CAPÍTULO VII | Sector social
Por Carla Bonahora

Si bien se pensaba que el pasado sería un año de –relativo– bajo crecimiento económico, las cifras del aumento del PIB mostraron la cara opuesta y como consecuencia directa durante 2010 se consiguió revertir la pobre performance de los indicadores laborales mostrada en el año 2009.
Se observó un mayor dinamismo en la generación de puestos de trabajo que llevó a una reducción de los niveles de desempleo. En tal sentido, la tasa de desocupación recorrió la tendencia decreciente, aunque el ritmo de reducción fue menor cuando se la compara con la registrada durante los primeros trimestres de recuperación.
Se prevé que la tasa de desempleo en los aglomerados urbanos relevados por la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) se ubique finalmente en torno a 7,2 % para el cuarto trimestre del año, lo cual implicaría una reducción de 1,4 puntos porcentuales (pp) respecto al mismo trimestre de 2009. Vale aclarar que dicha tasa se ubicaría cercana a la registrada al finalizar el año 2008, cuando el indicador de desempleo llegó a su punto más bajo en la última década y media de historia.
Este comportamiento positivo reciente también se ve reflejado en la evolución de la cantidad de población desocupada, que se redujo en algo más de 110.000 personas en relación a igual período del año anterior. Como resultado, el cierre de año nos encuentra con aproximadamente 1,1 millones de personas en aglomerados urbanos que aún carecen de un empleo.
De igual forma, se registró una disminución en la tasa de subocupación horaria (ocupados trabajando menos de 35 horas semanales) que pasó de 10,6% en el tercer trimestre de 2009 a 8,8% en igual periodo de 2010.
A pesar de la performance positiva en términos de reducción del desempleo, se observa un relativo estancamiento en los niveles de informalidad laboral. La tasa de no registración calculada a partir de la EPH se mantuvo cercana a los valores del año 2009, marcando 35,8% de los asalariados sin descuento jubilatorio en el tercer trimestre de 2010.
Por su parte, si se toman como referencia los datos sobre puestos de trabajo declarados en el Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) se observa una recuperación en la generación de puestos formales en el total del sistema. En efecto, se registraron tasas de crecimiento interanual en los tres primeros trimestres de 2010, luego de experimentar variaciones negativas en la segunda mitad de 2009.
Cuando se analiza la dinámica laboral a partir del índice de empleo total de la Encuesta de Indicadores Laborales (EIL) se observa un comportamiento similar para los tres sectores (industria, construcción, y comercio y servicios) durante el año 2010.
El empleo en la industria mostró una dinámica positiva durante el año. Por un lado, el índice de obreros ocupados (IOO) revirtió –aunque tímidamente– en el segundo trimestre de 2010, la tendencia negativa iniciada en el último trimestre de 2008, experimentando una variación interanual de 1,6% en el tercer trimestre del año versus el mismo período de 2009. Por otra parte, el índice de horas trabajadas (IHT) en la industria mostró tasas de variación mayores a las registradas para la ocupación, lo que permite suponer que la menor –relativa– dinámica del empleo tuvo su ajuste por incremento de horas trabajadas durante los nueve primeros meses del año.
Las subas salariales
La puja salarial disputada durante todo 2010 tuvo como resultado importantes incrementos en diversos sectores y ramas productivas, los que alcanzaron en promedio subas nominales de 26%, si bien con diferenciales de magnitud de acuerdo a la performance del sector y el convenio colectivo correspondiente.
En términos relativos, los más beneficiados por las recomposiciones salariales han sido los trabajadores formales, quienes percibieron una suba promedio de 29% interanual (noviembre 2010 versus noviembre 2009).
Los asalariados informales obtuvieron incrementos promedio de 23% interanual, aunque vale destacar que dichos aumentos parten de salarios muy inferiores a los que reciben sus pares que sí se encuentran registrados en la seguridad social. Por último, las subas en el sector público promediaron 22% interanual.
En este contexto surge el interrogante de si los incrementos percibidos se corresponden con un aumento en el poder adquisitivo de los salarios. Al respecto, cuando se compara la evolución de los salarios nominales con las variaciones sufridas en el índice de precios al consumidor (IPC) oficial, las variaciones en los salarios de todos los sectores superan ampliamente a las subas de precios de 10% anual. Sin embargo, las estimaciones privadas hablan de una tasa de inflación rondando 30% anual para 2010, en cuyo caso las remuneraciones estarían perdiendo la batalla contra la suba de precios.
La agudización de la presiones de los sindicatos por aumentos salariales tuvo su respuesta en el incremento del salario mínimo vital y móvil (SMVM) a partir del mes de agosto, que alcanzó a $1.740, y la instrumentación para un segundo incremento a partir del mes de enero de 2011, que llevó su valor a $1.840.
Sin embargo, se estima que el aumento ha tenido bajo impacto sobre el esquema de remuneraciones debido a que gran parte de los trabajadores alcanzados por convenios colectivos ya se encontraba percibiendo un salario superior al mínimo. Sumado a que los asalariados informales encuentran dificultades para lograr que sus empleadores respeten el mínimo establecido.
Perspectivas 2011
Este no será un año muy fácil en materia laboral y social. Probablemente se asistirá a una desaceleración en el ritmo de crecimiento de los niveles de ocupación. Paralelamente, se espera una profundización de las presiones por aumentos en las remuneraciones, lo cual derivaría en un mayor nivel de conflictividad social.
El impacto sobre la inflación dependerá de la capacidad de la economía para generar aumentos de productividad de la mano de mayores inversiones. Sin lugar a dudas, la puja distributiva será un tema central en la agenda.
En lo que a la pobreza respecta, la inexistencia de indicadores creíbles o sólidos complica un análisis profundo de esta problemática social. Las consultoras privadas más ligadas al oficialismo manejan guarismos en torno a 22%, mientras que el resto menciona números dentro del rango de 25% a 33%. A pesar de semejante dispersión en lo que a los guarismos respecta, donde sí hay bastante consenso es en el estancamiento que mostró este indicador desde 2006 en adelante.
La instrumentación de subsidios e incremento de jubilaciones compensó el efecto negativo de una inflación sostenida. Esto último nos lleva a preguntarnos cuáles son los verdaderos beneficios redistributivos de un modelo que registró durante los últimos cuatro años un crecimiento promedio de 6% anual con impacto nulo en los indicadores sociales.
2011 será un año electoral, la política se centrará en tratar de generar impactos positivos en la demanda interna a partir de la ampliación de planes sociales y recomposiciones en los haberes mínimos jubilatorios y el salario mínimo. Sin embargo, estas medidas difícilmente logren configurar una estrategia de crecimiento sostenible del empleo, con inclusión de los trabajadores desprotegidos, incrementos en la calidad de los puestos generados y mejoras significativas en la real capacidad de compra de los ingresos.



