INFORME |
Por Gonzalo Bernat (*)

A pesar de un pasado reciente de elevada volatilidad macroeconómica, nuestro país logró alcanzar una etapa de crecimiento sostenido entre mediados de 2002 y el mismo período de 2008, sobre la base de la elevada capacidad ociosa existente (tanto del capital físico como del humano); de una política de tipo de cambio real elevado; de la obtención de superávit gemelos; del saneamiento del sistema financiero y de la renegociación de la deuda pública, entre otros factores.
Notablemente, ese proceso se tradujo en una continua reducción del desempleo, lo que a su vez permitió una mejoría de diversos indicadores sociales.
Sin embargo, tanto las repercusiones locales de la crisis financiera internacional como diversos percances internos que comenzaron a acumularse desde inicios de 2007 (el aumento de la tasa de inflación, la apreciación del tipo de cambio real, el conflicto entre el Gobierno y el sector agropecuario, la intensa sequía que afectó a la campaña 2008/2009 y el déficit energético, entre otros), interrumpieron transitoriamente esa fase de crecimiento sostenido y de mejoría social.
En ese escenario, es relevante plantearse cuáles deberían ser los fundamentos económicos (y las consecuentes políticas) necesarios para alcanzar un nuevo proceso de crecimiento sostenido con efectos positivos sobre los indicadores sociales.
A modo de ejemplo, en este trabajo se plantea un escenario factible para el mediano plazo, con un sendero de crecimiento sostenido en el que la tasa de incremento del PIB se aceleraría continuamente, pasando de 4,7% en 2011 hasta 6% en 2014.
Adviértase que este escenario no debe considerarse una proyección sobre lo que efectivamente ocurrirá en la economía argentina en el mediano plazo, sino que se trata de un sendero de expansión plausible, asociado al cumplimiento de determinadas metas.
Precisamente, en el resto de este capítulo introductorio, se profundiza acerca de dos de las condiciones que se consideran relevantes para lograr las tasas de crecimiento mencionadas en el período 2011-2014: 1) crecimiento de la inversión; 2) aumento de la inserción externa y de las exportaciones.

Gonzalo Bernat
Foto: Gabriel Reig
Inversiones significativas
Indudablemente, la sustentabilidad del proceso de crecimiento continuo del Producto Interno Bruto argentino depende, entre otros factores, del desarrollo de inversiones significativas, que propicien tanto la ampliación de la capacidad de producción, de transporte, de acopio y de distribución como el incremento en la productividad de la oferta doméstica.
Entre mediados de 2002 y 2005, el crecimiento del PIB local se basó en el aumento progresivo de la utilización de la capacidad instalada (tanto en términos de capital físico como de capital humano), que había alcanzado elevados niveles de ociosidad como corolario de la crisis con que culminó el régimen de convertibilidad. En este sentido, el uso de la capacidad instalada industrial pasó desde 55,7% en 2002 hasta 72,9% en 2005.
Posteriormente, al agotarse parcialmente el exceso de capacidad de producción legado de la última crisis, numerosos sectores debieron intensificar su dinámica inversora. Por ese motivo, la participación de la Inversión Bruta Interna Fija (IBIF) en el PIB medida a precios corrientes se expandió desde 19,2% en 2004 a 24,2% en 2007, en tanto que se contrajo en 2008 y 2009, afectada tanto por la crisis financiera internacional como por la conjunción de factores internos mencionada previamente.
Vale destacar que, en 2007, el nivel del cociente inversión/producto resultó 4,3 puntos porcentuales superior al guarismo más elevado de la década del 90 (19.9% en 1994 y en 1998) y, al mismo tiempo, similar a los máximos registros históricos nacionales, alcanzados durante el segundo quinquenio de los 70.
En cuanto a sus principales componentes, la participación de la Inversión en Equipo Durable de Producción en la IBIF (fracción que se asocia más estrechamente con el aumento de la capacidad instalada de la economía) se incrementó desde 33,3% en 2001 a 41,1% en 2004, estabilizándose posteriormente en niveles próximos a 38%. Asimismo, al comparar la magnitud del cociente entre la IEDP y el PIB, se advierte que su nivel en 2007 (9,1%) superó por 1,1 puntos porcentuales al máximo durante la convertibilidad (8%, en 1998).
La dinámica reciente de la inversión en la Argentina presenta tanto aspectos positivos como negativos. Por un lado, los niveles de IBIF del período estudiado resultan ponderables debido a que las inversiones realizadas buscaron tanto la ampliación de la capacidad instalada orientada a abastecer el incremento simultáneo de las demandas interna y externa como el aumento de la productividad.
Por otro lado, si bien la magnitud del proceso de inversiones reciente fue históricamente elevada, se observó déficit de capacidad instalada en algunos sectores, entre los cuales se destacó la generación y distribución de energía eléctrica y de gas. Precisamente, la falta de inversiones en materia energética tornó lenta la evolución de la producción del sector industrial durante los últimos años, constituyéndose en un severo limitante a la sustentabilidad del proceso de crecimiento local.
A partir del sintético diagnóstico previo, puede delinearse un sendero de inversiones compatible con el escenario de crecimiento construido para el período 2011-2014. Para ello, debe considerarse que el cociente entre la IBIF y el PIB debería incrementarse con mayor rapidez que entre 2002 y 2007, dado que actualmente el porcentaje de ociosidad es ostensiblemente menor y que, además, deben concretarse urgentemente numerosos proyectos de inversión en energía de elevado valor.
