La URSS ha declinado su papel hegemónico y se enfrenta a la casi segura desintegración del imperio zarista, leninista y stalinista. Estados Unidos, a pesar de su completa intervención en el Golfo Pérsico, se debate entre una fuerte tendencia aislacionista, el idealismo de un mundo regido por la Carta de
las Naciones Unidas, o una rotunda versión de la “Pax Americana”.
Hay dos fechas recientes que ya tienen lugar en la historia. El 9 de noviembre de 1989, la caída del Muro de Berlín significó el final de la Guerra Fría y la comunicación oficial soviética de que se retiraba de la competencia con E.E.U.U.
Para muchos analistas internacionales, el vacío dejado por los soviéticos es lo peor que podía pasar.
La sensación de que la humanidad entraba en una etapa gloriosa, sin conflictos ni enfrentamientos entre bloques, duró apenas unos meses para ser reemplazada por la más absoluta imprevisibilidad.
El 17 de enero de 1991 será interpretado, acorde con lo que ocurra en los próximos meses, como la última gran demostración de fuerza de otro super poder en decadencia, o como la ratificación de que solamente existe una megapotencia capaz de imponer respeto y su visión del orden en todo el
planeta. O bien Estados Unidos, sin ningún poder equivalente que contenga su extraordinaria capacidad militar se convierte en el eje de un nuevo orden, o bien el retroceso económico originado en esta actuación a escala planetaria permite que Japón y Europa lo superen en términos de poder económico y financiero. En términos de puro análisis económico esta es una falsa opción: a pesar de los actuales problemas, EE.U.U. sigue siendo la principal economía del mundo, y de lejos la única capaz de exhibir y ejercer el correspondiente poder militar y político.
Tal vez la clave sea la sempiterna tendencia aislacionista presente en el pueblo norteamericano. Si la opinión dominante entiende que cesado el peligro comunista, no tiene sentido que el país sea el gendarme planetario.
Es el reino de la geoeconomía, en la expresión acuñada por Edward N. Luttwak del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales de Washington. La Guerra Fría ha terminado, y con ella se ha desvanecido la geopolítica. Los estadounidenses creen que Japón es una amenaza mayor que la URSS; los japoneses tienen como meta superar a E.E.U.U.; franceses e ingleses temen al
resurgimiento alemán. Lo que viene es la guerra por medios comerciales. La obtención de intereses nacionales ,en detrimento de otras naciones, a través de la variada panoplia de armas que ofrecen la política económica y los mecanismos comerciales.
Si la geoeconomía está de moda y la geopolítica pronto será un anacronismo, es porque seguirán existiendo guerras y conflictos violentos, pero la verdadera dominación se planteará en términos económicos, de hegemonía comercial La competencia entre los grandes bloques será feroz y en su momento, originará enfrentamientos armados, con lo cual el ciclo tradicional de guerras habrá de
recomenzar.
En lugar del devastador enfrentamiento nuclear entre dos superpotencias, el riesgo surge hoy de multitud de potenciales conflictos regionales, étnicos y religiosos en todas las latitudes del planeta La incertidumbre total reemplaza al antiguo y conocido terror. El estallido del imperio soviético puede dejar fragmentos con armamento nuclear, el avance democrático en la antigua Europa
Oriental puede tener retrocesos; el viejo enfrentamiento Este, Oeste deja lugar al sumergido pero real conflicto Norte,Sur.
Las viejas reglas han caducado; las nuevas todavía no se conocen. Las oportunidades del mercado global desaparecen por la inestabilidad política en muchas naciones, pero también por las tensiones ,liberadas, a partir de ahora, entre las naciones mas prósperas y entre los gigantescos bloques comerciales que ellas están gestando.
El GATT, muerto e insepulto
Fue certera la profecía de Lester Thurow en 1989: “el Gatt está muerto”. El 1 de marzo caducó la autoridad del Presidente Bush para negociar un acuerdo comercial integral. La facultad revierte otra vez al Congreso, donde el humor es contrario a una extensión del plazo (hay una remota posibilidad:
si se demuestra que los europeos hacen importantes concesiones en materia agrícola) y donde el proteccionismo más feroz campea sin restricciones.
El mundo en desarrollo con 75% de la población mundial y apenas 25% del producto bruto mundial, confió en la liberalización del comercio global y en el desmantelamiento de los subsidios en las economías prósperas.
La Ronda Uruguay del GATT (iniciada en 1986) colapso totalmente y ya no hay duda de que la década estará signada por la presencia de pocos pero poderosos bloques comerciales que impondrán nuevas reglas de juego.
Europa Occidental representa 43,5% del comercio mundial; América del Norte, 15,5%; Asia (incluyendo a Japón y los “4 dragones”), 23,5%; el antiguo bloque soviético, 7%; el Medio Oriente, 3,5%; y Africa, 2,5%.
