viernes, 17 de abril de 2026

    Edificios premium para casi millonarios

    INFORME |

    Por Gustavo Baiman

    Argencons es una desarrolladora con más de 40 años en el mercado. En 2006, con su marca de productos premium, Quartier, expandieron sus operaciones a la costa esteña. Llevaron adelante dos emprendimientos: Quartier del Mar, en la parada 10 de la Brava, y Quartier Punta Ballena, sobre la Bahía de Portezuelo.
    “Vendemos un producto con marca y testeado. Conocemos y sabemos interpretar las necesidades del mercado. Los edificios que desarrollamos apuntan más al usuario final que al inversor. Las unidades más chicas y de menor precio son más fáciles de colocar, pero nuestros productos son medianos y de alta calidad. Todos nuestros emprendimientos son proyectos de más de 10.000 metros cuadrados”, dice Ignacio Camps, socio de la firma.
    La desarrolladora implementó el esquema del fideicomiso al costo. Primero consiguen el terreno, después se arma y se diseña el proyecto y finalmente se buscan los inversores quienes fondean el proyecto al costo bajo la figura de fiduciarios. Antes de empezar con las obras tienen que estar colocadas el total de las unidades.
    “Nosotros ganamos únicamente a través de los honorarios que se le cobra al fideicomiso, no ganamos el margen entre el costo de obra y el valor de mercado, eso se lo lleva el inversor. Cobramos un fijo aproximadamente de 5% sobre el costo por metro cuadrado”, afirma Camps.
    La mayoría de los desarrollos nuevos en Punta del Este son unidades grandes que van de los 150 a los 350 metros cuadrados con valores que parten de US$ 2.500 por metro cuadrado. Uno de los diferenciales de Quartier es que ofrece unidades medianas que tienen entre 90 y 130 metros cuadrados y con expensas un poco más accesibles. Apuntan a un público medio-alto. La mayoría de los fiduciarios que entraron a los desarrollos de Punta del Este y Punta Ballena son usuarios finales. Sin embargo, a partir de la crisis financiera mundial, se empieza a notar cada vez más fuerte la presencia de inversores que buscan buenos emprendimientos inmobiliarios para colocar de manera más segura sus ahorros. El mercado está repartido entre 60% para usuarios finales y 40 % en manos de inversores.
    “El sector de la Mansa y Punta Ballena quedó un poco más relegado, pero en los últimos años volvió a tomar nuevo impulso. Es una zona con mucho potencial, hay visuales espectaculares, que es el valor que más se pondera, y una capacidad de desarrollo que a futuro se va a ir consolidando. De todas formas la mayor demanda está en la punta de la costa, todavía hay disponibilidad de tierras pero cada vez está más limitada. Es difícil encontrar buenas vistas por la cantidad de edificios altos que hay. Los terrenos vacantes están a más de dos o tres cuadras de la playa y la ubicación es fundamental en estos productos. La gente paga la vista y la accesibilidad a la playa”, dice Camps.
    Según las estimaciones de la compañía, en los últimos tres años se construyeron 25 edificios en la punta esteña y existe mucha más oferta que demanda. Actualmente la cantidad de emprendimientos crece pero no a la misma velocidad que en esos años. Algunas de las causas de la desaceleración es el costo de la tierra. En 2006, la incidencia se pagaba US$ 150 a 200 el metro cuadrado y hoy se pide aproximadamente US$ 450. Por otro lado, también hubo un aumento significativo, en promedio de 35%, en los costos de construcción.
    “El mercado en general apunta a un target mucho más alto que al que apuntamos nosotros, pero ese segmento ya está un poco limitado. Nosotros hicimos un producto premium con la misma calidad de servicios de un edificio de 150 metros para arriba pero en unidades más chicas. Con esto ampliamos el mercado. Además nuestros productos resultaron una buena inversión: las personas que entraron al foso en Quartier del Mar compraron por US$ 1.800 el metro cuadrado y hoy asciende en promedio a US$ 2.700”, concluye Camps.