Opinión |

Sería insensato decir que las personas no cuentan. Pero –como se demostró en estos días– hay en nuestra sociedad una idea exagerada sobre el peso que tiene un gobernante, cualquiera sea, en la marcha del país. O para el caso, un dirigente político de gravitación singular.
Nadie puede negar la influencia que tenía un dirigente con la determinación, la fuerza y la constancia de Néstor Kirchner. Pero sobredimensionarla, no es solamente perder la perspectiva. Es incurrir en una exageración inútil.
Hay una visión de la historia que explica los grandes acontecimientos a la luz de la impronta que deja alguna personalidad extraordinaria, algún ser humano excepcional. Desde esta perspectiva, la revolución bolchevique de 1917 no puede explicarse sin Lenin. Ni el mapa de la Europa en la primera mitad del siglo 19 sin Napoleón.
Es una corriente del pensamiento histórico que siempre ha tenido seguidores (desde los escritos de Thomas Macaulay en la Inglaterra décimonónica).
Podría pensarse que los argentinos adhieren, en su mayoría, a esta visión de la historia. Tanto entre los sinceramente afligidos por la súbita desaparición del ex presidente, como entre los que sobreactuaron el dolor, e incluso entre muchos indiferentes u opositores extremos. Para todos, lo ocurrido en esta década es inexplicable sin el factor Kirchner.
La discusión maniquea transita todavía por estos carriles: recuperó una economía destruida, devolvió fortaleza al poder presidencial y reconstruyó el país tras la debacle de 2001; o bien la otra visión: tuvo una suerte inmensa, todo el viento de cola internacional a su favor, y estaba malgastando la oportunidad que se le brindó.
La desaparición súbita evita el inexorable desgaste del paso del tiempo. Si Kirchner siguiera vivo, tal vez en cinco años la gente lo recordara de manera menos propicia, incluso entre sus seguidores. La erosión es inexorable.
El factor chino
En cambio, este abrupto final congela o posterga el debate sensato sobre méritos y defectos. Y oscurece los factores externos que en tiempo de globalidad son decisivos.
La irrupción de China en el mercado mundial (y en menor medida, India), multiplicó la demanda global de alimentos y provocó una marcada revalorización de los commodities. Poniendo a Raúl Prebisch cabeza abajo, hubo una revaluación de los términos de intercambio. Eso provocó crecimiento del PIB y del empleo en la totalidad de los países del área. Pero la visión doméstica hace creer que fue Kirchner quien recuperó la economía.
Incluso sus opositores caían (por desconocimiento) en ese análisis equivocado cuando reconocían el “buen manejo” de la economía, pero decían que eso no excusaba ni el autoritarismo, ni el deterioro de las instituciones, ni la presunta corrupción.
La recuperación económica de principios de la década fue impulsada, por varios factores ajenos al Gobierno, ya fuera por preexistentes, por externos o por aleatorios:
1. El tipo de cambio. Al variar la relación peso/dólar (2002) se produjo un tsunami. Kirchner se ahorró la catástrofe y cuando asumió, ya con los vientos en calma, disfrutó de un peso más competitivo.
2. La suspensión de pagos. El default (2001) también desató tormentas.
Kirchner se encontró con un país que había declarado la moratoria un año y medio antes, y que bastante después reanudó los pagos. Eso le permitió acumular recursos que, de otro modo, se habrían perdido.
3. La soja. El efecto de los transgénicos –que multiplicaron la producción– y el precio que alcanzó la soja en el mercado mundial nada tuvieron que ver con políticas de su Gobierno. Sin embargo, lo favorecieron.
4. El petróleo. También lo favoreció que la Argentina se hubiera convertido, antes de que él asumiera el poder, en un exportador de excedentes hidrocarburíferos.
5. Las retenciones. Impuestas por el Gobierno anterior, no son fortuitas sino que obedecen a una decisión política. No obstante, sólo tienen valor porque los precios de los cereales y el petróleo alcanzaron niveles muy altos. De lo contrario, aplicar retenciones sería imposible o escasamente útil.
No es malo tener un presidente con suerte. Al contrario. Lo importante es saber qué hace tal presidente con el premio que se ganó. Si él sabe cómo invertir y multiplicar el dinero, el país saldría beneficiado. Si él dilapida esa fortuna –sea por falta de planes, incapacidad administrativa o costosas aventuras políticas– habría neutralizado a la buena suerte.
Mitos y realidades
Los mitos suelen actuar como boomerang. No sólo se creó el mito de un Kirchner todopoderoso, sino que hubo una tendencia a creer que la Presidenta era una “ejecutora de órdenes” y, en el mejor de los casos, se habló de “doble comando”.
No es así. Ella tiene una buena formación y una férrea voluntad. Tiene las condiciones para conducir.
