miércoles, 17 de junio de 2026

    Cara para vivir, barata para invertir

    Fue Winston Churchill quien dijo que había tres clases de mentiras: las simples, las descomunales, y las “malditas estadísticas”.

    Las cifras suelen servir para demostrar lo que pretende quien las usa. Si se ignora el punto de partida, el presupuesto básico de una hipótesis o se oscurece el método elegido, el resultado habrá de ser confusión.

    La relación entre las principales divisas , y entre cualquier moneda de un país con respecto a las de otras naciones , no es estable. Tradicionalmente, el valor dependía de la naturaleza del comercio exterior. El país que obtenga mejores resultados en su balanza comercial, a la larga veía fortalecida su moneda.

    Como no era suficiente para explicar las diferencias de costos en distintos países cuando se expresaba el valor en una sola moneda, se inventó la teoría de las tres P (Purchasing Power Parity). 0 sea la paridad determinada por el poder de compra.

    El caso típico es medir cuánto cuesta una comida en un restaurante medio en Nueva York; una noche en un hotel de tres estrellas; un viaje en transporte publico o en hotel de tres estrellas, un viaje en transpone publico o en taxi, y luego comparar cuanto cuestan exactamente los mismos servicios en Ginebra, en Osaka, en París o en Madrid, expresando el costo en francos suizos, yens, francos o pesetas, al valor dólar. Así se puede concluir con precisión que una Coca-Cola es más cara en Londres que en Nueva York y que un diario tiene precio más alto en Madrid que en Washington.

    Es cierto que las 3P, un buen instrumento de medición, ha dejado paso a otra realidad: lo que hoy fija el valor de una divisa en el mercado internacional no es lo que se puede comprar con ella, sino lo que permite ganar.

    En cualquiera de los dos casos, aplicadas a la Argentina, estas nociones producen resultados sorprendentes. Por ejemplo: en el listado de países según su ingreso per cápita de 1988 (confeccionado por el Banco Mundial), la Argentina figura en la posición 50, con US$ 2.759.

    Si a la misma tabla se le aplica el PPP, el país pasa al puesto 36, con un índice 26,4 (Estados Unidos, valor 100). Es decir que en ese momento, al medir condiciones de vida, el país avanzó en el cuadro de posiciones con respecto al simple ingreso per cápita. Hoy, seguramente la situación ha cambiado.

    Lo que sigue es la comprobación de una tesis en la que coincide buena parte de los argentinos: Argentina es , en términos relativos , un país caro para vivir. En cambio, se confirma también algo que han descubierto unos cuantos inversionistas: a pesar de los riesgos, de la incertidumbre económica y

    del pesimismo de los argentinos, es un lugar barato para invertir. Claro está, el problema no es hacerse con la propiedad de una empresa, una industria o un bien inmueble. El problema es ponerlo a producir. Este es el informe elaborado por Ruben Chorny.

    Si un argentino entrara en “La maquina del tiempo”, de Herbert George Wells, y amaneciera en 1980, se encontraría primero con un país rebosante en divisas prestadas que lo convertían en “uno de los más caros del mundo”. Tres años después, derrotado en la Guerra de las Malvinas y con el crédito internacional interrumpido, pasaría a militar en la nómina de “los mas baratos”, al lado de los

    asiáticos y africanos. En 1985, el aparato lo llevarla hasta un verdadero fenómeno pergeñado por la novel democracia: la creación de una moneda propia que arrancaba en un pie de igualdad con la norteamericana. El vuelo, con turbulencias que iban desde la crisis militar que protagonizaron los “cara-pintada” hasta el colapso financiero que derrumbo al gobierno radical de Raul Alfonsín recala en un “país regalado” como el de 1989. Un conjunto de privatizaciones y una serie de anuncios de reforma estatal revierten el panorama en 1990. La Argentina vuelve a ser muy cara entonces y no tanto ahora.

    La nave se posa, humeante y desconcertada, en el presente. Su paseo se pareció mas a un intergaláctico que a un breve recorrido por la vida nacional. Sin que el producto bruto interno haya evolucionado ni las inversiones hayan abandonado su inexorable caída, un mismo sueldo que en los tiempos de José Alardeo Martínez de Hoz cotizaba el equivalente de US$ 2.000, actualmente anda por los 1.100, luego de haber descendido hasta los US$ 200 durante 1989. Un televisor arranco en 1.500 y está en 700, tras haber conocido de cerca los 300 en plena hiperinflación.

