viernes, 19 de junio de 2026

    “La Argentina puede crecer 4% a largo plazo”

    Por Javier Rodríguez Petersen


    Miguel Ángel Broda
    Foto: Diego Fasce

    Miguel Ángel Broda se muestra orgulloso de que su estudio figure entre los que más exactitud logra en las predicciones de las variables macroeconómicas incluidas en el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central y haya liderado el último ranking anual que elabora la entidad. Es, dice, un resultado coherente con la experiencia y, al mismo tiempo, casi una hazaña ya que, asegura, su consultora no tiene “inside information” de los organismos oficiales.
    Entrevistado por Mercado, destaca la categoría de “bien público” que tiene el sondeo del Central como instrumento para el planeamiento de la política monetaria. Y se queja de colegas que, para no ser evaluados, se niegan a informar al Banco. También lanza duras críticas a los cambios impulsados por el Poder Ejecutivo en las mediciones del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec). Y, de cara al futuro, vaticina que el país volverá a desaprovechar una nueva oportunidad de hacer realidad el “milagro argentino” pero podrá crecer a un ritmo superior al del promedio de las últimas décadas.
    Sobre el REM, Broda subraya que le permite al Banco Central “saber qué piensa el mercado de las principales variables macroeconómicas y contar con una herramienta que lo ayuda a pronosticar sus escenarios”. Por eso habla de una “contribución solidaria” de las consultoras con la entidad monetaria y tilda de “lamentable” que algunos analistas “no accedan a completar las planillas para no ser testados”.
    Al mismo tiempo, sin embargo, reconoce que el instrumento tenía mayor utilidad para los economistas cuando se publicaba semanalmente, ya que les servía para “inferir qué pensaba el resto” y, eventualmente, “revisar procedimientos”. Y asegura: “La modificación en la frecuencia de publicación ordenada por el Presidente Kirchner por miedo a que las expectativas de inflación salieran todas las semanas en el diario fue perjudicial para los consultores”.

    –Pero de todos modos, sigue siendo útil.
    –Sí. Aunque metodológicamente es un trabajo pesado que nos distrae de nuestras tareas, tiene un producto de aprendizaje e interrelaciones sectoriales que nos sirve: cada analista ve el trabajo del resto y se genera una externalidad positiva. También funciona como equilibrio general, ayuda a tener una visión más integral y hasta nos sirve como un “macro control” del estudio.

    –¿Cómo impactan en el REM y en los datos que ustedes envían los cambios en las mediciones del Indec?
    –Hasta diciembre, aún con los controles y acuerdos de precios, el índice de precios al consumidor (IPC) reflejaba el cambio de ingreso de bolsillo de una familia que consumía la canasta tipo del Indec. Con las modificaciones metodológicas de enero y febrero, ya es una entidad diferente. Ahora lo que el Central pide (para el REM) es la tasa esperada de inflación del “INDEK”, con K final, y eso es una cosa diferente: además de las variables macroeconómicas, ahora necesitamos prever cuán exitosa va a ser la política de control y ampliación de los acuerdos de precios, pero también cuáles van a ser los cambios metodológicos o la metida de mano que durante el año va a tener el IPC. La baja que se va a ver en la tasa de inflación esperada del REM no refleja la verdadera expectativa sino lo que los consultores creen que va a dar el índice tocado del IPC.

    –Entonces, para sus clientes, ¿elaboran dos índices distintos?
    –Obviamente. El IPC del Indec ya no es una medida adecuada de inflación. Nosotros definimos nuestra “verdadera” inflación en función de diferentes variables. Pero lo que pide el REM es el número que va a dar el “INDEK”, y para saberlo tengo que estimar qué actividad va a tener (el secretario de Comercio Interior Guillermo) Moreno, tanto en el control de precios como en los cambios metodológicos. Y eso es una adivinanza.