América Latina, participa con 4,5% del total. El comercio global durante 1990 significó US$ 4 billones (millones de millones).
Los productos industriales tienen 57% del intercambio total; los agrícolas, 11%; los mineros, 9,5%; el sector servicios, 15% ( es el de más rápido crecimiento y ya suma US$ 600 mil millones anuales).
El futuro es previsible: Washington recurrirá masivanente a la Super Cláusura 301,un engendro que viola abiertamente las reglas del GATT. La CEE, con la “fortaleza” europea en construcción, responderá con mecanismos similares. El multilaterismo entra en un cono de sombras y el bilaterismo más estricto tendrá su hora triunfal.
Para Argentina y América Latina, las alternativas son: acelerar la integración regional, explorar y aprovechar al máximo las posibilidades de la Iniciativa Bush para las Américas; y desarrollar alianzas con países interesantes como Japón, España o Italia.
El reaseguro democrático
Es probable ,todavía hoy, que la mayoría de los empresarios prefiera al peronismo en el gobierno (por lo menos al peronismo de Menem). Pero si el electorado decidiera otro rumbo, no habría ninguna catástrofe.
Solamente sería necesario incorporar como presupuestos del accionar cotidiano, lo que el eventual ganador puede y quiere hacer.
Una derrota electoral del gobierno no sería el fin del mundo.
Es natural que los empresarios estadounidenses quieran ver a los Republicanos en el gobierno. Pero si les toca a los Demócratas, no hay tragedia Lo mismo ocurre con banqueros e industriales británicos: prefieren que la cabeza del partido “tory” se instale en 10 Downing Street, pero si es el
turno de los laboristas, traducen larealidad polftica a nuevos costos y modos de funcionamiento, y siguen adelante. Igual en Francia Alemania Italia o cualquiera de las economías de vanguardia.
Lo más importante es la previsibilidad del sistema. El único y verdadero desastre sería la ausencia de alternativa. En Argentina, afortunadamente existe la alternativa.
Sería preferible que no fuera considerada “el mal menor”. Para ello se requiere un esfuerzo especial del principal partido de oposición. Nadie cuestiona las credenciales democráticas del radicalismo. Lo que está en tela de juicio es si tiene una propuesta económica (aunque no sea 100% del agrado del ámbito empresarial) creíble y viable.
Esa asignatura está pendiente y el tiempo del examen se aproxima.
La mano visible del mercado
Hay una enorme contradicción: justo cuando en el país , y en la región, se abraza con entusiasmo la plena libertad de los mercados, la apertura irrestricta de las economías al mundo externo, y el achicamiento del papel del Estado, los presuntos paradigmas de la “mano invisible” sepultan algunos conceptos esenciales y retornan al más crudo intervencionismo. Como suele ocurrir, lo razonable parece estar a mitad de camino.
En América Latina estamos incorporando, con fervor de cruzados, ideas y conceptos que el mundo industrializado deja de lado o que tienen vigencia pero con importantes modificaciones al modelo teórico que fascina en nuestras latitudes.
Nadie duda en clasificar a Japón como un ejemplo de los logros del capitalismo, y sin embargo Adam Smith tendría dificultad en reconocer las características esenciales de su propuesta en la vida económica de ese país.
Alemania , por lo menos la Federal hasta hace pocos meses, es percibida como campeona del libre mercado aunque mantiene 1200 subsidios a la producción industrial y destina US$ 7 mil millones anuales a subsidiar el carbón local, más caro que el de otros productores.
La Gran Bretaña de Margaret Thatcher demostró todo lo que puede andarse en materia de privatización y reforma del Estado, pero contra la simplificación excesiva de algunos teóricos, el experimento fue la más cabal reafirmación del papel esencial e irrenunciable del Estado como regulador y árbitro de los intereses en conflicto en el seno de una sociedad.
En Estados Unidos hay una fuerte reacción de la opinión pública y también de sectores económicos,
contra lo que se cree “abusos” de la desregulación. La crisis del sistema financiero ,ver página 31,; la situación de la aviación comercial; y la insuficiencia en materia de viviendas económicas, de prestaciones de salud y de educación, ha provocado un replanteo de fondo.
El fracaso de la Ronda Uruguay del GATT ,y el proteccionismo que campea en el Congreso estadounidense, amenaza con acotar el libre comercio mundial y confirma el surgimiento de megabloques comerciales, cerrados y hostiles.
En Argentina existe, en teoría, plena libertad de los mercados cambiarios, pero se recurre a la “flotación sucia”. No hay precios máximos, pero se diseña un mecanismo casuístico y por ende arbitrario, para intentar controlar los aumentos considerados desmedidos. La hipótesis es que quien eleva los precios en demasía será sancionado por el mercado que dejará de comprarle. Aquí, como no hay certeza de que ello ocurra (o por el contrario, porque sí estamos seguros de que no funcionará) se recurre al “garrote y la zanahoria”.
