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William Holstein es experto en economía internacional, particularmente dedicado a innovación, competencia y políticas empresarias. Hace 30 años que publica y su último libro lleva como nombre la línea del título.
A su criterio, “algo profundo ha cambiado en la economía y la sociedad de Occidente, no sólo la nuestra. La gente ya no se endeuda sólo para comprarse cosas que no necesita y está claro que los banqueros de inversión nunca han creado riqueza jugando con fondos ajenos vía instrumentos financieros exóticos”.
Ahora que la plata dulce se ha agotado, “este país se da cuenta de que no es inteligente haber dejado al gasto personal constituir 67% del producto bruto interno. En síntesis, EE.UU. se ve envuelto en una crisis estructural”.
Algunos economistas “son lo bastante ingenuos como para suponer que sólo es cuestión de esperar a que la economía torne al statu quo ante. Arguyen que volverá el crédito fácil y podrán comprar cualquier cosa, como en los buenos viejos tiempos, merced a una bala de plata que lo arregle todo. Pero no”.
Por ejemplo, el país afronta vastos desafíos sin salida a la vista. Uno es cómo crear o recrear trabajo para siete millones dejados en la calle en los ocho años de George W. Bush.
A criterio de Holstein, aun si hubiese una “recuperación” y se creciera nuevamente, “tendríamos que encarar la estructura misma de EE.UU. para reparar los daños. El casi 10% de nuestra tasa de desempleo probablemente sea un hueso duro de roer, si no surgen nuevas actividades económicas y continúan transformándose las preexistentes”.
Otro futuro
Holstein se reconoce gran estudioso de la creación de recursos en escala local o regional, tema que abordaba ya en “Hot spots”, una nota de tapa en Business Week, 1992. Por ende, “este libro abarca casos piloto de estadounidenses que trabajan bien. También sostengo que es clave superar limitaciones institucionales y fomentar cooperación en forma no tradicional”.
El autor se siente fascinado por el papel de los “centros de ideas”, donde universidades, laboratorios privados o hasta instalaciones militares se conjugan para generar esquemas de primera clase y alcances internacionales. El problema consiste en aplicar y comercializar esas tecnologías, lo cual requiere un contexto social e intelectual apropiado.
Holstein también se interesa en quienes actúan desbordando otros límites internos en compañías grandes. A su juicio, “es preciso que empresarios y trabajadores innoven en la búsqueda de fines comunes. Por ejemplo, modelos educativos más compatibles que generen las capacidades y habilidades para encarar las necesidades planteadas por el sector público o el privado. Todo eso demanda, al mismo tiempo, políticas conducentes al crecimiento económico”.
Siguen algunos casos emblemáticos.
Proyecto Pecan Street, Austin
El municipio, la eléctrica Austin Energy, ambientalistas, la universidad tejana y un grupo de compañías (como Cisco Systems o Applied Materials) apoyan esfuerzos para instalar una “grilla inteligente”.
El núcleo de la idea es usar más energía solar y eólica, mayormente generada por viviendas, negocios o depósitos, para revenderla a la grilla comunal. No se trata sólo de un proyecto ambiental, pues los participantes esperan que surta efectos sobre temas tales como demanda laboral agregada, identificación de vías para desarrollo de equipos generadores, sistemas informáticos, conexiones, conmutadores, interruptores, etc., capaces de obtener miles de millones en ventas. La institución clave es el instituto universitario IC 2, que opera la incubadora tecnológica de Austin (ATI).
Triángulo de Orlando
Esta iniciativa emula conscientemente el triángulo investigación de Norcarolina (TIN). Líderes sociales y empresarios de La Florida han creado una “industria de simulaciones” que involucra más de cien firmas y genera miles de puestos laborales. Como se sabe, los simuladores son herramientas clave en materia de adiestramiento
Los orígenes industriales del proyecto Orlando se relacionan en buen parte con las fuerzas armadas, que adquiere equipos de simulación para preparar personal en el empleo de armas y diversos sistemas. Pero hay contribuidores tan dispares como los complejos de entrenamiento o efectos especiales tipo Walt Disney y Universal. Sus graduados poseen habilidades especiales en lo atinente a juegos de video en línea y otras variables.
