ANÁLISIS | Perspectiva
Por Rubén Chorny
Los contundentes resultados de las primarias de agosto dejaron a la elección presidencial en ciernes, hueca de campañas políticas y clima de debate.
Hasta la inflación, que era un número puesto de controversia entre oficialismo y oposición, se mudó a escenarios distantes y no tradicionales, como:
• A Comodoro Py, donde un juez en lo Penal Económico exhorta a los diarios a identificar a los periodistas que escriben sobre los precios;
• A Washington, donde el FMI insiste en cuestionar los índices oficiales.
Ni siquiera en la nerviosa city se toca hoy, libre de eufemismos, el tema de la inflación. Más bien, operadores, “arbolitos” y compradores “hormigas” de dólares juegan al gato y al ratón con los inspectores que destacó la AFIP para obstaculizar el drenaje de divisas.
Sí, en cambio, los estudiosos de los temas fiscales comenzaron a escarbar señales en el cantado recambio gubernamental en ciernes. Tratan de definir posibles escenarios por los que transitará la economía nacional en 2012. Un año clave si se tiene en cuenta que sobrevuela la crisis financiera internacional sobre el comercio mundial y amenaza al blindaje regional imaginario constituido entre Brasil y la Argentina.
Las dudas que se intentan desgranar con lápiz y papel en la intimidad de las consultoras económicas pasan por:
¿Qué hará el Gobierno de consolidarse la recesión mundial, con caídas de las cotizaciones de los commodities, entre ellos, la soja, lo cual hará perder peso a los balances comercial y fiscal del país?
¿Hasta dónde la futura administración está dispuesta a moderar el crecimiento, motorizado por un gasto público que trepó hasta el nivel más alto de los últimos 40 años, y que se cubre con una presión tributaria también en un récord histórico?
¿Habrá que acudir sí o sí a un financiamiento externo que, por ahora, la Argentina tiene lejos del alcance de la mano?
Desacelerar el gasto
Luciana Díaz Frers, directora de Política Fiscal de Cippec –Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento– , se puso a buscar pistas concretas en el proyecto de presupuesto del ejercicio venidero, que ingresó casi silenciosamente al Congreso en setiembre. Rescata de su letra “una promesa de desaceleración relativa del gasto, ya que se espera un aumento de 22,5 % en los ingresos públicos mientras que los gastos aumentarían casi 19%.
Se trata al menos de una posición documentada.
Comenta al respecto que “contribuiría a moderar el ciclo y generar el superávit necesario para amortiguar los efectos de una potencial crisis local”.
Siguiendo también los rastros concretos que trasunta el proyecto oficial, Soledad Pérez Duhalde, de abeceb.com, saca como conclusión que este año ya está financieramente “abrochado”, con Anses y el Banco Central como las dos principales fuentes de las que se nutre el fisco.
Descarta, contra muchas de las conjeturas que venían imaginando sus colegas, la alternativa de acomodar las tarifas, ya que “no aparece como política dentro del presupuesto”.
También podría ocurrir lo que desconfía la especialista de Cippec: que “el compromiso asumido con la aprobación del Presupuesto pueda ser fácilmente modificado mediante el uso de superpoderes y Decretos de Necesidad y Urgencia (DNU)”, pero el puño y letra en el proyecto presupuestario es del hombre que institucionalmente estará más cerca de la primera mandataria: Amado Boudou.
Variantes estadísticas
Todos los analistas privados auscultan en las entrañas de posibles cajas de recursos extraordinarios, como obras sociales, seguros, ART y hasta en el comercio de granos, alguna musa inspiradora para la creatividad kirchnerista que reconocen en sacar siempre algún conejo de la galera.
Aun con estas aprensiones, los principales estudiosos de las cuentas fiscales consultados por Mercado coincidieron en que la dinámica de crecimiento que trae el gasto público ya no será sostenible en el tiempo.
Maximiliano Castillo, de consultora ACM, advierte que “en cinco años el consolidado trepó más de 10 puntos: de 25 a 35 del PIB. El ritmo real de aumento no se va a poder seguir sosteniendo con ingresos corrientes y no será fácil conseguir más recursos. El Gobierno comprende esta realidad más allá de los disensos. Sería beneficioso que lo internalice”.