Es tiempo de sincerar el panorama: el modelo capitalista en estado puro, la absoluta vigencia del libre mercado, no existe en ningún país y no ha existido en ningún momento. Habrá que desterrar otro ideologismo peligroso por las frustraciones que acumula y aceptar la realidad. Lo mejores la libertad de los mercados, pero como toda libertad, está condicionada.
La xenofobia en Estados Unidos
Junto al auge de las teorías sobre globalización de la economía, menor importancia de las fronteras nacionales y creciente interdependencia, coexiste una nueva xenofobia de empresarios y opinión pública estadounidense.
Alimentada por resonantes adquisiciones de firmas japonesas y europeas en el mercado local, el Congreso y sectores influyentes reclaman “mano dura” con los inversionistas foráneos.
Los mismos argumentos que hace dos décadas debieron enfrentar las multinacionales estadounidenses en América Latina, Europa o el resto del mundo, se utilizan ahora dentro de E.E.U.U., el campeón del libre flujo de capitales.
La modificación Exon-Florio a la ley general de comercio, pretende otorgar mayor poder al Presidente para bloquear adquisiciones extranjeras de firmas locales con el argumento de preservar la seguridad nacional, un territorio difuso por naturaleza. Se redoblan las investigaciones impositivas a firmas extranjeras; se intenta establecer un registro de control e inscripción de la inversión foránea;
y se pretende prohibir la actividad de firmas extranjeras en el campo del “lobby” para evitar que influyan sobre la legislación que puede afectarlas.
El colosal aumento de la inversión extranjera en años recientes, se ha identificado ,fundada o infundadamente, con la decadencia económica del país y de su hegemonía industrial. Más aún, se la considera una amenaza a la soberanía nacional.
La inversión externa representa un porcentaje de la actividad económica estadounidense inferior al que exhibe en países europeos . Los activos foráneos en E.E.U.U. son prácticamente iguales ,o menores a valores actualizados, que los activos estadounidenses en el exterior. El aporte extranjero ha modernizado la industria y la gerencia en E.E.U.U., al par que ha aumentado las exportaciones locales y la competitividad del país. De persistir esta tendencia discriminatoria puede haber represalias contra las firmas de E.E.U.U. que operan en otros países.
Si las actuales condiciones de la economía estadounidense no resultan atractivas para el capital externo, la situación puede complicarse si se advierte un clima claramente xenófobo. El capital extranjero controla US$ 2 billones (millones de millones) en activos estadounidenses, de los cuales US$401 mil millones son inversión directa.
El resto es colocación financiera.
El papel de la inversión extranjera estará en la agenda en las próximas elecciones presidenciales de 1992.
Petróleo, oportunidad para Argentina
Si en cada crisis hay una oportunidad, la nueva situación petrolera mundial ofrece excelentes posibilidades al país. La petroquímica ,madre de industrias, ofrece el potencial exportador que se requiere con urgencia. Embrollados en la búsqueda de una huidiza estabilidad, no se presta debida atención al crecimiento.
La guerra del Golfo Pérsico genera serias dificultades para algunos países, y excelentes oportunidades para otros. En todo proceso hay ganadores y perdedores.
En América Latina, Venezuela y México son ganadores netos. Brasil ,que importa 600.000 barriles diarios, resulta perjudicado (esta desventaja puede incentivar y estimular el proceso de integración con Argentina).
El país tiene razonables reservas de petróleo y abundante gas natural. Pronto crecerán las reservas como resultado del Plan Houston, a cargo de empresas extranjeras, que está en pleno funcionamiento. Los costos de producción, que desde la década pasada eran inferiores a los precios internacionales, lo son ahora más en relación al actual nivel de precios.
Es decir, que se cuenta con eficiencia internacional, aunque con márgenes más reducidos que los grandes productores.
La incidencia de la mano de obra ,con el salario expresado en dólares, incrementa la eficiencia.
Hidrocarburos económicos y salarios competitivos, permitirán un Gran desarrollo de la petroquímica, industria de industrias, que forma un árbol de hasta 3.000 productos de demanda mundial.
El país podrá aprovechar al máximo, las ventajas comparativas en áreas de alto valor agregado y demanda universal sostenida. Okita estaría totalmente de acuerdo.
Tres tendencias para la década
Hay tres tendencias que se perfilan, nítidas, para la década de los ´90 y que obligarán a reformular el contenido y el accionar del capitalismo:
* el auge de las alianzas corporativas.
* La nueva gravitación de los accionistas.
