martes, 16 de junio de 2026

    Falta liderazgo y se agota el tiempo

    Opinión |

    Lo más llamativo de la nueva crisis global (o la misma de hace dos años, como se prefiera), es la falta de liderazgo que impide que se tomen medidas correctivas en serio, y no simples aplicaciones de maquillaje cosmético.
    Durante estos últimos años, las mayores economías del planeta –Estados Unidos, China, y las de la Eurozona– no han abandonado una irritante mala costumbre: “correr la arruga”, como decimos por estas latitudes. Sigen eludiendo las duras decisiones requeridas para encarar fundamentales problemas socioeconómicos, financieros y fiscales
    Así, EE.UU., ha ido postergando la consolidación presupuestaria y otras reformas estructurales (inversiones de capital, educación, cambios en política energética), necesarias para reconstruir tasas potenciales de crecimiento. En cuanto a la Eurozona, insiste en negar el hecho de que algunos de sus miembros son insolventes –sucede también en la Unión Europea– e incapaces de sobrevivir o expandirse en un contexto de unión monetaria.
    Por su lado, China se aferra a una moneda subvaluada (insisten Washington y su aliado Londres). En ese caso, para sostener un modelo de “capitalismo darwiniano” basado en alto ahorro y demanda baja. Ahora, la “santa alianza” yüan-yen replantea la relación Beijing-Tokio y no en favor de Occidente.
    En las cuatro instancias, interactúan factores geopolíticos muy diversos. Por ejemplo, un año electoral en EE.UU. y Francia o una transición en los altos mandos chinos. Ambos componentes obran sobre un trasfondo de crisis en la UE, a su vez centrado en los diecisiete socios de la Eurozona.
    Todo ello subraya severas dificultades para coordinar esquemas coherentes en un trasfondo volátil. Como le ocurre a la canciller alemana Angela Merkel, también presionan internas parlamentarias tras un año de comicios desfavorables. Esta conjunción de síntomas lleva a que los dirigentes de los principales países en la Eurozona eviten problemas cortoplacistas y costos políticos de decisiones cuyos beneficios recién se percibirán a mediano término.
    Según un trabajo interno de Harvard, cuyo departamento de economía incluye a Kenneth Rogoff, esta gama de contradicciones se hará patente en 2012. Entonces, patear la pelota adelante se evidenciará como un juego de suma cero.
    Si la demanda interna es insuficiente o las restricciones estructurales deterioran el consumo público y privado, los países claves optarán por mantener divisas débiles. Por supuesto, si unas monedas son vulnerables, las restantes deberán ser fuertes. Ello conducirá a guerras cambiarias y, luego, comerciales.
    Algunos miembros de la Eurozona y la UE podrían apelar coercitivamente a reestructurar deudas o hasta considerar salir de ambas entidades. Entretanto, una desaceleración en China-Japón arriesgará aterrizajes forzosos (obsesión de Washington).
    Los mercados norteamericanos probablemente se preocuparán más de las trabas políticas que impidan a quienes adoptan decisiones insoslayables respecto de un insostenible doble déficit.

    Sombras europeas
    Lamentablemente, la eurocrisis y su futuro incierto seguirán proyectando sombras durante 2012 y, tal vez, 2013. Aun en futurables más benignos, la masiva combinación de deuda pública y de la banca privada frustrará cualquier recuperación sustentable en las economías centrales. Pero la Eurozona se mantiene, por lejos, como la mayor fuente de vulnerabilidad sistémica. Esto descarta soluciones fáciles.
    La UE precisa una nueva constitución, otro tratado, presupuesto único, regulación, integración y un banco central verdadero. Toda integración sustancialmente más estrecha posiblemente implique excluir algunos socios menos desarrollados, al menos hasta que alcancen grados económicos más altos. En realidad, también hay “subdesarrollados” fuera de los diecisiete (Chipre, Malta, Rumania, Bulgaria). Pero la influencia de Francia, por ahora, torna inaceptable para Bruselas cortar el nudo a lo gordiano.
    Eventualmente, la propia realidad obligará a salidas drásticas, máxime si Nicolás Sarkozy pierde las elecciones francesas y Markel debe negociar con la oposición. Mientras, las cosas quedan en manos del Banco Central Europeo, cuyos instrumentos no pasan del mediano plazo. Para empeorar las cosas, la reciente cumbre de la UE tiene una lectura alarmante: salvo Grecia, los rescates parcialmente a cargo del sector privado quedan descartados, Es un absurdo, pues un sistema que no permite salvatajes no tiene sentido.