    –¿Y no pensaron hacer su propio relevamiento del IPC?
    –En los 80 teníamos encuestadores y elaborábamos nuestro propio índice. Recientemente intentamos retomarlo, pero nos encontramos con que los encuestadores del Indec, y de rebote los que nosotros podemos tener, están teniendo una tasa de rechazo anormalmente alta: los comercios, sobre todo los pequeños, se niegan a dar los precios porque en muchos casos después de que se va el encuestador llega el pesquisador de Moreno, con lo cual hay un fuerte indicio sobre una posible violación del secreto estadístico (que prohíbe revelar qué locales fueron encuestados). Esto representa un grave problema metodológico, porque el encuestador no estaría relevando los precios reales sino los que aparecen en esos comercios bajo la presión del secretario de Comercio Interior.

    –¿A qué atribuye estos hechos?
    –El Gobierno tiene una extrema preocupación por el corto plazo y no quiso pagar el costo político de dar a conocer en enero una inflación de 1,9 o 2%, contra el 1,1% informado (por el Indec). Pero en el mediano plazo es mucho más costoso lo que se hizo, porque la sospecha tiene más consecuencias. Por un lado, si los ingresos de datos se resienten, el problema no estaría circunscrito sólo al IPC. Por otro, en el mundo existe la sensación de que la Argentina hizo un nuevo default, ya que una parte de la deuda está indexada por inflación y si la tasa del Indec es menor a la real se está subindexando esa deuda. Además, cuando en un contexto de alta inflación se le quita credibilidad al indicador que se usa para poder hacer contratos se pierde la unidad de cuenta de largo plazo, afectando seriamente al mercado de capitales y créditos. Se ha generado un manto de incredulidad que el Indec no se merecía.

    –Yendo para atrás, llama la atención cuan errados fueron los pronósticos hechos durante la crisis. Los suyos también. ¿A qué se debieron esos errores?
    –Nuestra profesión trata de hacer escenarios para que quien toma decisiones tenga un marco de referencia. Siempre hacemos escenarios alternativos. En abril, mayo y junio de 2002, yo tenía una posición extraordinariamente optimista, pero tenía que hacer tres escenarios, y en el menos probable caminábamos a la hiperinflación. El lavado de cerebro que tuvo la opinión pública argentina sobre lo que se hizo en los 90 produjo también el deporte –del que el Presidente es un gran entusiasta– de disparar contra los economistas profesionales. En ese momento, en lugar de decir que eran escenarios alternativos, la prensa y el deporte nacional de disparar contra los 90 acentuaron escenarios que tenían probabilidad baja. Leyendo hoy lo que entonces escribimos, tuvimos la suerte de ser muy optimistas.

    –¿Y para el futuro?
    –Hoy estoy trabajando sobre la tasa de crecimiento para los próximos 15 años, y también tengo tres escenarios: 15 o 20% de probabilidad de milagro argentino, 25% de que volvamos a las andadas y un escenario más probable en el que el mundo desacelere un poco su crecimiento pero mantengamos la disciplina fiscal y crezcamos a 4%.
    En el mundo hay mucho pesimismo sobre a qué tasa de crecimiento converge la Argentina por el bajo nivel de inversión y su ineficiencia. Pero yo tengo una visión más optimista: creo que esta vez mantendremos la disciplina macro y que ésta, aun sin las inversiones necesarias, impulsa por sí sola la productividad. Y creo que el Presidente es suficientemente racional como para evitar una crisis macroeconómica. Como veo al mundo, en los próximos 15 años debería haber milagro argentino, pero es un escenario poco probable.

    –¿Eso no dependerá también del impulso de la región?
    –No, la región tuvo un éxito, Chile, cuando a todos les iba mal. Necesitamos calidad de política económica y un Estado que tenga talento, regule e intervenga para fomentar la competencia y no para regalar zanahorias. Si generamos un ambiente de negocios que atraiga inversión, podemos duplicar el PBI per cápita cada 12 años y recuperar en 15 años los últimos 50. Si volvemos a las andadas, nos llevará 90 ó 100 años. Creo que se nos ha generado una nueva oportunidad extraordinaria pero que, dada la actual política económica, la vamos a perder. M