martes, 16 de junio de 2026

    Táctica de corto plazo, pero nunca una política

    Opinión |

    Siempre hubo inversiones relevantes que destacar en cada edición de “Los 100 Protagonistas”. Pero nunca gravitaron tanto en este listado como en este año. 40% de los 100 fueron seleccionados precisamente por esta característica como rasgo principal.
    Lo que no deja de sorprender, habida cuenta que la inversión extranjera directa en el país no ha sido significativa en los últimos años, en comparación con otros países de la región.
    Más extrañeza todavía si se repara en que acabamos de recorrer un año electoral donde la prudencia prima en todas las decisiones empresariales, y en un contexto internacional preocupante.
    Es esta presencia notoria la que le ha dado un tono especial a los elegidos de este año.
    Sectores dinámicos de la economía, mercados verticales de buen comportamiento, y actividades que ayudan al crecimiento de las exportaciones en un mundo en el que los productos básicos parecen encontrar demanda y buen precio por muchos años más.
    La mejor explicación parece estar en los esfuerzos del Gobierno por nivelar la balanza comercial, y la consecuente actividad desplegada por Guillermo Moreno desde la Secretaría de Comercio Interior –aunque con procedimientos heterodoxos y hasta cuestionables– que parecen haber tenido éxito.
    Si se analiza el listado de inversiones anunciado se comprobará que, en buena medida, se deben a la necesidad de compensar importaciones con exportaciones, a la exigencia de cada empresa muestre una balanza comercial favorable o al menos equilibrada.
    Por el mismo camino se explican las numerosas inversiones en el campo de la electrónica y las telecomunicaciones en Tierra del Fuego.

    El problema a superar
    Es común que las extorsiones funcionen. Pero no se las puede convertir en una política.
    Guillermo Moreno es el instrumento de un Gobierno que enfrenta un serio problema: el tipo de cambio está retrasado y eso resiente la competitividad.
    Depreciar ahora la moneda tendría muchos problemas: no hay capacidad ociosa instalada, la inflación es muy alta y existe un déficit fiscal que ya no se puede enjugar ni con plata de jubilados ni con reservas. Todo esto, mientras la demanda global empieza a encogerse por la crisis europea, que reduce los mercados de exportación de China y desaceleran su crecimiento, así como su necesidad de importaciones.
    Ahora bien, siempre que hay retraso cambiario se hace difícil exportar y, en cambio, la importación inunda el mercado interno. Hoy no existe la primera parte de ese fenómeno porque los precios de las materias primas están (todavía) muy altos y ofrecen margen para conservar mercados achicando márgenes. El tipo de cambio saca del mercado internacional a productos argentinos con valor agregado pero, afortunadamente, los commodities nos dan margen de maniobra.
    En cambio, estamos expuestos a la oleada importadora, con su consecuencia de quiebras y desempleo. Para frenar esa oleada, el Gobierno practica una suerte de “devaluación para-arancelaria”, poniendo barreras arbitrarias a la importación. Hace que importar sea tan difícil como lo sería si nuestra moneda no estuviera sobrevaluada.
    Una de las restricciones es: “Ud. no importa autopiezas si no exporta maníes”. Claro que eso funciona. Pero no es una política perdurable.
    Además, el gran problema es que el Gobierno puede prohibir la entrada de iPad o whisky pero, por efecto de su calamitosa política energética, el país está condenado a importar energía a 10 veces el costo interno. Poner topes a la rentabilidad de quienes explotan en el país nos ha convertido en importadores, y en la balanza comercial eso tiene un impacto incomparable con el que tendrían las otras importaciones prohibidas o restringidas.
    Sin duda Moreno es eficiente en la implementación de una táctica de corto plazo para posponer los efectos de una situación crítica. Pero es un mecanismo que se agota.