LIBRO BLANCO | Capítulo IV
Por Mauro Maciel

Fernando Hofmann
“Nosotros hablamos de algo más amplio que la RSE, y es la sustentabilidad”, cuenta el director de Asuntos Legales y Corporativos de la Región Austral de Kimberly-Clark, Fernando Hofmann. Y agrega: “El concepto está instalado o ha comenzado a instalarse muy fuerte en todos lados. Y tiene que ver con la manera de hacer un modelo de negocios, que contemple e incluya el tema de los impactos, para bien o para mal, en el contexto donde se opera, y con los diferentes stakeholders. Desde lo ambiental, que es lo que primero que se destaca, o lo más clásico, hasta los empleados, la comunidad con la que se interactúa, el consumidor, etc. Diría que casi desde el inicio Kimberly-Clark tuvo, entre los pilares y valores que nos rigen, la sustentabilidad como modelo de negocios. La RSE es claramente una parte integral de todo este concepto”.
–Hay empresas que han ido mucho más allá de la filantropía y han tejido alianzas con otro tipo de público, como las ONG, por ejemplo. ¿Es el caso de Kimberly-Clark?
–Sí, a escala global y también local. A escala global, una de las formas de integrar este modelo de sustentabilidad es trabajar con las ONG, donde lo que se encuentra como valor agregado es la expertise de estas organizaciones en ciertos focos de interés. La clave es que tengan un grado de relación o de correlación con nuestro negocio, ya que permite beneficiar y potenciar el modelo.
En ese sentido, tenemos alianzas internacionales en EE.UU., puntualmente en organizaciones como United Way o Unicef, en programas regionales y también, por supuesto, en cada uno de los lugares en que operamos existen programas donde se desarrollan iniciativas propias.
En lo que respecta a la región que está a mi cargo, desde hace 10 años, vamos mucho más allá del modelo de filantropía por el cual nacimos, porque más tarde hubo una evolución.
Tenemos alianzas estratégicas con muchísimas organizaciones que tienen que ver con las comunidades en las que actuamos. Básicamente, hacemos foco sobre tres ejes temáticos que tienen que ver con la salud, la educación y la calidad de vida, y dentro de cada foco temático, el criterio que cruza al modelo es el lugar geográfico. Entonces, ponemos foco en iniciativas vinculadas a las plantas ubicadas en Pilar, en Bernal y en San Luis, más Esteban Echeverría que es nuestro centro de distribución.
Trabajamos, por ejemplo, en “Pilar Solidario” junto a la Universidad Austral y el Municipio de Pilar; tenemos iniciativas en Bernal, con una ONG de la zona, más algún programa que tiene que ver con la Escuela Técnica N°2, que está situada cerca de la municipalidad y de la planta. Y también estamos integrados con el Gobierno nacional. Nos gusta integrar la diversidad al modelo; trabajamos con entidades nacionales, provinciales, municipales, ONG que se suma a lo nuestro, desde la empresa privada.
–Por momentos se puede interpretar que los actores privados, a través de este tipo de iniciativas, ocupan vacíos del Estado. ¿Qué opina de este concepto?
–Interpretaciones pueden haber de todo tipo. Ahora, creo que el rol de la empresa privada nunca va a poder suplir el rol del Estado. Incluso no es la idea del modelo. Está claro que por más esfuerzo que las empresas hagamos en este sentido nunca vamos a poder abarcar la totalidad de necesidades que existan en una comunidad. Los roles hay que ocuparlos y cada uno tiene el suyo.
Sí creo que las empresas deberían tener el rol de acompañar y tratar de influir, desde lo que se puede aportar, ya que cada cual tiene su área de negocios, o su expertise en este proceso.
Pero definitivamente no creo que uno tenga que suplir al otro. Ni mucho menos, que el rol del privado sea suplir al Estado. Para eso está el Estado, o debería estarlo.
–Existe la sensación de que los empleados se involucran cada vez más en las iniciativas o los programas de RSE. ¿Se trata de una tendencia que se ha confirmado? ¿Lo notan las empresas? ¿Las compañías incentivan a sus empleados hacia esa dirección?
