DOSSIER |

Peter Brabeck-Letmathe
Miembro de la mesa redonda europea de industrialistas y del directorio fundador del Foro Económico Mundial, Brabeck-Letmathe no dejó nunca de usar sus plataformas públicas para ventilar temas vinculados al agua. Esta es la condensación de una reciente entrevista que le hizo McKinsey Quarterly.
–¿Qué desafíos plantea la escasez de agua a una compañía como Nestlé?
–El agua es, para nosotros, un tema estratégico. El principal desafío es sin duda la seguridad del agua para los agricultores que aprovisionan nuestras fábricas en todo el mundo. Los agricultores son los principales usuarios de agua –70% de las retiradas, más de 90% del consumo real– y ellos serán los más afectados en caso de una escasez masiva.
En 2003, Frank Rijsberman, entonces jefe del International Water Management Institute, había expresado su preocupación: “Si se mantienen las actuales tendencias, la actividad de un tercio de la población mundial se verá afectada por escasez de agua para 2025. Podríamos sufrir pérdidas anuales equivalentes a las cosechas enteras de granos de India y Estados Unidos combinadas. Este es un escenario aterrador. Huelga decir que una crisis global de esa magnitud afectaría a todas las empresas, no sólo a las de la industria alimentaria.
Un segundo desafío es el agua que usamos en nuestros procesos de fabricación y embotellado. En el agua embotellada, la calidad importa mucho más que la cantidad. La calidad es clave en algunos de nuestros procesos, por ejemplo, es uno de los mejores solventes que usamos para descafeinar suavemente el café. Además los consumidores necesitan acceso a agua segura y de alta calidad para preparar muchos de nuestros productos.
–¿Qué medidas adopta Nestlé para hacer frente a estos temas?
–El agua figura en nuestra agenda desde mucho antes que las políticas ambientales y la sustentabilidad se convirtieran en problema; la primera planta de tratamiento de aguas de descarte en una de nuestras plantas fue construida en los años 30. A pesar de que somos usuarios modestos del elemento, con menos de 1,8 litros por dólar de ventas, hemos hecho enormes esfuerzos para reducir las retiraciones de agua para nuestras fábricas. Las retiraciones estaban cerca de cinco litros por dólar de ventas hace unos 10 años. Ahora están por debajo de los dos litros y seguimos tratando de reducirlas. Además, nos aseguramos de que el agua retirada sea devuelta a la naturaleza en buena calidad.
Tenemos otras formas de contribuir a reducir la extracción de agua. Una es reduciendo desechos en la cadena de suministro. Más concretamente, esto significa hacer nuestro trabajo y llevar nuestros eficientes procesos de negocios a áreas donde los operadores son menos eficientes. Doy un ejemplo. En una tradicional cadena de suministro de leche –con contenedores abiertos y no enfriados desde el tambo al consumidor, con carros tirados por bueyes o bicicletas– las pérdidas de leche están en el orden de 16% a 27%. Cuando Nestlé recolecta la leche directamente de los tamberos y usa camiones refrigerados para transportarla, esas pérdidas bajan a menos de 6%.
–¿Cree usted que si se le pone precio al agua se ayudaría a mejorar su productividad y que la introducción de ese precio afectaría el negocio de Nestlé?
–El agua, por lejos el recurso más valioso en este planeta, es tratada como si no tuviera ningún valor. Con frecuencia ignoramos el costo de proveerla; la verdadera cifra está tapada debajo de subsidios abiertos o escondidos, impuestos y los costos pasados de los sistemas municipales y regionales de irrigación.
Esto es especialmente válido para el agua usada en agricultura. El problema no es que los agricultores usan agua: el problema es que la usan en forma ineficiente. Como el agua no tiene precio se la trata como un bien gratuito.