* La redefinición del papel del Estado en la economía
En Europa Oriental hay desesperación por imitar, por copiar, el modelo capitalista que ha dado prosperidad a los países industrializados. Lo mismo está ocurriendo, con matices, en América Latina y en Asia. En tanto, en el corazón del mundo capitalista se está produciendo una transformación que
puede tomar irreconocible el modelo actual.
Con el fin de los “takeovers” y fusiones, aparece una nueva modalidad de acción interempresaria. Las alianzas entre gigantes, entre mega corporaciones, es el más serio intento por planificar coordinadamente el crecimiento, cooperativar el riesgo y las eventuales ganancias, y además, minimizar la incertidumbre. Curiosamente, lo esencial de las alianzas es la planificación, la idea básica de las economías centralizadas y la más denostada ,hasta ahora, en la teoría económica convencional. Lo esencial es planear el uso compartido de información sobre el mercado y sobrenuevos productos.
La alianza no involucra una operación típica de mercado, ya que no se paga un precio por determinada porción cuantificable de pericia tecnológica o de mercadeo. En la alianza, lo que asegura el buen funcionamiento es el intercambio y la negociación.
Los gerentes fueron acusados de anquilosar las empresas. La reestructuración de los ´80, con la secuela dejada por fusiones y “junk bonds” o bonos basura trae otras consecuencias. Los grandes accionistas son ahora los fondos de inversión, y están reclamando algo más que control. Quieren menos poder gerencial, mayor intervención de los accionistas en el directorio y más atribuciones de la asamblea de accionistas, a la que, crecientemente, se le deben someter mayor número de cuestiones. La presión de los accionistas puede ser la fuente de eficiencia empresarial en esta década.
La repercusión de éxitos como el de Japón o Corea, ha puesto sobre el tapete temas como la necesaria existencia de una política industrial, las áreas en las que debe actuar el gobierno, mecanismos de promoción y estímulo, criterios de regulación y arbitraje de intereses antagónicos.
El valor del dólar
En el mundo, lo que importa no es lo que se compra con un dólar. Lo esencial es lo que se gana con un dólar, el interés que produce y las expectativas que hay sobre rendimiento financiero. En Argentina la obsesión con el dólar ,que fácticamente es la moneda nacional, y la perversa relación entre la tasa de cambio y la de interés interno, hace que este fenómeno del mercado mundial no se perciba con claridad.
El dólar se ha depreciado, frente a las principales divisas, a lo largo de 1990. La devaluación no tiene que ver con la clásica teoría de las 3 P (Purchasing Power Parity) que consiste en comparar cuánto cuesta un producto en Estados Unidos, y cuánto vale en Alemania, Japón o Inglaterra y entonces hacer el cálculo de cuántos dólares significa el precio en marcos, y en o libras. Es evidente que una hamburguesa de Mc Donald´s cuesta más en París que en Nueva York.
Aplicando ese criterio técnico, es obvio que el dólar está subvaluado y que debería recuperarse rápidamente.
En verdad lo que importa lo que fija las distintas paridades de las divisas es cómo se comercializan en el mundo (diariamente se transan operaciones equivalentes a US$ 500 mil millones. Las reservas en poder de todos los bancos centrales del mundo alcanzan a poco más de la mitad: US$ 260 mil
millones), según las tasas de interés que se pagan en cada plaza y conforme al ingrediente psicológico del mercado.
Es cierto que en E.E.U.U. hay serios problemas: imposibilidad de reducir el déficit fiscal, aumento de impuestos, mayores costos ,y riesgos políticos, por la guerra del Golfo.
Pero también lo es que la devaluación del dólar es conveniente para licuar la deuda (interna y externa) y para reducir el déficit comercial, ya que están aumentando rápidamente las exportaciones.
Desde su más alto valor en 1985, el dólar se depreció en 50% frente al yen y en 60% frente el marco alemán. La perspectiva es que continúe declinando durante los próximos tres meses. Hacia fin de año, hay consenso entre los analistas: recuperará parcialmente su valor.
Después de la guerra
La guerra del Golfo terminó con el resultado que era previsible a finales de febrero, nadie discutirá entonces que E.E.U.U.. es una megapotencia. La única que existe. En este marco, comienza un periodo que merecerá llamarse “Pax Americana”.
Los europeos percibieron esta posibilidad desde el principio.
La renuncia a acompañar el esfuerzo bélico en su etapa inicial, tuvo que ver con este posible desenlace que se hubiera preferido evitar con una tregua arreglo o retirada iraquí.
El endurecimiento de Francia , totalmente belicosa, en las últimas semanas del conflicto, tiende a no quedar descolocada. Tras la súbita colaboración económica de alemanes y japoneses está el mismo temor. Gran Bretaña, en cambio, volverá a la “relación privilegiada”.