Marina Dal Poggetto, del estudio Bein y Asociados, pondera la magnitud del gasto, su calidad y desglosa la estructura: “Estamos arriba de 40% del PIB, sin municipios ni beneficios sociales; donde la inversión en obra pública es elevada aunque de productividad puesta en tela de juicio. 15% de las erogaciones son salarios, 30% jubilaciones, 16% subsidios y el restante 39% las de capital”, enumera.
Contrasta esta dinámica expansiva con la creciente recaudación a lo largo de tres décadas que la ha ido acompañando: “14% en 1980; 17/18% en 1990; 28/29% en la actual, su punto histórico más alto”.
Se conjugaron para ello “las retenciones a las exportaciones, el tipo de cambio elevado, nuevos impuestos respecto de los 90, como el del cheque y pase al Estado de las AFJP, aportes no menores en un ciclo económico con crecimiento e inflación alta”, añade.
Con este cuadro a la vista, su impresión es que “no hay espacio para subir más la presión tributaria, solo pudo hacerse a través del impuesto inflacionario y de aumentos en las alícuotas de ganancias, con lo que se logró que sea más gente la que paga. En 2008 se ensayó un esquema confiscatorio incrementando 95% la retención móvil, que ya vimos en qué terminó”.
Subsidios sociales y al consumo
Nicolás Bridger, de Prefinex, pone el acento en que “2011 se estaría cerrando con un deterioro de la situación fiscal, producto de un gasto primario que crece a una tasa superior a la de los ingresos tributarios. Los rubros que más subieron son: prestaciones de la seguridad social (37% en enero-julio respecto de igual período de 2010) como consecuencia de los aumentos en los haberes jubilatorios de la ley de movilidad, y transferencias al sector privado (igual tasa) impulsados por el significativo aumento en los subsidios a la energía (76%) y el transporte (59%)”.
Espera en tal sentido que “los subsidios a empresas totalicen $74.000 millones (4,2% del PIB) en 2011, contra $6.486 millones que sumaban en 2006”.
Piensa que por ahí habría que recortar y pegar: “Reducir el énfasis en los subsidios a empresas y concentrar los esfuerzos en paliar los efectos de la pobreza estructural (resumiendo en una frase: menos subsidios a empresas y más asignación universal). No es necesario bajar el gasto primario en términos nominales, pero sí desacelerar su tasa de crecimiento”, señala.
En ese aspecto, Pérez Duhalde pone nombre y apellidos a los que se llevan casi la mitad de los subsidios a la energía: Enarsa y Cammesa. “Por haberse vuelto inflexibles al compensar las tarifas planchadas seguirán creciendo a tasas sostenidas, lo cual por otra parte quedó implícito en el proyecto de presupuesto”, explica.
Dal Poggetto no cree en tarifazos. Calcula que los 4 puntos del PIB que representan los subsidios, que recaen principalmente en la Ciudad de Buenos Aires y el Conurbano Bonaerense, encerrarían 30 puntos de inflación, que para el Indec podría andar por la mitad, si se le transfieren directamente al consumidor. Para mantener quieta cualquier incidencia en los precios, el camino sería un ajuste paulatino, imbricado en una pauta anual de 18%.
Pone como ejemplo de la existencia de margen político para ir adecuando los valores en el transporte que “el boleto de colectivo ya tuvo dos toques en 2008 y 2009 y nada sucedió; tomando dos viajes diarios, en un mes el gasto se fue a $50, contra $40 que representaban en la convertibilidad. Claro que actualmente se estima el ingreso por habitante en $4.000 contra $700 de aquel momento”.
Punto de partida
El diciembre, el Gobierno de Cristina Kirchner deja cuatro años por detrás y, a juzgar por el amplísimo triunfo obtenido en las primarias, se aprestará a enfrentar los cuatro siguientes a partir del otro mes de reasumir.
Cinco serían las asechanzas del cuadrante fiscal:
• “Haber llegado con un fondo anticíclico prácticamente vacío, pese al crecimiento precedente, y un resultado negativo en las cuentas públicas nacionales de casi $ 12.000 millones” (según Díaz Frers),
• “Dependencia creciente del financiamiento de Anses y BCRA para cerrar las cuentas de este año, falta de avances reales hacia el regreso al mercado de capitales y presión impositiva récord” (Bridger).