    La historia de la década vista a través del dólar es la radiografía de la inserción de la Argentina en el capitalismo occidental, pero de la mano nada amistosa de los acreedores de su abultada deuda externa de US$ 60.000 millones. Cuando un turista norteamericano o europeo arriba a Buenos Aires y se encuentra con que alojarse en un hotel de categoría, comer en un selecto restaurant o utilizar

    transporte no le representa un costo mas económico que en las plazas mas distinguidas, no puede entender por que las propiedades valen hasta cinco veces menos que en otras partes.

    De todos modos, para un alto ejecutivo alemán que gana US$ 230.000 al año y hasta para un obrero neoyorquino que percibe US$ 20.000, la carne argentina sigue siendo insuperable en calidad y precio, ya que el kilo de un buen corte ronda los US$ 3,20. La comida en general que se sirve por estas playas

    es accesible para el paladar y los bolsillos extranjeros, aunque no por ello pueda considerársela entre las mas económicas del continente.

    La canasta de alimentos brasilera se encuentra en algo mas que la mitad de su similar argentina, calculada en US$ 180.

    Claro que un salario mínimo en el país vecino es de US$ 70 contra los 110 vigentes por estos pagos.

    La proporción se cumple religiosamente en los limites de subsistencia. Brasil posee 150 millones de habitantes, de los cuales 100 millones se hallan en condiciones de pobreza Argentina no llega a los 33 millones de población, de los que 7 millones padecen de necesidades.

    Pero cuando se sube de categoría social, la composición de los presupuestos personales varía. La clase media argentina puede ingerir en un lugar “al paso” un churrasco, papas fritas o ensalada, fruta gaseosa y café pagando US$ 8 por persona, mientras que en Brasil o Venezuela una comida equivalente no se consigue por menos de US$ 10. En Europa, la adición aumenta 20% y en Estados Unidos, prácticamente se duplica.

    CICLO PRODUCTIVO

    En momentos en que se transita por una experiencia de “libre convertibilidad entre el austral y el dólar”, la Argentina no logra definir su futuro perfil económico, empeñada como se encuentra en el ajuste de sus cuentas.

    El diputado oficialista Jorge Dominguez se esperanza en que “la política que se lleva a cabo de bajar la tasa de los activos financieros es fundamental para tornar atractiva la inversión de riesgo y poner en marcha el ciclo de producción”.

    La primera etapa del plan económico ejecutado por el ministro Domingo Cavallo cerró con una reducción de 20 a 35% en los precios, tomando su equivalencia en dólares y con un repunte de hasta 40% en los alicaídos niveles de producción que presentaban las fabricas locales, sobre todo de electrónica, automotrices y de insumos siderometalúrgicos y petroquímicos.

    Muchos consumidores eligieron la orden de compra de un auto mediano por US$ 14 a 17.000, o el televisor a 800, antes que depositar los billetes a 1% mensual. De todos modos, la electrónica en Buenos Aires sigue siendo de las mas onerosas, ya que se ubica 50% encima de la brasileña y la venezolana y duplica tranquilamente los valores de Europa y Estados Unidos.

    El principal motivo de esta diferencia reside en los costos de importación vigentes en el país, que representan la mitad del monto que figura en la factura de la mercadería adquirida en el exterior.

    Cuando el pulso telefónico en estas latitudes esta muy por arriba del que rige en Estados Unidos y la energía suministrada a las industrias prácticamente duplica la tarifa internacional, el rubro de los servicios monopólicos que presta el Estado o acaban de ser privatizados recarga en forma considerable los costos.

    Un avezado consultor externo de empresas, Carlos Conrado Helbling, sentía que se devoraba a si mismo cada vez que pagaba la cuenta de luz y teléfono, que crecía simétricamente con el interés de su clientela por el proceso argentino. “Tuve que achicar gastos y mudarme a una oficina mas chica y

    alejada.

    Los inversores miran y preguntan antes de decidir, porque todavía no hay confianza en el largo plazo”, apunta.

    Aunque los argentinos nos quejemos de los impuestos y de los servicios, no puede decirse que sean de los mas gravosos del orbe. El alquiler de una vivienda chica demandaría US$ 182,50 mensuales, contando un consumo intermedio de luz, gas y teléfono. En San Pablo, Brasil, ese mismo “menú” se

    consigue por US$ 147. Se va al doble en Caracas, Venezuela, y se triplica en Francia y Alemania, mientras que en Estados Unidos la factura se elevaría a US$ 1.090.

