jueves, 14 de mayo de 2026

    El poder económico, la voluntad política y la capacidad militar

    En apenas 24 meses han ocurrido más cosas y de mayor relevancia que en los 50 años anteriores.

    Hace apenas 12 meses, el final de la Guerra Fría y el colapso del imperio soviético permitieron anunciar que el futuro pasaba por el poder económico, que irremisiblemente parecía trasladarse a Japón y Alemania.

    Pero los acontecimientos del golfo Pérsico y la resonante victoria estadounidense obligaron a repensar la tesis.

    La decisión política de proveer de un modelo y un liderazgo, respaldada por una terminante hegemonía militar, pareció indicar que “la Centuria Americana”, lejos de llegar a su fin, está escribiendo otra página: el rediseño de un nuevo orden mundial según un boceto elaborado en Washington.

    Los próximo años serán pródigos en acontecimientos que irán confirmando o modificando las actuales tendencias. La Europa de los 12 puede convertirse en la “casa común”, con 18 ó 24 miembros. Puede ser la primera potencia comercial del globo, o puede estancarse el proceso de integración debido al excesivo tamaño.

    La URSS está en serias dificultades, pero Rusia está intacta. Los antiguos satélites de Moscú han repudiado el comunismo y, en principio, abrazado el modelo de democracia liberal y de libre mercado. Pero si el camino es muy duro, el desengaño puede llevar a la búsqueda de la “tercera vía”.

    El comunismo ha fracasado estrepitosamente, pero el capitalismo, libre ya del enemigo insustituible, afronta sus propias crisis y contradicciones.

    La relación entre Japón y Estados Unidos es vital para la economía mundial. El clima bélico crece en ambos extremos del Pacífico. Una guerra comercial, a escala planetaria, no es descartable, lamentablemente. El comercio internacional y los principios del GATT serán las primeras víctimas.

    El sudeste asiático es el área de influencia de Japón, y a pesar de los recelos que despierta el recuerdo del militarismo nipón, desde Tokio se escribe la partitura de la nueva sinfonía regional.

    En América Latina, la reforma del Estado, la apertura de las economías, la privatización y la integración regional son las novedades. Estados Unidos promete una zona de libre comercio desde Alaska hasta Tierra del Fuego. México se integra al mercado común norteamericano, y en el Cono Sur avanza la vinculación entre Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay, con un mercado consumidor de cerca de 188 millones de habitantes.

    Japón y Alemania, uno en el Pacífico y el otro en la Europa central, son los dos países capaces de convertirse en locomotoras de la economía mundial.

    Estados Unidos, sin duda hasta que el siglo termine, será la única megapotencia en términos militares, pero no hay que descuidar el resurgimiento de una Rusia nacionalista, fuerte y con enorme capacidad militar y potencial económico.

    América Latina deberá redefinir ,si puede, sus relaciones con Estados Unidos y el tipo de asociación que le conviene. En todo caso, el esfuerzo debe estar centrado en reforzar la capacidad de negociación regional, acelerar la integración; cerrar en la medida posible la brecha tecnológica; permanecer en las grandes corrientes del comercio mundial y, definitivamente, recuperar la capacidad de crecer.