lunes, 20 de abril de 2026

    Comer y fumar, placer sensual

    Por Martín Cuccorese

    La Casa del Habano
    Thames 1920. Palermo Viejo.
    Lunes a sábado de 11 hs. al cierre.
    Tel.: 4776-8129

    En la noche palermitana las luces de La Casa del Habano, sobre la silenciosa Thames, atraen la mirada. Uno se acerca y mira a través del gran ventanal la tentadora exhibición de pipas y sus instrumentos rituales y por supuesto, un Lancero Romeo y Julieta, tradicionales Partagás. Alzando la vista, más allá del vidrio y los habanos, en un mismo lugar se recortan dos espacios con cómodos sillones, confortables livings donde un primer grupo de jóvenes se inicia en el culto habanístico mientras beben. ¿Qué beben? Algún ron, algún bourbon.
    Detrás de ellos, dos maduras parejas comparten una tabla de quesos y encurtidos. A mano de una de las seductoras cuarentonas, un breve paquete de minis Cohiba. El cronista gira hacia su izquierda, ingresa. Viene a realizar una nota para Mercado, esta misma que usted está leyendo ahora. Deja atrás la escena ya observada y se dirige hacia las mesas que se encuentran en el final del recorrido del pequeño local. En el camino, de la mano izquierda, Blanca Alsogaray, propietaria, aconseja sobre tal o cual asunto en materia de cigarros.


    Pero se ha venido a comer y la tentación fumadora del cronista –vade retro Ginés– cede para ir directo a la negra y barnizada mesa. Nos sentamos frente a la barra, a la derecha la cava de habanos. Un ojo puesto en el entrar y salir de la gente que va y compra, lleva o lo fuma ahí sentado en alguna de las mesitas. Pero fuimos a comer. Sacamos la sagrada libretita de periodista, abrimos la carta. Breve, todo en una, propuesta gastronómica y vinos. La fría noche de mayo habilita la contundencia o da motivo para dejar la mass-mediática dietética. Primero, fuimos por una entrada caliente: ratatouille con anchoas ($15) y coronado con un trocito de brie. Un plato del mediterráneo francés que los de Niza reivindican para sí. Sabroso y para entrar en calor, lo acompañamos con una copa de Chardonnay ($13, Fond de Cave). Entrados en tema, por qué no otra entrada caliente: gratén philadelphia de mejillones y camarones ($20). Qué bueno salirse, al menos por una temporada, de las ensaladas y preparados fríos. Contundente, buen equilibrio entre crema, queso y mariscos. Buen ajuste que logra una sabrosa combinación donde ningún elemento sobresale.
    Apaciguados, serenos pero sin perder de vista que lo nuestro es también trabajo. Fuimos por un plato sencillo que obligadamente impone la escenografía: ropa vieja ($22) con timbal de arroz. Deshilachada carne con un toque aromático de comino. Mientras el pensamiento asalta la elección del postre, tenue música caribeña y parroquianos entrando y saliendo con su habano de la cava. Pecan pie con helado de amarena ($14). Sarmientino dessert. La nuez Pecan la trajo Domingo Faustino, vaya a saber por qué.
    La velada no fue cerrada con ninguna otra propuesta del chef colombiano Alfredo Carrero Villamil quien diseñó un concepto gastronómico acorde al espacio. Adrede o por puro fallido, este cronista olvidó la pipa. Perdido pero no en absoluto. Animados por Blanca Alsogaray, “los precios de los habanos finalmente en la Argentina están acordes a los valores internacionales”, nos inclinamos por un Cohiba Siglo I ($40). Maderitas y todo lo necesario para terminar encendiendo la noche. Sobre la cortina de volutas, los ojos verdes de su guapa chica le parecieron, a este cronista, más inquietantes. La Casa del Habano, puro placer. M

    Fotos: Gabriel Reig