jueves, 28 de mayo de 2026

    ¿Habrá un colapso en Internet?

    Por Miguel Ángel Diez

    La memoria opera siempre con criterio selectivo. Afortunadamente. Permite recordar los momentos gratos y olvidar o minimizar los desagradables. En la década de los años 80 todo el mundo se dedicaba con frenesí a enviar mensajes de fax. Se decía: “¿cómo era la vida antes del fax?”. Aun así, aparecieron los agoreros que pronosticaban –lo que nunca ocurrió– un colapso del sistema telefónico por el uso excesivo que se hacía de la nueva herramienta.
    A mediados de la década pasada explotó Internet, que cautivó a millones de nuevos usuarios. Todavía no abundaba la banda ancha y muchos de los adelantos tecnológicos que siguieron no estaban en los planes de nadie. Aun así, pronto los agoreros advirtieron sobre un crac en el sistema. Y todos temblamos, del mismo modo que lo hicimos cuando se avecinaba la pesadilla del Y2000, o el derrumbe informático que nos traería el nuevo siglo.
    A pesar de tantos fracasos en la predicción, los pronosticadores no se rinden y vuelve con fuerza la idea de una falla total de la Internet que conocemos.
    No es reciente. Hace ya algunos años que se habla del peligro que implica el aumento impresionante de los datos que circulan por Internet. El nuevo y prodigioso peligro es causado por la riqueza visual de películas, videoclips, redes sociales y juegos, que son archivos sumamente pesados.
    Es que las imágenes en movimiento pesan muchísimo más que las palabras o los sonidos. Ellas forman pesados ríos de bits digitales cuando circulan por las cañerías y avenidas de Internet y requieren cada vez más ancho de banda. El año pasado, según un cálculo, la página de video YouTube, propiedad de Google, consumió el mismo ancho de banda que la totalidad de Internet en el año 2000.
    En un informe muy comentado que apareció en el mes de noviembre del año pasado, una firma de investigación proyectaba que para 2011, la demanda de los usuarios podría superar la capacidad de Internet.

    Un desafío que afrontar
    Sin embargo, el aumento del tráfico en Internet representa más un desafío en ciernes que una catástrofe inminente. Ni siquiera los más preocupados anuncian un apagón en la Red. Ellos dicen que el usuario particular, podría experimentar la crisis en forma de descargas más lentas y demoras en la recepción de e-mails con respecto a años anteriores (lo que para algunos ya está ocurriendo).
    Los más preocupados anuncian una saturación de ancho de banda para 2011 y anticipan que la demanda crecerá 100% para ese año. Otros no se preocupan tanto, al menos en el corto plazo.
    La tasa de crecimiento es impresionante. Pero al mismo tiempo está avanzando la tecnología para manejar el tráfico en Internet. Los routers para retransmitir los datos se hacen más rápidos, la transmisión de fibra óptica mejora y el software para sortear paquetes de datos se vuelve más inteligente.
    Aunque por un lado los expertos debaten la inmediatez del desafío, coinciden en que señala la existencia de un tema más amplio. En la era de Internet, dicen, las redes de alta velocidad se están convirtiendo cada vez más en las cubetas de la innovación científica y económica, que engendran nuevos negocios, mercados y empleos.
    Internet, aunque una red global, es en muchos sentidos, sorprendentemente local. Es una vasta amalgama de redes pequeñas todas conectadas entre sí. Las preocupaciones sobre congestión de tránsito digital no son realmente sobre las principales líneas troncales de Internet, equivalentes a las autopistas. El problema está más cerca del hogar; es la capacidad de los conmutadores vecinales, routers y cañerías que entran en una casa. El costo de tender fibra óptica hasta una casa, estiman los analistas, puede ser de US$ 1.000 o más.
    Por eso es que la velocidad de acceso a Internet varía tanto de país a país. Porque depende de patrones locales de inversión corporativa y subsidio del Gobierno. En Taiwán, la velocidad de acceso es dos veces más rápida y mucho más barata que en Estados Unidos, donde la inversión requerida para hacer frente al aumento de tránsito es monumental.