lunes, 15 de junio de 2026

    Desplegar el potencial

    Ideas y debates |


    Alex Rovira
    Foto: Gabriel Reig

    En un mundo falto de garantías y necesitado de valores, el talento se redefine, junto con las formas de relación y comunicación, atravesadas por las pautas que imprimen las redes sociales.
    En el marco del foro sobre gestión del capital humano “El mapa del tesoro”, organizado por Grupo Rhuo, los oradores analizaron la construcción de un nuevo paradigma en RR.HH. y la innovación en el desarrollo de las personas.
    El seminario contó con la participación especial del conferencista español y experto en Self Management Alex Rovira, licenciado en Administración de Empresas y autor de diversos libros de reconocimiento mundial, quien conversó con Mercado sobre múltiples temas referidos al capital humano.

    –Existe una multiplicidad de elementos en la reflexión sobre RR. HH. Talento, convivencia entre generaciones, balance entre vida laboral y familiar… ¿Los temas van cambiando de acuerdo al paradigma que está en vigencia en cada momento?
    –Van cambiando de acuerdo a las modas. A veces se pone de moda una palabra… pero la esencia es la misma y lo fundamental es el despliegue de potencial.

    –¿Cuáles son las palabras que están de moda ahora?
    –En lo referido a gestión de personas, diría ad performance, alto rendimiento, gestión de la crisis, gestión de la incertidumbre, gestión del cambio. Y por supuesto, el despliegue de potencial, con Sir Ken Robinson a la cabeza, y el management, la gestión de la comunicación y del desarrollo personal.

    –Y las escuelas de negocios ¿están avanzando en este sentido o se mantienen ajenas a estos procesos?
    –Creo que están avanzando porque se han dado cuenta de que han alcanzado su umbral de máxima competencia en lo referido a formaciones técnicas. Es decir, aprender marketing o finanzas es muy fácil, es una competencia mental. Pero en las escuelas de negocios son conscientes de que ahora lo importante se llama talento, se llama talante, inteligencia emocional, inteligencia social… incluso inteligencia espiritual, en el sentido del compromiso, del respeto al medio, de dejar un legado, de no esperar un crecimiento ilimitado en un mundo limitado.
    Por lo tanto, es necesario potenciar el valor de las personas, porque eso sí es ilimitado. Y creo que hay una corriente humanista. Esta no es una crisis económica, es una crisis de valores. Es una crisis de consciencia, de especulación, de indecencia, y por lo tanto hay personas diciendo “hay que hacer las cosas distintas si no esto se hunde”. O sea que lo que no se cambia por convicción se cambia por obligación.

    –¿Cómo se hace para tener una visión de futuro, que permita planificar, en un mundo que cambia permanentemente y donde predecir es muy difícil?
    –Creo que la visión es independiente del mundo. La visión se caracteriza por la convicción, por la determinación. Luego, con independencia de lo que pase, se intenta labrar ese proyecto. Y para mí las dos variables que mejor explican el liderazgo (luego vienen otras) son, primero, la integridad, la ética; es decir, ser coherente, predicar con el ejemplo, cumplir los compromisos, tratar bien a la gente, respetar su dignidad, darle alas, cuidar, amar. Pero no ya porque es lo que más fideliza, sino porque es como debe ser.
    Y segundo la visión, decir qué queremos ser y qué nos une para ser eso que queremos ser. Y si solo nos une el ganar dinero, acabaremos todos mal. Es necesario buscar no solo rentabilidad económica, sino rentabilidad social.

    –Pero seguramente planificar es difícil, porque, por ejemplo, explota el mundo árabe y todo cambia…
    –Y, sí, todo cambia. Y el mundo se acababa hace un mes por Grecia y luego por Italia y hoy por España… pero el mundo sigue.
    Yo pongo el énfasis en el sujeto más que en el entorno ¿sabes cuáles son las principales características que busca la Nasa para sus astronautas, que viven en un entorno de máxima incertidumbre? La primera es carácter optimista, aunque anclado en la lucidez. La segunda, carácter responsable; es decir, resolución y determinación a la hora de dar respuesta a una crisis. La tercera, confianza en sí mismo, que no es arrogancia. Cuarta, espíritu emprendedor. Quinta, coraje y audacia. Y sexta, capacidad de separar la duda del miedo, porque el miedo es emocional y la duda mental.
    Entonces, sea cual fuere el entorno, lo importante es preparar a seres humanos flexibles y en los que la habilidad que prevalezca sea la capacidad de comunicarse y articular un buen vínculo con el otro.
    Por eso, soy absolutamente partidario de la psicología aplicada al ser humano. Conocer quién es, su potencial, y desde ahí empatizar. Porque si no hay empatía, no hay nada y vemos al otro como un enemigo; se convierte en un cerebro binario, que es el que ha permanecido mucho tiempo en la gestión empresarial.
    Creo que hay dos grandes paradigmas: el del depredador y el del jardinero. El depredador es el que busca el beneficio a corto plazo y no le importa el entorno. El jardinero sabe que tiene un compromiso, que si extrae algo del medio tiene que devolverlo, ya sea en una contribución económica, en depuración, en reciclaje. Si no vamos hacia este paradigma esto se hunde.
    Estas capacidades no son mentales; la comprensión racional de los principios que ayudan a gestionar la existencia no garantiza su puesta en práctica. Porque saber no implica hacer. Personalmente, a través de Esade, que es la escuela de negocios con la que colaboro, estamos haciendo mucho trabajo de formación psicológica no solo teórica sino aplicada, operativa.

