Por Rubén Chorny
El paty, la espumita de Quilmes, el jean junto con las zapatillas Pampero de Alpargatas, el cemento de Loma Negra y el aceite Cocinero de Molinos sacaron la carta de ciudadanía brasileña.
Han sido emblemas del empresariado nacional coloreados de verde y amarillo, justo cuando llevaban más de dos años recuperando el terreno perdido en la crisis económica que colapsó en 2001.
Nada más que entre enero y septiembre de este año, se anunciaron 10 fusiones y adquisiciones que involucran un monto de casi US$ 500 millones, 25% del total de las 35 operaciones desde todo origen registradas.
El ciclo dio en llamarse “la brasileñización de la economía argentina”, una profecía darwiniana que hace años advierte que el aparato productivo terminará deglutido por las fauces del pez grande del continente.
Mariano Lamothe, de abeceb.com, busca explicaciones: “Brasil ya había arreglado su endeudamiento, penetrado en los mercados, colocado deuda en excelentes condiciones y así disponía de financiamiento para hacer trascender la industria fuera de su frontera. También explotaba las materias primas. Cepal denomina este proceso traslatinización. De la región, Brasil y Chile son los que más vuelo cobraron. Poseen un entramado de empresas de gran porte con mayores inversiones en áreas estratégicas, y se consolidan en grandes conglomerados”.
Las corporaciones brasileñas salieron a otear las economías vecinas, a las que ya les venían vendiendo sus productos. Porque esa es la otra particularidad del funcionamiento: de las 23.113 exportadoras con que cuenta, 10.668 son grandes y proveen a la Argentina por US$ 11.541 millones. En cambio, en nuestro país, de las 14.925 firmas que participan en el comercio exterior, se contabilizan sólo 905 grandes, que le facturan US$ 7.075 millones al “mais grande do mondo”. Las Pyme aportan nada más que US$ 666 millones.
Es la mejor explicación práctica del motivo por el que, en estos cuatro años, a pesar de que el peso se devaluó respecto del real, la balanza comercial con Brasil ha sido cada vez más deficitaria: las grandes empresas exportan hacia la Argentina muchísima más “industria”, a través de las subsidiarias que han ido comprando, que lo que las numerosas Pyme argentinas alcanzan a colocar en el mercado brasileño.
Pampa gaúcha
Brasil desplazó a la pampa húmeda como exportadora de carnes y se lanzó a anexar establecimientos argentinos y uruguayos para consolidar su liderazgo. Dejó más de US$ 300 millones en el país a cambio de los paquetes accionarios adquiridos del sector de la carne.
El grupo brasileño JBS-Friboi abrió la brecha al quedarse en primera instancia hace dos años con Swift Armour y ahora se convirtió en el líder mundial en producción y exportación de carne bovina: posee seis plantas en la Argentina y maneja por encima de 1.300 toneladas de la cuota Hilton.
Pero el pase rutilante del año fue el de Quickfood a Marfrig por US$ 266 millones, ya que además del genérico Paty se adueñó de la cuota Hilton que tiene la empresa que perteneciera a los Bameule.
Mientras, el propio gobierno de Néstor Kirchner ha cerrado prácticamente las exportaciones de carne por fijarle el precio interno de venta.
Así como la visión estratégica brasileña dictaba como prioridad el posicionamiento energético hace siete años, ahora se orienta hacia alimentos, como la carne y los del complejo sojero.
En cuatro años, el sector manufacturero anunció inversiones dentro de la Argentina por US$ 3.533,7 millones, según abeceb.com contra US$ 2.350 millones del primario, que comprende extracción de petróleo y gas junto con minería. El orden de preferencias lo encabeza la fabricación de cemento, a través de Loma Negra, que de Amalia Fortabat fue a parar al grupo Camargo Correa. Así, los brasileños pasaron a ser importadores de su propia producción al otro lado de la frontera para lo cual la refuerzan con una inversión de US$ 100 millones.