El costo total de recuperación debe ser implementado para todos aquellos que hoy tienen agua corriente masivamente subsidiada por los municipios (también para llenar las piletas de natación) y que en realidad la pueden pagar. Esto es necesario para financiar la enorme cantidad de infraestructura que hace falta para reducir pérdidas por filtrado en depósitos municipales –hasta 70%– y para brindar los medios financieros para extenderlas a aquellos que no tienen acceso. Esto no sólo incluye a los casi 1.000 millones de personas sin acceso a agua segura sino también a los más de 2.000 millones de personas con acceso a las llamadas fuentes de agua mejorada, que en realidad significa que las mujeres tienen que acarrear varios kilómetros para trasladar el agua que su familia necesita diariamente, desde la fuente hasta el hogar.
¿Qué significan para una compañía los principios de costo total de recuperación? Nestlé y los consumidores de agua embotellada ya están pagando todo el costo de la infraestructura: la planta embotelladora y la red de distribución. Debido a la falta de transparencia con respecto a los aranceles del agua en general, no siempre está claro si el arancel que paga una compañía para el retiro de agua municipal para producción y para tratamiento de efluentes siempre cubre todos los costos de infraestructura. En zonas donde Nestlé confía en el agua municipal, el impacto del aumento de aranceles, digamos, en los niveles que se encuentran en Alemania, sería del orden de una fracción muy pequeña de centavos por dólar de nuestras ventas, basado en nuestro promedio de menos de 1,8 litros de agua retirada por dólar de ventas. Eso no es mucho.
El costo del agua
A los agricultores les resulta mucho más difícil cubrir el costo total de la infraestructura de agua. Pero también es posible. En Omán, usan un sistema que tiene 4.500 años de antigüedad y todavía funciona. Una vez que el agua llega a una villa, desde fuentes subterráneas y fuentes de montaña, canalizada a lo largo de muchos kilómetros, todos los habitantes de la villa obtienen acceso libre al agua potable que necesitan. El canal va luego a la mezquita: el agua también es gratis para las abluciones ceremoniales y una parte es apartada y vendida para financiar la mezquita y la escuela.
Después de eso, el agua se vuelve propiedad privada en porciones definidas, días, horas o minutos de derechos para usarla para irrigación. Los derechos se heredan y, lo que es más importante, se comercian. Hay frecuentes remates, donde partes de esos derechos de agua pueden venderse y comprarse o alquilarse dentro de la comunidad. Si por un tiempo un agricultor no necesita agua, la alquila a otro que tiene tierras adicionales disponibles para cultivo.
Si un agricultor quiere invertir en una irrigación más eficiente, puede financiar esa inversión vendiendo derechos de agua en forma permanente. Así, el agua obtiene un precio de mercado que es fijado por los que más saben: los agricultores. Este es un incentivo extremadamente fuerte para usar el agua en forma eficiente. Como el precio del agua varía a lo largo del año, es un método más inteligente para lograr eficiencia que, por ejemplo, los llamados cálculos de huella. Y como los agricultores comercian entre ellos, el precio no pone una carga financiera adicional sobre sus espaldas.
–A qué nivel diría usted que el liderazgo se vuelve más importante en este tema: ¿global, local, público o privado?
–Probablemente el liderazgo público local sea el más importante, Los líderes políticos dentro de un área, en diálogo con los principales stakeholders (los grupos de todos los involucrados directa o indirectamente), tienen que desarrollar e implementar una clara estrategia para manejar la extracción de agua eficientemente y así superar el riesgo de escasez estructural, una estrategia que también incluye mecanismos de mercado.
El éxito no es posible ni a pedacitos ni en forma aislada; requiere soluciones que sólo se encuentran en el diálogo entre los múltiples stakeholders. A escala global, hace falta un marco que asegure que las medidas locales puedan tener éxito. Hace falta comenzar a tratar el tema de los subsidios al agua que distorsionan los mercados. Otro requisito es liberalizar la agricultura, el sector donde es más urgente el uso eficiente del agua.

