambio, lanzar esta supermemoria en marzo o abril del año próximo. En lugar de montar una nueva planta, se remodelará la actual fábrica de semiconductores que posee IBM en Corbeil-Essones, en las afueras de París.

    El anuncio promovió una ola de rumores acerca de la posibilidad de que éste fuera apenas el primer paso de una asociación más amplia (hubo, incluso, quienes hablaron de una fusión) entre ambos gigantes. Sin embargo, analistas europeos y norteamericanos descartan tal hipótesis.

    Siemens es un pilar de la tecnología y la industria alemana, lo que le otorga una importancia política estratégica que torna virtualmente inviable un compromiso de este tipo.

    El acuerdo encontró una recepción sorprendentemente favorable en Europa, donde IBM fue considerada durante años como el exponente arquetípico de la vocación hegemónica estadounidense. Voceros de Siemens informaron que esta alianza podría abarcar próximamente a otros miembros europeos del sector, como la holandesa Philips y la francoitaliana SGS-Thomson.

    IBM, por su parte, declaró oficialmente que el acuerdo -el mayor programa de producción conjunta encarado hasta ahora por la empresa- apuntaba a “mejorar el equilibrio de la tecnología en todo el mundo”, una transparente alusión a los afanes por contener el impetuoso avance japonés.

    Esta nueva política de IBM de forjar alianzas en segmentos específicos de la industria de la computación hubiera parecido impensable apenas siete años atrás, cuando la corporación alcanzó un nivel récord de utilidades de US$ 11.600 millones y avizoraba un futuro de crecimiento ilimitado.