viernes, 17 de abril de 2026

    10 años más con viento de cola

    COLOFÓN |


    Carlos Slim

    En América latina, hay una resignada aceptación: las crisis son más prolongadas y frecuentes que las etapas de bonanza. Y cuando aparecen posibilidades de crecimiento aunque sea por breves periodos, Gobiernos ineficientes se ocuparán de frustrar las nuevas oportunidades.
    Tanto pesimismo está en buena medida abonado por la historia, en especial la del siglo pasado. El crecimiento sostenido era exclusivamente para el club de los países industrializados, las naciones ricas, que se ingeniaban de muchas maneras para abortar todo despegue de los países en desarrollo. Había fuerte convicción sobre este punto, aunque la emergencia de muchos actores del sudeste asiático ponía en seria duda la teoría dominante.
    Pero la crisis financiera global de los dos años pasados vino a derrumbar barreras y obliga a repensar el paradigma. Lo cierto es que fueron los países centrales los que más sufrieron esa crisis –cuyos efectos posiblemente no han terminado– mientras que los llamados emergentes, que venían ya de una década de excelente perfomance económica, desendeudamiento y austeridad fiscal, retomaron el crecimiento a buenas tasas sin demasiado perjuicio.
    Mientras la locomotora sean China, India y otros países asiáticos, la tendencia seguirá. En tanto que Estados Unidos es vapuleado en las reuniones del FMI y del G20, y mientras toda Europa tiembla de sólo pensar en el posible colapso del euro, los países emergentes claman por más protagonismo.
    Serán 10 años más de crecimiento, o cinco, o unos cuantos. Pero la certeza es que habrá un buen desempeño de las economías de esta zona del mundo. Varios indicios lo confirman.
    En primer lugar, según advierte la Organización de la ONU para Alimentos y Agro (FAO), “el mundo afrontará mayores precios agrícolas en 2011, si no aumenta considerablemente la producción de cereales y oleaginosas”. La importación anual de esos productos superará el billón de dólares (millón de millones).
    El pronóstico señala que esa cota será desbordada por segunda vez. Uno de sus efectos potenciales consistirá en alzas de la inflación en una gama de economías emergentes, desde China hasta Vietnam e India.
    Es decir, nada es gratis. Venderemos más, pero también aumentarán los precios de los alimentos que consumimos, independientemente de “nuestra habilidad” para hacer trepar la inflación.
    El panorama bienal 2011/12 traza un cuadro inquietante, sobre todo si los países exportadores netos “no expanden sustancialmente la producción de granos y, por tanto, los excedentes colocables en la plaza global. No sólo para cubrir la demanda sino, además, para reconstruir reservas internacionales”.

    El vaticinio de Carlos Slim
    La opinión fue rotunda, y como proviene de alguien que ha demostrado ser prudente en grado sumo, causó fuerte impacto. Fue la voz de un empresario, no de un experto internacional o de un futurólogo. Mientras participaba de la jornada sobre “Crisis mundial, antes, ahora y después” organizada por la Cámara de Comercio Argentino-Uruguaya, Fundación Círculo de Montevideo y el Consejo Interamericano de Comercio y Producción en el hotel Alvear, Carlos Slim, presidente de Grupo Carso (y dueño de la marca Claro en la Argentina), vaticinó que países como “Chile, la Argentina, Colombia, Brasil y México” están “muy cerca” de “romper la barrera del subdesarrollo”, que podría desaparecer “en los próximos 10 ó 15 años”.
    Lo fundamentó de esta manera: “Nuestros países están saneados macro-económicamente, los Estados no tienen déficit importantes. Hemos aprendido a manejar nuestra estabilidad macro-económica, tenemos instituciones financieras muy sanas y poco uso del crédito, lo cual es un potencial; aunque tenemos rezagos en la infraestructura”.
    Para el empresario mexicano, “el potencial de América latina es muy grande. Cuando los países pasan de US$ 10.000 ó 12.000 per cápita, rompen la barrera del subdesarrollo. Ya estamos muy cerca. Creo que el primero que la va a romper es Chile. En los próximos 10 años, 15, muchos de nuestros países –primero Chile y después la Argentina, Colombia, Brasil y México– se incorporarán al desarrollo”.
    Naturalmente que hay especialistas y economistas internacionales y locales que adscriben a esta idea. Pero lo importante aquí es que un empresario levante la idea como bandera. Hace falta optimismo bien informado.