    –O sea que se redefinió el concepto de talento. ¿Cuál sería su definición actual?

    –Durante mucho tiempo, se ha puesto el énfasis en el saber y en el poder, y a esto se lo ha llamado inteligencia lógico-racional, talento. Hoy el talento se ha convertido en un commodity; hay muchas personas con talento. En un entorno de crisis y donde todo está en cuestión, lo que manda es el talante presente, la creatividad y el talante a futuro.
    Para mí el talento implica no solo las inteligencias lógico-racional, operativa y práctica, sino que es necesario incluir la inteligencia emocional y la social, la inteligencia creativa y la espiritual.

    –¿Cómo considera que se reacomodará la situación actual?
    –Lo que no se reacomoda por convicción, viene una crisis y lo acomoda. En España hemos comprado con dinero que no teníamos cosas que no necesitábamos, con el aval de activos que no valían lo que costaban, en un sistema financiero no regulado y muy mal gestionado políticamente. Lo que no se ha hecho con consciencia, la realidad lo está poniendo en su sitio.

    –¿Se previó lo que podía pasar en España?
    –Algunos lo previmos, hace seis años. Pero nos querían callar cuando escribíamos denunciando que había una burbuja inmobiliaria y financiera y que todo estallaría.
    Se veía venir… pero es que es de sentido común. Yo decía: “El precio de la vivienda viene aumentando a dos dígitos desde hace 11 años, cuando los salarios aumentan a la tasa de la inflación, 3%”.
    El parque de viviendas no es como un yogurt o un agua mineral, que se consumen. Es un stock que permanece por lo menos un siglo, que se va acumulando. Era imposible que una vivienda de 60 m² en Barcelona o Madrid costara US$ 1,6 millones. No era sostenible.

    –Y ¿cómo se lleva a cabo este cambio de paradigma dentro de una empresa? ¿Cómo se gestiona?
    –Solo es posible esa implantación si el que manda tiene la convicción de que hay que hacerlo. Sea por competitividad adaptativa o por convicción personal. Yo me encuentro con clientes que han llegado a eso porque han pasado por una crisis personal devastadora. Los grandes cambios organizativos nacen de lo cotidiano.

    –Y las escuelas de negocios o quienes forman a los futuros ejecutivos ¿tienen una responsabilidad en este cambio?
    –Tienen mucha responsabilidad. Como la tienen el legislador y el gobernante.
    La historia de la humanidad es una evolución dialéctica donde las crisis son inevitables. Crisis viene de crisálida, de crisol, de transformación, de evolución, de alquimia. Lo que pasa es que venimos de dos años de ciclos de políticas expansivas por financiación y eso ha generado un falso financiamiento en un doble ciclo que ha sido impostado por apalancamiento financiero. Pero es precisamente en las crisis cuando muchas personas se plantean cambiar de hábitos.

    –La sensación es que esta crisis es especial, porque se ha perdido todo referente anterior y será necesario pensar un mundo en el que lo permanente sea la incertidumbre. ¿Es así?
    –Siempre ha sido así. Pero ahora hay distintos factores que confluyen.
    Aumento de la población, en consecuencia escasez de recursos elementales, mayor reparto necesario…
    Y sobre todo, la velocidad brutal que nos han dado la tecnología y las redes sociales. Este es el un nuevo paradigma en el que estamos entrando. ¿Cómo será? ¿Adónde nos llevará? No lo sé, porque confluyen mil variables.
    Va a cambiar la polaridad económica, Estados Unidos va a caer y van a subir Asia y América latina, con Brasil al frente. Se va a dar vuelta el mundo completamente. La vieja Europa está en el medio, perpleja, sin saber gobernarse, gestionarse, sin saber qué quiere ser, con una moneda única pero sin nada más único.
    Vamos a vivir mucho más tiempo, la esperanza de vida será de 102 años en los hombres y 106 en las mujeres, dentro de unos 20 ó 30 años.
    Los combustibles fósiles tenderán a desaparecer y quedarán solo para el transporte aéreo. Y vamos a funcionar con energías alternativas necesariamente porque no habrá de dónde tirar.

    –Del nuevo paradigma de relación que avanza de la mano de las redes sociales ¿hay algo que pueda tomarse e incorporar al interior de una organización?
    –Por supuesto, pero ¿sabes quién lo va a hacer? El chaval que ahora tiene 14 años; dentro de seis, lo va a introducir en una multinacional. Lo que pasa es que los que están llevando adelante la comunicación tienen treinta y pico… Es decir, las tecnologías son tecnologías solo para aquellos que han nacido después de su emergencia. Quienes han nacido en paralelo con ellas, ya no las consideran “tecnologías”; son una solución habitual.
    Y las relaciones tenderán a ser más simétricas, multipunto.