ESTRATEGIA | Empresas
Por Mauro Maciel
La idea del proyecto nació de un plan inicial que suponía la producción de biodiésel a partir de la colza. Ariel Scaparro, hoy presidente de ALS Bioenergías, regresó a la Argentina, en 2006, luego de dos décadas y tras haber hecho consultoría en energías alternativas y nuevos negocios en Suecia. Entonces, contaba con un acuerdo con una cooperativa sueca, que se frustró luego del conflicto por la Resolución 125, la sequía y la crisis financiera internacional.
Más tarde Scaparro conoció a José Luis Martínez Justo, hoy director de ALS Bioenergías, con larga trayectoria en los mercados de petróleo y lubricantes y pionero en biodiésel en la Argentina, y juntos decidieron dar forma al emprendimiento: desarrollar biodiésel, a partir de la aplicación de tecnologías de segunda generación, para la elaboración de biocombustibles de mayor calidad en los mercados más exigentes.
En 2009, ALS obtuvo la patente de su proceso tecnológico y la validación en Estados Unidos por parte de la certificadora internacional, Saybolt. Además, selló alianzas estratégicas con Dow Argentina, para impulsar la promoción de la instalación de plantas, y con KPMG, para la búsqueda de socios inversores interesados en la iniciativa.
–¿Cuáles son las características esenciales del proyecto?
–JLM: La idea era abocarnos a una tecnología que permita producción escalable y desarrollamos un sistema, llamado multi-feedstock, que no utiliza agua ni ácidos, mejora la calidad del biodiésel y admite procesar una gran variedad de materias primas. Así, podemos arrancar un paso antes porque no necesitamos refinar. También incluimos un sistema basado en la nanotecnología que permite una reacción muy superior a la de las tecnologías tradicionales y brinda un rendimiento espectacular, alcanzando un agregado mínimo de conversión de 3%, de punta a punta.
–AS: Por estas razones, una de las ideas que tenemos, a partir de la alianza con Dow, es ponerle un nombre al biocombustible. Es decir, dentro del mercado de commodities, resaltar las calidades del producto para que sea reconocido como tal.
–¿Qué variedad de cultivos podría formar parte de los insumos?
–AS: En el caso del biodiésel proponemos cultivos alternativos, que nacen en zonas desérticas o semidesérticas, y el de la salicornia es uno de ellos. Es una planta que crece en zonas marginales y se riega con agua salada, de mar, y permite pensar en todo el litoral argentino, como un área potencial para expandir la frontera agrícola. De esta manera, la salicornia podría ofrecer una parte muy pequeña destinada al consumo humano (el llamado espárrago de mar), el resto de la planta como proteína animal y, por último, a partir de las semillas, como aceite para el biodiésel.
–¿En qué etapa se encuentra el proceso de búsquedas que encabeza KPMG y cuáles son los requisitos pretendidos?
–AS: Las invitaciones comenzaron a principios de junio y la propuesta comprende un abanico de soluciones financieras, como joint ventures, una simple participación con management de ALS, inversión de los productores o interesados o entrega de planta llave en mano. KPMG ha cursado invitaciones a 35 grupos que fueron prefiltrados en base a una serie de criterios y se prevé un período de 45 días hasta que los interesados empiecen a ofertar.
–¿Cuál es el panorama en materia de regulación en el país?
–JLM: La Argentina comenzó el 1° de enero con bioetanol, cuyo corte es hoy de 2%, y desde el 1° de abril, el corte de biodiésel en todo el gasoil que hay en el mercado es de 5%. Hasta ese momento se decía lo que se iba a hacer pero no se conocía el precio y, por ello, nadie se decidió a invertir y todos los proyectos estaban abocados a la exportación. Presentadas las reglas del juego, comenzaron a surgir proyectos como el nuestro, abocados al mercado local.
–¿Por qué motivo han elegido lanzar la idea del proyecto en el país?
–AS: Fundamentalmente por la materia prima. Somos el país número uno de productores de aceite de soja, cuyos costos no se pueden combatir, en términos competitivos, en ningún otro país del mundo. Pero también, elegimos la Argentina porque al comienzo del proyecto no había biodiésel. Aún hoy deben existir sólo nueve plantas grandes, entre aceiteras y no aceiteras.
–JLM: Como punto de partida instalaremos en Zárate, a modo de buque insignia, la primera planta de producción de biodiésel de 60.000 toneladas para abastecer al mercado argentino. Será una planta modelo, replicable en tamaños mayores o menores en cualquier lugar de la Argentina o del Cono Sur. Su construcción se estima en un plazo de 180 días, desde sus cimientos hasta la producción del biodiésel.

