Por Rubén Chorny

Quienes contestaron la encuesta prevén que la coyuntura internacional seguirá favorable y que por inercia apalancará crecimiento, aunque más moderado. Ven venir un ajuste en 2008 y temen la carrera precios-salarios.
¿Puede entenderse que 8 de cada 10 empresarios reconozcan estar entre mucho y algo mejor que hace cinco años, que lo atribuyan a un ciclo internacional favorable a las materias primas que exporta el país, que subrayen la ausencia de un plan económico de mediano y largo plazo que sustente el crecimiento y que en 440 respuestas nadie mencione siquiera una vez el nombre de la ministra de Economía, Felisa Miceli?
Tampoco aparece el de su predecesor Roberto Lavagna, aunque por lo menos lo rocen en un par de párrafos para acreditar que ocupó tres años el Palacio de Hacienda.
Los empresarios ven venir una desaceleración del crecimiento en 2008, con poca energía, mucha inflación y sin timonel económico visible para pilotear la transición.
Les preocupa la vulnerabilidad en las instituciones que crea este estilo de gobierno, la pobreza y el vaciamiento educativo.
Lo cierto es que el humor de los hombres de negocios con el Gobierno pasa por su peor momento. Se escucha en los corrillos donde se juntan más de dos empresarios. Se refleja en la encuesta que realizó Neo Research para Mercado, bajo la dirección de la investigadora Patricia Gamboa, que toma el pulso de quienes detentan el poder de decisión privado sobre la generación de riqueza y de empleos.
Más allá de los porcentajes extraídos, el trabajo reunió una serie de subjetividades que señalan un estado de ánimo rayano con el desencanto hacia la administración ejercida por Néstor Kirchner.
¿Cuán lejos está el reconocimiento de lo bien que les ha ido en estos cinco años respecto de la angustia de no lograr avizorar una perspectiva confiable de ahora en más?
Si el Gobierno del santacruceño –y el de su sucesora– no asume el costo político de redireccionarse hacia objetivos afines con atenuar la inestabilidad que la inflación y la escasez de energía provocan en la Argentina real de las fábricas, los comercios, las escuelas, las calles y no hay una opción opositora con caudal político factible de materializarse en la elección de octubre, ¿habrá que conformarse con esperar que la profecía del Apocalipsis cíclico en el país vuelva a autocumplirse, sin que nadie escuche estas advertencias?
Los empresarios consultados se debaten en tal estado de impotencia, según surge de la encuesta sobre los temas centrales de la economía argentina comisionada por Mercado y concebida y realizada por Neo-Research como proyecto de investigación social.
Lo que más llamó la atención de quienes clasificaron los datos reunidos fue:
• El desarrollo de las respuestas no se limitó a tildar las opciones del cuestionario, sino que se incorporaron comentarios en casi todos los casos.
• El agradecimiento por disponer de un espacio para expresarse.
• La oportunidad de haber ejercitado la capacidad de reflexionar sobre dónde se está parado al clasificar los cinco principales problemas que aquejan a la economía.
• El deseo manifiesto de que las opiniones sean leídas por quienes toman decisiones.
Composición: tema, la vaca
Los hombres de negocios expresan la sensación de que la situación actual está prendida con alfileres y que después de las elecciones y, quizás, de pasado el primer año de inercia superpositiva que se trae, el ciclo de crecimiento se interrumpirá siguiendo la línea histórica de vacas gordas-vacas flacas.
No ocultan su desesperación por hacerse escuchar y que no se repita lo que temen inexorable. Asumen, en líneas generales, que será necesario pasar por un sinceramiento en los precios y las tarifas el año que viene, aunque le temen a la carrera que se puede desatar con los salarios.
Aceptan que en el mejor de los casos el costo sea moderar la tasa de expansión de la economía. Pero previenen que, sin ese sinceramiento y sin que se garantice estabilidad en las reglas de juego, no vendrán inversiones extranjeras ni cabe esperar que las empresas amplíen la capacidad instalada para adecuarse a este nivel constante de marcha. Lucas Llach había expresado, en la anterior edición de Mercado que lo ideal sería que la economía sincronizara en los 6 puntos de crecimiento, inflación y desempleo, por más que para que ello ocurra tenga que haber más inversión.