–Yo lo miraría de dos formas: una es el valor agregado que puede tener la reputación de la compañía para atraer talentos y, después, para poder retenerlos. Hoy, sin dudas, sobre todo para las generaciones nuevas, una compañía que tiene una visión sustentable de negocios y que tiene esta filosofía de procesos resulta atractiva para trabajar. Esa sería la primera gran visión.
Por otra parte, es motivador para el empleado formar parte de la compañía que tiene este tipo de visión. Lo notamos con los programas de voluntariado, donde una vez que se pone a disposición un modelo en el que se puede interactuar, los voluntarios se suman claramente y son parte de esto. Entonces, ambas partes, empleados y empleador, cuentan con atributos que resultan recíprocamente atractivos.
–¿Por qué razones la empresa elige un determinado tema y no otro?
–En el caso de Kimberly-Clark, elegimos los temas porque creemos que es donde podemos apalancar mejor nuestros recursos y están alineados con nuestros negocios y nuestro core business. Además, son las áreas donde hay más oportunidades además de la necesidad que puede haber en el país. Entendemos que son las más primarias e importantes donde uno puede apalancar e influir o impactar. Por eso nuestros programas, basados en nuestro modelo, deben ser sustentables y sus impactos consistentes a lo largo del tiempo. Nosotros no hacemos filantropía o acciones del tipo en las que realizamos una iniciativa y luego nos vamos. Nuestra idea es encontrar el espacio donde podamos impactar fuertemente como compañía, quedarnos allí a trabajar e ir logrando estadios de evolución medibles.
–Mientras que la empresa destina esfuerzos a acciones de sustentabilidad, los intereses fundamentales de los accionistas son el incremento de los dividendos. ¿Representan estas situaciones una dificultad?
–En mi visión es justamente lo contrario. El hecho de que la empresa sea sustentable, hace al modelo de negocio, hace a que la compañía sea más rentable, que finalmente genere ese dividendo para el accionista.
Si una compañía está mal vista por la sociedad, porque tiene una mala reputación o porque impacta en forma negativa en el medio ambiente, flaco favor le hace al accionista. Lejos está de llevarse más dividendos por ese supuesto ahorro de gastos que no incurrió. Finalmente, lo que no va a tener esa compañía es las ganancias. Es decir, que no va a haber dividendos.
–En algunos países aflora la tentación de cambiarle el nombre a la RSE. Se le dice, por ejemplo, “corporate responsibility”, responsabilidad empresaria, eliminando la palabra social. Otros prefieren “ciudadanía empresaria” o muchos más, “desarrollo sustentable”. ¿Le parecen atinados estos intentos?
–Me siento identificado en la sustentabilidad como modelo de negocio. Para nosotros, en definitiva no es RSE; quizá debería llamarse RE (por responsabilidad empresaria), porque lo social puede dar un tinte de algo que tiene que ver más con la comunidad, justamente con la filantropía, y de alguna manera, para el común de la gente, se puede tergiversar el concepto. Esto es algo mucho más amplio: cómo seriamente, o responsablemente, llevar adelante la actividad como empresa.
De todos modos, más allá de la semántica de cada uno de los conceptos, visto desde un plano global, me parece que el que mejor aplica y, de alguna manera, engloba todo esto es el de sustentabilidad.
–Una investigación realizada en Gran Bretaña, en enero de este año reveló que los líderes empresariales deben estar a la cabeza para restaurar la confianza perdida durante la crisis financiera. Es decir, que el liderazgo será más importante que nunca en el campo de la RSE. ¿Esto se puede observar en el accionar de su empresa?
–En Kimberly-Clark, claramente. De hecho, como director, tengo a cargo el área de Legales pero también de Relaciones Públicas y Corporate Governance. En esta inteligencia está dada la importancia que le damos al tema. Es parte de nuestro foco de negocio y del liderazgo que tenemos en la mesa chica de dirección para con el concepto de sustentabilidad.
O sea, nuestra genética, es una forma de hacer negocios. Está netamente influído por ello. Y tiene que ver con todo, porque implica también la relación con los empleados, con las generaciones nuevas que se quieran atraer, con el consumidor, con la comunidad.