Pero los observadores, tan preocupados por las características psicológicas de los personajes, deberían poner el foco en la inflación (que puede rondar 30%), los subsidios (que sobrepasan peligrosamente los $90.000 millones) y el deterioro del tipo de cambio (que en términos reales no está lejos del 1 a1). También deberían poner el foco en una creciente violencia, que no sólo se dio en el caso de Ferreyra sino que se da cotidianamente en una sociedad donde los “patos vica” y las “barras bravas” reemplazan a la policía. Está asociado a un auge de la delincuencia, que mantiene en vilo a la población.
Eso, más que el juego de las sillas –jugado por los Moyanos y los Sciolis– debería ser objeto de análisis. Porque cualquiera sea el que quede sentado y cualquiera el que quede parado, los problemas enunciados hay que resolverlos. Y, hasta ahora, no se ve a nadie que muestre cómo hacerlo. Ni en el Gobierno ni en la oposición.
Brutal alza mundial en los precios de cereales

Nuevos temores de alcance global invaden los principales mercados de productos primarios de origen agrícola. Particularmente, los más sensibles en el plano social. Por ejemplo, cereales como trigo, arroz, mijo y maíz u oleaginosas como soja y girasol.
Un verano inusitadamente cálido en Estados Unidos-Canadá, sequías en partes de Brasil, Rusia –con incendios rurales- África, Pakistán e India se combinaron, ya en el otoño boreal, con violentas inundaciones o hasta aludes y avalanchas. Esta suma de desastres hace temer una severa escasez de alimentos y la repetición de la crisis vivida en la temporada 2007/08.
En un informe clave para todo el mundo, el departamento estadounidense de Agricultura ha pronosticado que las existencias nacionales de trigo podrían reducirse a la mitad. Vale decir, a los niveles más bajos en 14 años. Tampoco es optimista en lo tocante a maíz, cebada y centeno.
Dos de esos tres productos son vitales para engordar vacas, ovejas, cerdos y aves de corral. El trigo, claro, es fundamental en la dieta humana e igual vale para la soja y el mismo maíz.
En París, los precios europeos para el trigo subieron 10%, mientras también se dispararon los precios de otros commodities entre los que se encuentran soja, azúcar, algodón, cebada y avena. Esos aumentos llevaron el índice Reuters-Jefferies CRB para commodities a su nivel más alto en dos años.
El departamento de Agricultura de EE.UU. espera que la cosecha 2010/11 de maíz –empezó hace más de un mes– no pase de 12.700 millones de bushels. Eso quiere decir 4% menos que la estimación previa. Por tanto, las reservas del cereal cederán a 900 millones. La caída recortaría las reservas del país en 99 millones de bushels, el nivel más bajo desde 1996-97. El USDA también redujo sus estimados para la producción de trigo y soja.
Malos pronósticos
A pesar de ser un sector vital para la sociedad, la agricultura ha sido o incomprendida o ignorada por los inversionistas. Tal vez sea diferente de ahora en más, pero esto podría estar a punto de cambiar.
Tal vez porque durante mucho tiempo los precios de los alimentos se mantuvieron estables y la capacidad del sistema para alimentar a la población no se ponía en duda.
La productividad alimentaria es una función de sus insumos, y mucha gente también daba por descontada la eterna disponibilidad de los insumos clave para la producción de alimentos: tierra, agua y fertilizantes.
Pero se combinaron varios factores que hacen dudar de la capacidad del sector para alimentar al mundo. Se calcula que la población mundial trepará a 9.000 millones para 2050, que grandes sectores de esa población tendrán más dinero disponible y exigirán más carnes y lácteos, productos ambos que requieren inmensas cantidades de agua y producen inmensas cantidades de metano.
Mientras tanto, hay cada vez menos agua dulce y tierras cultivables. El cambio climático afectará la incidencia de enfermedades en cultivos, aumentará la erosión del suelo y modificará los patrones de lluvias. Con clima más caliente habrá más sequías.
Además ahora también aparece competencia para destinar tierras a cultivar biocombustibles. La agricultura, si bien es menos dañina que la producción de carne, juega una parte importante en aumentar las emisiones mediante la deforestación y los fertilizantes basados en combustibles fósiles y pesticidas.
Finalmente, muchos pronósticos anuncian que los precios del petróleo volverán a subir a los niveles récord de 2008, cuando un barril llegó los US$ 147 empujando hacia arriba el precio de los alimentos.
En el futuro, estiman los expertos, los precios subirán, porque no hay forma de evitarlo. La necesidad que tiene el sector rural de ocuparse de estos serios temas crea oportunidades, “desde la semilla hasta el supermercado”, dice Wylie. Muchas están conectadas con la necesidad de hacer más con menos y eliminar desperdicios en la cadena de suministro. En el nivel más básico, esto comienza con el desarrollo de semillas más fuertes y de mayor rinde que son más resistentes a las enfermedades, pestes o sequía. A pesar de la continuada controversia sobre su uso, es probable que haya más cultivos genéticamente modificados (GM).
Por lo pronto, la Comisión Europea, tan reacia a los GM, ya aprobó el cultivo en Europa de una papa GM.