Los empresarios suscribirían de mil amores esa tabla del seis, si fuese posible, aunque sostenida en el tiempo.
Ahora dudan, se desprende de la encuesta, que tanto Néstor como Cristina Kirchner sean capaces de reencauzar este ciclo. Tampoco surge el mito de un “salvador”, como durante más de una década esa iluminación estuvo reservada a Domingo Cavallo.
En los comentarios afirman sentirse engañados por un Gobierno que reitera lo que solía decirles Menem, pero por la contraria: “Vamos bien”, frente a la incontrastable realidad de que la energía y la inflación andan mal. El ex presidente de la década del 90 lo expresaba al revés: “Estamos mal pero vamos bien”.
Aparece en muchas de las respuestas la indignación por la manipulación informativa, cuya expresión más grosera fue la intervención al Indec. Lo toman no sólo como la destrucción de la confianza en un indicador interno importante, sino como un factor que ahuyenta a los extranjeros.
Fracaso comunicacional
La percepción de los beneficios económicos de los últimos cinco años se nota más en las grandes empresas y en los microemprendimientos que en las Pyme.
En los conglomerados de mayor volumen han tenido un fuerte peso las exportaciones y la quita que lograron de sus pasivos bancarios tras la pesificación asimétrica.
Pero una de las claves del entorno que tuvo la encuesta ha sido que coincidió con la primera “ola de frío” del año, en respuesta a la cual la decisión oficial fue negarle a la población que existiera una crisis y aplicar restricciones al suministro de energía a las empresas para que el faltante no se hiciera sentir en los hogares.
La “bronca” de los empresarios se trasunta en las respuestas que enviaran.
La otra fueron los coletazos del cambio de política de precios, que pasó de controlarlos a ocultarlos. El escándalo que explotó en el Indec cayó muy mal en el ambiente de negocios.
Pocos reconocimientos
Pero hubo otro quiebre que tiñó la predisposición del empresariado hacia el Gobierno y fue a partir de un cambio de actitud de la prensa en general, que de venir siendo bastante complaciente con la gestión oficial, a partir del caso Skanska y de la crisis energética silenciada por las autoridades endureció las críticas hacia la Casa Rosada.
La permeabilidad del humor empresarial a la opinión de los medios más influyentes del país se refleja en los mismos resultados de la encuesta, ya que 74% de los consultados admite estar “muy interesado en la economía nacional”, en contraste con la escasa importancia que asignan a la política internacional. Y 7 de cada 10 recurre a diarios nacionales para informarse, siendo La Nación y Clarín los que concentran 30% aproximadamente.
Basta con revisar la colección de los dos últimos meses de ambos matutinos, más los especializados en economía, para verificar que el tratamiento informativo respecto de energía, inflación y corrupción no fue el más proclive a la imagen del Gobierno.
En ninguna de las líneas de respuesta a la pregunta acerca del principal motivo al que atribuían el actual crecimiento económico surgió reconocimiento alguno a Néstor Kirchner, pese a que 80% evolucionó “bastante o mucho mejor” que hace cinco años.
Es más: 6 de cada 10 lo vincularon principalmente a “un proceso económico cíclico y recurrente que ocurre en la Argentina”.
Argumentaron espontáneamente: a través de la historia, nuestro país vive en situaciones de crecimiento y depresión constantes (épocas sucesivas de vacas gordas seguidas de épocas de vacas flacas) y la bonanza económica no está acompañada por planes económicos de largo plazo, ya que (para 53%) sólo se aplican medidas coyunturales, no de fondo.
La impresión generalizada es que los precios actuales de los commodities, sumados al tipo de cambio (para 42%), han puesto el país en una situación de competitividad, siendo esta la principal causa de crecimiento para el resto de los entrevistados.