Pittsburgh y los coches automanejados
Carnegie Melon viene intentando establecer una industria armada alrededor de vehículos capaces de conducirse a sí mismos. Su escuela de ingeniería ha supervisado el desarrollo de unidades que recorren hasta casi 90 kilómetros sin intervención humana. Empleando fondos provistos por el Gobierno federal estadounidense, vía la agencia militar para proyectos avanzados, y asistencia de General Motors, un equipo de investigadores emplea cámaras, radar y láser para guiar esos coches.
Miles de algoritmos computados, insertos a bordo de los prototipos ayudan a adoptar decisiones. Por ejemplo, si el auto debiera pasar o no a otros en una calle, ruta, etc. Irónicamente, se prueban vehículos en lugares antiguamente ocupados por altos hornos hoy demolidos. La gente de Carnegie Melon, literalmente, reinventa el futuro de los automotores. El efecto potencial o factible consiste en que una nueva generación de empresas comercialice los resultados de estas investigaciones.
Dayton y los nuevos materiales
Esta ciudad de Ohio, en el medio oeste estadounidense, es una de las más castigadas por la decadencia de industrias como la automotriz o la aeroespacial. Pero sus autoridades municipales tratan de crear actividades basadas en materiales, compuestos y técnicas manufactureras de vanguardia. Por ejemplo, tratan de aprovechar la presencia de la gigantesca base aérea Write-Patterson para acelerar sus esfuerzos.
Otra pieza crítica de esa estrategia es interesante. Se aprovecha el colegio terciario de la comunidad, Sinclair, para reciclar personal despedido por otras industrias. Es éste un ejemplo claro de cómo municipios y regiones aplican en forma deliberada “políticas industriales” para expandirse y generar trabajo.
Una onda solar en Silicon Valley
Luego de decenios centrándose en microprocesadores y tecnologías afines, una de las máximas incubadoras en Estados Unidos se vuelve hacia la helioenergía. En este plano, Holstein se enfoca en emprendedores que han tomado tecnología del laboratorio nacional Lawrence Berkeley (universidad de California sur) para construir fábricas capaces de transformar la economía del sector.
Se trata de células solares en nanocristales. La innovación es revolucionaria, pues da lugar a producir grandes volúmenes de células fotovoltaicas.
En Boston, el futuro es litio
Hay en todo el mundo una disputada carrera para determinar cómo alimentar los motores futuros. Holstein apuesta a baterías de litio ionizado. Su eventual producción en serie podría significar de por sí una industria que genere unos US$ 150.000 millones anuales, de acuerdo con estimaciones fiables.
Acuciados por competidores como Honda, Toyota o Daewoo, GM y Ford Motor están erigiendo en Michigan instalaciones para fabricar esas baterías. Pero, en ambos casos, las tecnologías básicas no son estadounidenses. De ese modo, GM depende de insumos surcoreanos, mientras Ford recurre a un proveedor francés. Cabe entonces preguntarse si EE.UU. podría eventualmente desempeñar un papel relevante en el sector.
La respuesta–cree el autor– está en manos de A123 Systems. Fundada en 2001, esta firma emprendedora emplea insumos basados en nanofosfatos, desarrollados por su vecino, el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). La firma usa ese recurso para fabricar baterías de litio ionizado. General Electric invirtió recientemente en la compañía, que también recibió fondos del Gobierno federal.
Sin duda, A123 Systems es un caso típico de empresa que transfiere exitosamente tecnología del MIT. Queda, no obstante, un gran problema pendiente: ¿dónde se producirán las baterías? ¿En EE.UU. o en Asia oriental?