La refinación de petróleo es la segunda actividad más fuerte de los brasileños en el país. De la mano de Petrobras, destinará US$ 2.370 millones en proyectos de exploración y ampliación de refinerías. Mientras que los frigoríficos ascendieron al tercer lugar.
Corporativismo clásico
El esquema de integración de los negocios que aplican las empresas brasileñas que compran los paquetes accionarios fuera de su país es el corporativo de manual.
Se trata del caso de Camargo Correa, una de las más importantes de Brasil, nacida en 1939 como una pequeña empresa de terraplén y pavimentación, fundada por Sebastião Camargo. En poco más de 60 años cuenta con más de 30 mil empleados, para negocios que van desde la ingeniería, construcción y cemento, hasta las áreas de calzados, textiles, transporte, siderurgia y gestión ambiental, entre otros.
Así a su rama textil y de calzado le interesó anexar a Alpargatas, aunque más por una razón estratégica que por tratarse de una “pichincha”.
Nicolás Bridger, economista de Prefinex, hizo un ejercicio en el que compatibiliza múltiplos de precios y ganancias de Alpargatas entre ambos países y llega a la siguiente conclusión: si la emblemática textil con sede en Barracas hubiera estado radicada en Brasil, sus acciones hubiesen cotizado 14% más alto que en la Argentina. La diferencia no explicaría por sí sola la trascendental decisión de compra.
Invirtiendo la ecuación: ¿la oferta de US$ 51,4 millones justificaba que Newbridge, el fondo que la tomó en convocatoria, se bajara de la recuperación alcanzada por Alpargatas y entregara, en alza, la posta local a los brasileños?
Mientras, los hombres de negocios de Argentina deshojan la margarita entre reinvertir o esperar la propuesta salvadora. Miran de reojo el crecimiento récord y la inflación en ascenso para concluir que se llegó a un tope de mercado: el consumo interno está casi a full, lo mismo la capacidad instalada de la industria, y si las exportaciones mejoraron sustancialmente en estos años, hasta llegar a los US$ 50.000 millones, lo hicieron por debajo del promedio internacional.
El grupo Techint reinvierte, pero afuera. Se trasnacionalizó. Hace tiempo que optó por especializar sus negocios siderúrgicos en el eje norteamericano-europeo, para lo cual salió a adquirir plantas en Venezuela y México. La operación en la Argentina se limita a 20% de la facturación total del holding.
Si el complejo de la familia Rocca no hubiera perforado el techo del mercado argentino, habría quedado circunscripto a esa mínima expresión de 20% y podría haber sido también presa de un comprador extranjero, como sucedió con Alpargatas, Acindar o Quilmes.
¿Quo vadis?
¿Hacia dónde va Brasil y qué le espera a la Argentina? Maximiliano Scarlan, de abeceb.com, resume: “Pasó de una economía de sustitución a otra que se expande hacia fuera, lo cual se compensa con la creación de otro tipo de barreras. Pero sin desarrollo no hay competitividad productiva. Corea y Japón atravesaron esas etapas, donde se usa el fomento para desarrollarse, dar el salto cualitativo y pasar a otro plano. El salto brasileño está trayendo costos para la Argentina. Los industriales reclaman apoyo al Estado. La década del 90 dejó a las empresas en muy mala situación, mientras un proceso de consolidación mundial sólo demandaba del campo o la minería. Hay muchos dirigentes de la UIA que tienen campos: apuestan antes a la producción de cereales que a reinvertir en las fábricas”.
No hay diferencia cambiaria que cuente en este ciclo. Tanto la balanza de las inversiones entre ambos países como la del comercio exterior se inclinan en forma abrumadora hacia la novena economía del mundo: desde 2000, la presencia inversora de Brasil ascendió a US$ 10.000 millones pesificados, contra sólo US$ 300 millones “realizados” del lado argentino.