En tal sentido contrasta el escepticismo que guía esta coyuntura nacional con el optimismo que denotan sobre la situación internacional, a la que reivindican como locomotora del presente ciclo de crecimiento doméstico.
Para 67% el comportamiento externo seguirá siendo muy o al menos bastante favorable. Y 70% opina que sería muy negativo para el país si se revirtiera esta corriente exógena.
Inercia en 2008
La reflexión prevaleciente a lo que sigue a las elecciones presidenciales de octubre denota el malhumor coyuntural de los hombres de negocios para con el Gobierno: 46% respondió que espera que la situación en 2008 sea muy buena debido a la inercia de los últimos años, aunque al fundamentar se resignan a una desaceleración respecto de las altas tasas vigentes.
Una cuarta parte asegura que no habrá cambios en la política económica, proporción que se amplía a un tercio cuando la referencia alcanza a uno de los principales problemas que deberá afrontar el próximo Gobierno: la inflación.
Sin embargo, hay 30% que califica de regular el comportamiento de la economía el año que viene, ya que esperan que no crezca o inclusive que caiga un poco. Ven la inflación como consecuencia directa del sinceramiento de precios que se cierne. Se lamenta este conjunto de la falta de inversiones y 20% señala directamente la crisis energética como la causa del año “regular” que prevén.
Sugestiva definición predominante ante la pregunta ¿por qué piensa que el crecimiento en el país se debe a un proceso económico cíclico y recurrente que ocurre en la Argentina?: “Históricamente siempre tiene ciclos de 6 a 8 años de duración, la situación se repite”.
En segundo lugar, esos ciclos se atribuyen a que “los planes económicos son a corto plazo, no se sustentan en el tiempo”.
Eso sí se rescatan dos valores: “el tipo de cambio favorece a la Argentina, produjo una ventaja competitiva” y “los impuestos a las exportaciones generan superávit fiscal” como pilares del modelo económico.
Los cinco principales
De los 10 problemas seleccionados como principales motivos de preocupación empresarial, los encuestados eligieron los siguientes cinco: 1) energía; 2) inestabilidad institucional; 3) inflación; 4) pobreza; 5) capacitación de mano de obra.
El común denominador de este “ránking” sería el desaliento a las inversiones espontáneas.
Así lo explican:
1) La energía: frena-detiene las inversiones extranjeras, se duda de si conviene invertir en la Argentina. Reflexión: sin ella no hay crecimiento/ se detiene; no crece la producción/ las empresas tienen que bajar la producción. Es el mensaje explícito.
2) La inestabilidad institucional: frena-detiene-desalienta las inversiones extranjeras/ se duda sobre si conviene invertir en la Argentina. Reflexión: sin reglas de juego no se genera confianza ni interna ni externa/ aparece la desconfianza que provoca inestabilidad.
3) La inflación: mayor a la del Indec, no se dice la verdad sobre la inflación real. Reflexión: produce el deterioro del ingreso de la gente/ pérdida de valor adquisitivo/ menor capacidad de compra que genera más pobreza/ más empobrecimiento de la población.
4) La pobreza: se da como consecuencia de las anteriores. Crece la brecha entre ricos y pobres/crece la desigualdad/ la distribución de la riqueza es cada vez más inequitativa. Sugerencia: hay que aumentar la base de consumo/ que más gente pueda acceder a los productos/ se debe aumentar la capacidad de compra/ expandir el mercado interno.
5) Falta de capacitación de mano de obra: escasean técnicos/ mano de obra especializada/ se perdieron los oficios/ personal para la industria. Diagnóstico: la educación se ha empobrecido en todos los niveles/ disminuyó la calidad y exigencia educativa/ no se aprende nada. Se ha perdido la cultura del trabajo/ los jóvenes están desmotivados/ no quieren trabajar/ cultura del facilismo/ falta de iniciativa o incentivo.
Los cinco problemas que les siguen a los identificados como principales son: 6) política de precios; 7) política tributaria errada; 8) excesiva dependencia del contexto internacional; 9) desempleo y 10) otras.