Genomas en San Diego
Otrora un apacible pueblo entre ambas Californias, San Diego ha aprovechado la presencia de Scripps Health, una red comunitaria de salud sin fines de lucro. La utiliza como “fábrica de ideas” en materia de investigación científica y formación de empresas.
La organización de perfil social data de 1924 y se debe a la filántropa Ellen Browning Scripps. Hoy sostiene los esfuerzos de San Diego para convertirse en un centro nacional dedicado al empleo de super-computadoras para trazar mapas genéticos de pacientes.
El grupo trabaja además con apoyo financiero de las instituciones nacionales de salud (NIH), entre otras instancias. Esto constituye un perfecto ejemplo de cómo la gente que trasciende límites organizacionales puede estimular el desarrollo económico, tecnológico y social.

Corning y los gorilas
Corning Glass, situada en la población epónima (estado de Nueva York), es una de las compañías estadounidenses más innovadoras y le sirve a Holstein como excelente caso de estudio, en buena medida por su aislamiento geográfico. Éste significa que los visitantes pueden ver hasta qué punto la economía regional se imbrica directamente con la capacidad innovadora de la firma.
Por ejemplo, la compañía era conocida por la línea de utensilios domésticos Corning Ware, que se apresuró a vender cuando dejó de ser rentable. Cerró plantas y despidió gente. Pero enseguida apareció otro negocio: el vidrio que integra los cables de fibra óptica.
Este auge siguió el camino de los anteriores y, a su tiempo, lo reemplazó el insumo clave en las pantallas de cristal líquido (PCL), ubicua en aparatos electrónicos. Ahora, Corning trabaja en otro potencial éxito: Gorila, un nuevo tipo de vidrio irrompible.
John Deere en Davenport
Esas célebres instalaciones fabrican tractores y demás maquinaria agrícola para todo el mundo. La empresa ha resistido todo tipo de presiones para cerrar la planta, mudar operaciones al exterior o combinar ambas cosas.
En el proceso, se desprendió de líneas obsoletas o menos redituables, que se vendieron a empresas de México e India. Pero no ha dejado de explotar avances tecnológicos para hacer tractores, cosechadoras, etc., más complejos y eficaces.
A criterio de Holstein, de paso JD ha demostrado flexibilidad en las relaciones con United Auto Workers, algo que Detroit no consiguió hasta que la crisis sectorial llegó al nadir y el Gobierno debió salir al rescate con dinero de los contribuyentes. Salvo en Chrysler, que fue sacada de aprietos por un rival de la Eurozona, Fiat
Aun en los peores momentos, JD no abandonó el área investigación y desarrollo. Por el contrario, lanzaba al mercado más y más máquinas de vanguardia, inclusive una capaz de penetrar en un bosque sin operadores humanos y cortar sólo árboles ya seleccionados por un dispositivo conectado al sistema de posición global (GPS).
Sin duda, otro ejemplo de equipos que se juntan para generar ventajas competitivas de primera clase. Holstein se pregunta, a esta altura, “¿cómo fue posible que las tres grandes de Detroit sucumbieran tras repetir año a año el mismo error: fabricar utilitarios deportivos que tragaban nafta mientas el petróleo aumentaba casi constantemente?”.
Chicos que dan batalla en las ciudades
Una cosa es que grandes tipo John Deere o Corning Glass luchen por sobrevivir y otra, radicalmente distinta, que lo hagan pequeñas empresas urbanas. A la sazón, Conmed –fabrica insumos quirúrgicos en Utica, estado de Nueva York– exploraba posibilidades de tercerizar en China. En cambio, rediseñó completamente sus procesos manufactureros tomando técnicas de Toyota Motor. Comenzando por kaizen, “calidad total”
La compañía además emplea nuevas herramientas de software ejecutivo, que le permiten responder mejor y más rápido a las demandas de hospitales y clínicas. Resultado: Conmed es nuevamente rentable, sigue en la pequeña Utica y no terceriza en China ni India.