Asimismo, la participación del gasto en Equipo Durable de Producción en el total de inversión debería permanecer elevada en el mediano plazo, ubicándose en torno de 40%, de modo de permitir la expansión tanto de la capacidad instalada como de la competitividad de la estructura productiva argentina.
En definitiva, si a la inversión en Equipo Durable de Producción se adiciona el gasto en construcción no residencial (como construcción de fábricas y galpones), el flujo de inversiones compatible con el escenario de crecimiento construido en la Introducción superaría los US$ 52.800 millones (14,1% del PIB) en 2011 y alcanzaría US$ 82.100 millones (15,4% del PIB) hacia 2014.
A su vez, la plausibilidad de esta dinámica inversora radica, entre otros factores, en la existencia de financiamiento adecuado, tanto en términos de volumen como de costo. Precisamente, uno de los segmentos del trabajo de Fundación Crear se aboca exclusivamente a estudiar las modificaciones necesarias en el sistema financiero argentino en aras de incrementar y de perfeccionar las fuentes de fondeo locales, reforma que contribuiría a alcanzar los niveles de inversión proyectados.
Inserción externa y exportaciones
Durante los últimos años, la generación de un superávit comercial recurrente se convirtió en uno de los pilares macroeconómicos del proceso de crecimiento argentino, dado que permitió que el continuo incremento del PIB no dependiera del volátil y, en ocasiones insuficiente, financiamiento externo.
Por el contrario, durante las décadas previas, el aumento sostenido del nivel de actividad interno derivaba frecuentemente en crecientes déficit, comerciales y de cuenta corriente, que culminaban en drásticos ajustes del sector externo vinculados a devaluaciones significativas que deterioraban los salarios reales.
De todos modos, la persistencia del superávit comercial en el período en cuestión se basó en la continua suba de los precios internacionales de los commodities alimenticios, energéticos y minerales que exporta la Argentina, tendencia que se inició a finales de 2003 y que se vio interrumpida a mediados de 2008, aun antes de la profundización de la crisis financiera mundial. De hecho, de haberse mantenido los precios internacionales de 2001, se habría registrado un déficit comercial de US$ 7.300 millones en 2008 (–US$ 7.400 millones si se excluyese del cálculo a los combustibles).
Esa dependencia del superávit comercial respecto de la evolución de los precios internacionales radicó en la divergencia entre las tasas de crecimiento de las cantidades exportadas y de las cantidades importadas. Por un lado, entre 2003 y 2008, las exportaciones a valores constantes (precios de 1993) aumentaron a una tasa promedio de 7,5%, contrayéndose en 2009 como corolario de la crisis internacional.
Nótese que, en ese período, la tasa de crecimiento de las exportaciones resultó inferior al ritmo medio de expansión alcanzado entre 1994 y 1998 por la misma variable (+13,7%), lo que da cuenta de la insuficiencia del tipo de cambio real elevado por sí solo para promover el aumento de las ventas externas. Como rasgo positivo, en el contexto de América latina, la tasa de crecimiento acumulado de los envíos al exterior argentinos entre 2003 y 2008 (44,6%) resultó sólo superada por Perú (53,6%).
Por otro lado, la tasa de crecimiento de las importaciones a precios de 1993 promedió 24,6% entre 2003 y 2008, lo que arrojó una elasticidad entre aquella variable y el PIB de 3,0. En consecuencia, el ritmo de expansión de las compras al exterior superó nítidamente a la tasa de incremento de las exportaciones en todos los años que comprendieron el período bajo estudio, lo que implica que, de no haberse concretado el mencionado aumento de los precios internacionales de nuestras ventas externas, el resultado comercial se hubiera deteriorado progresivamente.
A partir del breve análisis previo, puede trazarse una trayectoria para el balance comercial argentino compatible con el escenario de crecimiento formulado para el período 2010-2014. Con ese fin, se adoptaron los siguientes supuestos: 1) precios internacionales en niveles similares al actual durante toda esa etapa; 2) ritmo de crecimiento de las cantidades exportadas idéntico al alcanzado entre 2003 y 2008 (+7,5%); 3) elasticidad entre las importaciones y el PIB de 3,0, igual a la observada tanto en el período post convertibilidad como durante la década del 90.
En resumen, a partir de esos supuestos y del sendero de crecimiento del PIB proyectado, el saldo comercial (incluyendo los servicios reales) disminuiría desde US$ 13.100 millones (3,5% del PIB) en 2011 hasta US$ –7.100 millones (–1,3% del PIB) hacia 2014. Adviértase que el deterioro del superávit comercial se acentuaría en caso de que: disminuyeran los precios internacionales de los commodities que exporta la Argentina, se tornara más lento el ritmo de aumento de nuestras ventas externas y/o se acrecentara la tasa de incremento del PIB.
En definitiva, el aumento de la inserción internacional de la Argentina, asociado a una mayor tasa de expansión de sus exportaciones, contribuiría a atenuar, o en el mejor de los casos, a evitar el deterioro del superávit comercial, dinámica que erosiona la sustentabilidad del proceso de crecimiento económico en el mediano plazo.
En ese contexto, diversas líneas de trabajo de Fundación Crear se vinculan a las políticas y a las estrategias necesarias para incrementar el volumen de las ventas externas con un perfil menos vulnerable a las oscilaciones de un escenario global más impredecible y menos favorable a nuestro tradicional modelo de inserción internacional.
(*) Gonzalo Bernat es economista.
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Sólo ideas concretas
La intención de los empresarios y profesionales argentinos nucleados en Fundación Crear es aportar ideas concretas en el terreno económico, que deberían articularse en una “visión” del país que se anhela. (*) Horacio Losoviz es el presidente de Fundación Crear. |