    Todo lo que sea andar en cuatro ruedas puede estimarse una especie de lujo para los habitantes de este extenso territorio. El precio de la nafta esta a la altura de Estados Unidos, algo por debajo de Francia y bastante mas barata que en Alemania. Pero los vehículos tienen que transitar por mas de la mitad de los 60.000 kilómetros que componen la red vial en mal estado, lo cual encarece el

    transporte hasta en tres veces su costo normal.

    EL MERCADO REGIONAL

    El gobierno de Menem ha hecho una apuesta para alinearse con sus vecinos de la región, a fin de quedar preparado para ingresar en la zona franca desde Alaska a Tierra del Fuego, propuesta por el presidente de Estados Unidos, George Bush, conocida como Iniciativa de las Américas.

    “Con la apertura le decimos al sector privado que aumente la oferta de bienes o entran las importaciones , explica Dominguez.

    Este proceso valorizara las propiedades de las fábricas, los campos y todos aquellos sectores que mejor se adapten a la competencia.”

    Hasta el momento, se advirtió una suba en las tasaciones de los inmuebles estimada en 20%.

    De todas maneras, la cotización de todo lo que sea “ladrillos” continua fuertemente atrasada, ya que a inmuebles semejantes, salvo en Brasil, donde están mas económicos, en Venezuela, Alemania y Francia la cuadruplican, y en Estados Unidos la duplican.

    Otro indicador de inversiones hacia el largo plazo lo constituyen los campos, que en el área maicera de Buenos Aires o Santa Fe rondan US$ 2.500 dólares por hectárea. “El nivel en Estados Unidos para tierras equivalentes estaría exactamente al doble y en la Comunidad Europea (en especial en Francia)

    lo triplicaría. En Brasil esta algo mas caro, lo cual se aprecia muy claramente en Paso de los Libres, donde lo que cuesta de US$ 150 a 300 la hectárea del lado argentino, se va de 300 a 1.000 en el brasileño”, dice el especialista Christian Belaustegui.

    Los precios de remate que se ven en fabricas, campos e inmuebles en general han puesto a potenciales inversores en la brecha. La Empresa Nacional de Telecomunicaciones (ENTel) se vendió mucho mas barata que su colega chilena y mas aun que la mexicana. Aerolíneas Argentinas podría pagarse sola mediante la enajenación de menos de 10 aviones de su actual flota.

    Por la Bolsa de Comercio merodean capitales externos que los expertos estiman en US$ 5 millones diarios. Se aprecian órdenes de compra “firmes” por parte de agentes de primera línea, como Mildesa (del Banco Roberts) y Carrascosa (del Banco General de Negocios), entre otros. Fuentes bursátiles

    aseguran que están tomando participación en paquetes accionarios de empresas que básicamente presenten estructuras sólidas. Por ejemplo, compañías de la talla de Canale podrían adquirirse en teoría, en la Bolsa, por US$ 9 millones. Terrabusi costaría 37; Bagley, 69; Tabacal, 12; Ledesma, 225.

    Por Somisa hay quienes afirman que no pasa de los 600 millones. Como simple comparación baste señalar que la cosmética Revlon se vendió en US$ 3.000 millones; por la Compañia de Comunicaciones Metromedia le pagaron a John Werner Kluge 4.600 millones y la Universal Pictures le salió a la Matsushita japonesa 7.000 millones.

    Hoy por hoy, el mercado de capitales argentino alberga en total US$ 9.300 millones, de los que 4.600 corresponden a acciones de empresas privadas y 4.700 a bonos públicos.

    Representa en total 14% del producto bruto interno, porción ínfima si se la compara con 150% del PBI que exhibe el promedio mundial.

    Actualmente en el recinto bursátil se operan US$ 10 millones diarios, de los que 4 aproximadamente se calcula que corresponden a colocaciones de largo aliento. La aparición de las obligaciones negociables prometían doblar esos montos. Los observadores creen ver a la Argentina como una opción mas del menú de colocaciones en los mercados de México, Brasil y Chile, que integran las carteras de mas alto riesgo de los fondos comunes que trabajan en las principales Bolsas del mundo.

    El cronista de “La maquina del tiempo” ha regresado con su libreta de apuntes completa.

    El paso de los anos convirtió a la Argentina en un país barato para comer, no tanto para suministrar teléfono y energía y casi regalado para invertir a largo plazo. Su moneda ha sido alineada con el dólar y sus aranceles disminuyeron para exponer a los productores a la competencia externa.

    Hagan sus apuestas, señores empresarios!