• Un faltante de financiamiento de US$ 8.000 millones para 2012” (Pérez Duhalde).
• “800 de riesgo-país contra 200 de Brasil, pese al bajo endeudamiento externo de 15/ 20% del PIB. Pero son la calidad y la cantidad del gasto las que determinan la calificación, además de haber sido afrontadas con medidas que generaron protestas legales, como el uso de recursos de las AFJP estatizadas y de diferencias ganadas por el Banco Central con bonos” (Del Castillo).
• “El piso de las paritarias viene duplicando al del año pasado y está en 7 puntos de la canasta, ya que había sido de 15% en 2009; 17/18% en 2010 y 30% en marzo último, situación que requerirá de manejo político en este primer año. Exigirá cubrirlo con recursos, sin que haya demasiado margen para subirlos, y un mayor impuesto inflacionario” (Dal Poggetto).
Brasil y después
Una sexta luz amarilla habría que buscarla en el mapa, de Brasil para arriba. El principal socio está devaluando su moneda porque se prepara para una hipotética recesión mundial que afectará a su industria. Será para la Argentina, en ese nuevo equilibrio cambiario resultante, más difícil exportarle y quedará más vulnerable al ingreso de productos brasileños.
La expectativa en general de los expertos consultados está depositada, en este primer año de adaptación del ciclo económico vernáculo, a las nuevas reglas internacionales y al estrecho desfiladero fiscal en el que cierra este año.
Así, Bridger previene que “en caso de que el contexto externo no empeore significativamente, es probable que el gobierno muestre una mayor prudencia fiscal, sin hacer grandes cambios”.
Y advierte, por otra parte, que “si la situación externa se complica, el limitado margen de maniobra del Gobierno, al no haber ahorrado durante las épocas de vacas gordas ni resuelto la vuelta a los mercados, lo puede llevar a tomar medidas que amplifiquen el shock negativo”.
Díaz Frers prefiere hacer hincapié en que “la Argentina está en una buena posición para corregir el desequilibrio generado en las cuentas públicas en 2011, lo cual se torna más importante de cara a la crisis internacional”.
Y recuerda que “dada la mala reputación de la Argentina en los mercados y el escaso crédito internacional, y aprovechando el buen ciclo de los precios de los commodities, se presenta una valiosa oportunidad para tomar las precauciones necesarias por si la crisis afectase a otros países emergentes, poniéndole de este modo paños fríos al proceso inflacionario”.
Pérez Duhalde se pregunta por dónde vendrá el ajuste si no es por el lado de las tarifas. Y su duda es “cómo se va a enfrentar 2012. Ya estamos viendo que los dólares empiezan a escasear. Se sumaron tres factores: una fuerte salida de capitales, un importante descenso del balance comercial y una demanda creciente de financiamiento del Gobierno, que se está abasteciendo vía reservas”.
Dal Poggetto imagina alguna “tarjeta azul” para los subsidios de tarifas y asignaciones familiares que redistribuyan ese gasto y permitan licuarlo, lo mismo que pueda sacársele a jubilaciones y salarios en términos reales. Avizora un desendeudamiento público más convencional y cree en una combinación entre poner el gasto en una trayectoria constante, una mayor eficiencia en la asignación y un moderado crecimiento de los recursos tributarios. Considera que hay margen para ir hacia una convertibilidad tarifaria con las empresas energéticas, que proteja a las escalas más bajas, a cambio de que dejen de ser anclas de la inflación junto con la paridad de la moneda.
A Castillo le importaría más que el gobierno dé una señal concreta de moderación en el gasto sacando del cálculo los recursos extraordinarios que lo morigeraban, como los obtenidos del Anses o el BCRA.
Se esperanza en que con solo mejorar medio o un punto puede ser recuperado el superávit fiscal, que “no sería necesario de 8% como al comienzo de este ciclo, ni de 4% anterior a 2007, sino que en 2 ó 2 puntos y medio, ahí estaríamos”.




