viernes, 19 de junio de 2026

    El debate de hoy y el de mañana


    ESPECIAL RSE | Carta del editor

    La crisis financiera internacional que irrumpió de manera notoria en el escenario global –aunque estaba allí desde mucho tiempo antes– ha puesto bajo las luces algunas realidades que hasta hace pocas semanas merecía solamente debates académicos.
    La decisiva y creciente intervención del Estado en la economía, los reclamos por mayor intervención estatal han ganado adeptos entre las víctimas reales o presuntas de la catástrofe financiera. Es decir, entre casi todos.
    A la luz de esta nueva situación, es probable que el estado del debate sobre la Responsabilidad Social Empresaria, cambie y se acelere en forma notoria.
    ¿Cuáles eran los términos del debate hace un lustro? Entre los apóstoles del nuevo credo de la RSE que sostenían que era de la esencia empresarial involucrarse en el tema, de un lado, y del otro, los exegetas del libre mercado a ultranza que repetían que el único objetivo de la empresa era maximizar las ganancias para sus accionistas o propietarios.
    De a poco, los primeros fueron ganando terreno y se convirtieron en mayoría.
    Entonces, ¿cuál es el debate del día? El eje se ha desplazado. Ya nadie pregunta si debe existir la RSE. Después de años de virulenta discusión, hay acuerdo: la RSE existe, se consolida y se ha convertido en corriente principal del pensamiento en el ámbito empresarial. La nueva pregunta es: ¿realmente funciona? Y además: ¿cómo funciona? Por dónde pasa la discusión en el mundo, cómo evoluciona la agenda de la RSE en el plano local, cuáles son las nuevas acciones y pensamientos de todos los protagonistas. El escrutinio es en torno a los distintos programas e iniciativas en marcha. Hay que privilegiar el ambiente, la educación, la salud, combatir la pobreza. ¿Cuáles son las opciones más eficientes?
    Lo que nos lleva al último –por ahora– interrogante- ¿Cuál será el debate del futuro?
    Seguramente al paso con que se avanza en el nuevo contexto internacional, será sobre si debe ser obligatoria. Sobre si Gobiernos nacionales u organismos internacionales deberían legislar sobre la materia. Lo que explica la calidad de iniciativas privadas recientes para que las empresas de todo tamaño y peso adhieran a los principios de la RSE en forma voluntaria, antes de que les sea impuesto. Por ejemplo: ya hay 167 empresas internacionales que adoptaron políticas que consagran el respeto a los derechos humanos. Para las ONG, especialmente, la cuestión es que los programas voluntarios de RSE son inadecuados –desde su perspectiva– y las responsabilidades son insuficientes.
    Hay múltiples definiciones de RSE, con especial énfasis en algunas de sus características, según de quién sea la definición. El público general tiene una visión muy ligada a la generación de empleos, pagos de impuestos, buenos productos, honestidad; como se puede confirmar en la exclusiva investigación de opinión pública que detallamos a partir de la página 46. Obviamente los empresarios tienen otros puntos de vista, que se pueden consultar también en una segunda encuesta exclusiva de Mercado entre directivos empresarios, que se despliega a partir de la página 30.
    Las ONG y los Gobiernos, finalmente, también tienen sus ideas al respecto. En algún caso se refieren a las prácticas adoptadas por las empresas para proteger la salud y los derechos de sus trabajadores, de los empleados de los proveedores y de todos los stakeholders, o sea los que tienen interés en el comportamiento de la empresa, entre quienes destacan los miembros de la comunidad en la que se halla inserta una empresa.
    Al mismo tiempo, desarrollando esas acciones, las empresas protegen la reputación corporativa, el prestigio de sus marcas y se ganan la buena voluntad del público. Ahora que la discusión cambió de rumbo, el test de la RSE pasa por la triple perfomance: financiera, ambiental y social. Por ahora, la RSE es una decisión de la empresa. Mañana podría ser un mandato legal.
    El terreno resbaladizo acecha cuando se quiere medir el valor de los programas de RSE. ¿Cuál es, en suma, el ROI, el retorno de la inversión? Algunos responden: ¿cuál es el ROI de tener una adecuada cobertura de seguros?
    De lo que no cabe duda es que los beneficios de la RSE incluyen una efectiva protección de bienes tangibles e intangibles; la capacidad de atraer y retener a los empleados más talentosos; y en muchos casos demostrables, la habilidad de aumentar el market share o la porción de mercado que se controla.
    Esta es la razón por la que ofrecemos a los lectores este producto “fuera de serie”, con lo que consideramos el informe definitivo: por dónde pasa la discusión en el mundo, cómo evoluciona la agenda de la RSE en el plano local, y nuevas acciones y pensamientos de todos los protagonistas. Todo, en cinco capítulos de extraordinaria riqueza conceptual.