Por Gustavo Baiman

Tobías Schmukler
Innovatekne es una empresa pensada para crear otras empresas. Su negocio es detectar proyectos innovadores en el ámbito de la ciencia y la tecnología para transformarlos en productos comerciales. La compañía aporta recursos financieros, propone un plan de negocios y lleva adelante la gestión del nuevo emprendimiento en una primera etapa. Para ser aceptadas las propuestas, además de ser novedosas tienen que ser potencialmente rentables y no deben estar limitadas sólo al mercado argentino.
Es una forma genuina de invertir en conocimiento, en donde el principal recurso es el capital humano. Así lo piensa Tobías Schmukler, presidente de Innovatekne: “Trabajamos con distintas universidades y otras instituciones como la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica. Comenzamos a principios del año pasado y llevamos evaluados más de 180 proyectos de los cuales seleccionamos tres para llevar adelante”.
El diseño del plan de negocios está pensado para cada proyecto en particular, en líneas generales, lo que buscan es definir cuál es el mercado, el precio del producto, quiénes podrían ser los eventuales competidores, se fijan los canales de comercialización y se traza la estrategia de marketing y comunicación. Luego se analiza la estructura administrativa y los requerimientos en cuanto a los recursos humanos.
Principalmente se buscan inventos que apunten a las áreas de la física, química, ingeniería en electrónica y dispositivos médicos. En cuanto a la inversión, el techo para cada proyecto es de US$ 100.000.
“Somos un fondo de inversión que está en la etapa inicial; es lo que se denomina capital semilla. En esta primera etapa, nos sentamos con el científico y en conjunto realizamos una estrategia de negocio, lo ayudamos a entender la parte comercial para transformar su invención en una innovación”, dice Schmukler.
Existe un cálculo sobre el negocio de armar empresas con bases científicas y tecnológicas: de cada 100 proyectos evaluados sólo uno o dos son los que realmente sirven. De diez emprendimientos que se concretan habrá dos o tres que terminarán siendo un fracaso rotundo, dos o tres que no perderán ni ganarán, uno o dos que serán medianamente rentables y uno que llegará a ser verdaderamente exitoso. Este último es el que le va a garantizar al grupo inversor ser sustentable. Tomando en cuenta la distinta suerte del total de los emprendimientos, en Innovatekne estiman que tendrán una tasa de rentabilidad de 35% anual.
“Éste es un calculo que está basado en la experiencia de otros países con economías desarrolladas, por eso el objetivo es hacer 10 inversiones –dice Schmukler– Entramos, invertimos, somos socios, acompañamos al científico a lo largo de cuatro ó cinco años y cuando el proyecto está maduro, cuando se convierte en una empresa con una facturación estable y es razonablemente exitosa, ahí buscamos salir. Vendemos nuestra participación a un fondo mayor”.
Los tres proyectos que Innovatekne ya está llevando adelante están vinculados al área de la robótica, de los dispositivos médicos y de la ingeniería civil. Estos trabajos los realizan junto con la Universidad de Rosario, la Universidad de Buenos Aires y un grupo de científicos independientes que estuvieron ligados anteriormente a la Comisión Nacional de Energía Atómica.
“Cada mil habitantes de nuestra población económicamente activa tenemos un científico; es el doble de los países de la región. El problema es que todavía tenemos una barrera cultural, es decir una forma de entender la ciencia que impide que ese conocimiento se transforme en empresas productivas. De todas formas, hay señales positivas de cambio como el hecho de haber creado el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva”, concluye Schmukler.