La percepción sobre el desempleo como factor de preocupación es muy baja en relación con las demandas operativas sectoriales del empresariado.
Optimistas y no tanto
Respecto de lo que sucederá el año que viene, en este orden, lo que esperan los empresarios encuestados que piensan que la situación será muy buena o buena es:
• Una tasa de crecimiento que registrará la inercia/arrastre del récord de estos años últimos;
• Se mantendrán las condiciones favorables de los mercados internacionales;
• El inevitable sinceramiento de los precios atrasados producirá inflación, que será necesario controlar;
• Se continuará con las mismas políticas, habrá continuidad en el Gobierno;
• El cambio de Gobierno trae nuevos aires, habrá sensación de optimismo, de algo nuevo;
• Faltan inversiones, en especial de capitales.
Mientras los que creen que será regular opinan que:
• Aparecerá la inflación, en primer término, contra el tercer lugar que tenía entre los más optimistas, descripto anteriormente;
• Desaceleración del crecimiento, que estaba como valor principal entre los optimistas;
• Los planes económicos son a corto plazo, faltan medidas de fondo a largo plazo.
• Faltan inversiones, sobre todo en infraestructura;
• Crisis en la provisión de energía;
• Se mantendrá el mismo modelo económico.
Y hay más pesimistas aún. “Dios nos ayude”, remató uno de los que se explayaron en las consideraciones cualitativas. Otros aludieron al “principio del fin”. Están los que advierten sobre la política de estímulo a la demanda interna que encara el Gobierno de Kirchner, mientras con la crisis energética traba la oferta de bienes y servicios cuya capacidad ya se encontraba al límite.
¿Qué esperan que haga el Presidente en las actuales circunstancias?
Nadie cree que antes de octubre abandone la actitud de ocultamiento que exhibe ante los problemas que obstaculizan la marcha de la economía nacional.
Por más que haya tarifas que, en el medio de la confusión planteada en el índice de precios al consumidor (IPC), vayan siendo soltadas y absorbidas luego en la ponderación oficial.
Los combustibles seguirían “pisados”, según tal concepción, dada la repercusión mediática que genera su movimiento.
La perspectiva para 2008, en consecuencia, pone el foco en la actualización de precios en medio de una inflación real ya lanzada, que provocará reclamos salariales. Y una convergencia entre mayor lentitud de la economía y el menor abastecimiento de energía asumido.
2009 es visto como el año clave tras el reacomodamiento del primer año del nuevo Gobierno que asumirá en diciembre próximo.
La corrupción (vinculada a las prácticas clientelistas y hegemónicas del estilo de administración en curso) es uno de los temas más importantes en la agenda de los empresarios. Aunque llamativamente en la encuesta no se señala caso alguno, cuando se encontraba “picando” el de Skanska.
Hay tres principios que se destacan: asegurar la independencia de los poderes, que haya justicia creíble y que se fortalezcan las instituciones de la democracia.
La pobreza es asociada a la inseguridad, a la violencia y a la falta de capacitación que empuja al desocupado a la marginalidad. A la apatía de la juventud, a la desvalorización del trabajo, a la subvención que en lugar de terminarla la potencia.
La peor perspectiva que deja el conjunto de los 440 encuestados no se vincula con la economía en sí, sino con el deterioro en la calidad de la educación, la destrucción de la clase media y el quiebre de la movilidad social que le era inmanente.
Los ciclos macroeconómicos, como parece ser la resignación general, van y vienen, mal que les pese a los administradores de turno. M
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Ficha técnica Se realizaron 440 entrevistas entre el 14 y 22 de junio últimos. La proporción da 80% de hombres y la participación más activa corresponde a las edades entre 35 y 54 años, con 47%. De 18 a 34 años, 33% y más de 55, 20%. |
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Sin restricciones Por Patricia Gamboa
La propuesta de Mercado abordaba un tema relevante pero intrincado, por lo que comprendí que entrañaba un desafío profesional muy interesante. |








