Hubo empate técnico y prórroga hasta 2008 en el esperado encuentro
entre Brasil y la Argentina para regular el intercambio del sector automotor.
Y no se trató precisamente de una contienda deportiva.
Pero la clave del acuerdo automotor firmado el mes pasado en la Casa Rosada
entre la ministra de Economía, Felisa Miceli, y el de Desarrollo de Brasil,
Luis Furlán, es el porcentaje de importaciones libres de gravamen aduanero
que cada país dispondrá para armar su canasta de intercambio:
US$ 1,95 por cada dólar exportado, con la salvedad de que toda empresa
que exceda ese límite deberá pagar 75% del impuesto que rige dentro
del régimen vigente para el resto del comercio.
La negociación para fijar ese porcentaje tomó en cuenta la negativa
brasileña a circunscribir el acuerdo compensatorio a cada compañía,
pero llevó el límite tolerado a una escala de difícil cumplimiento
para algunas de ellas, sobre todo las que tienen una relación muy desfavorable
en su canasta de intercambio.
Son los casos de Fiat y Scania (que no producen ningún modelo en el país),
pero también el de otras, como Renault, General Motors y Volkswagen,
que no definieron aún su plan de inversiones dentro de la Argentina hasta
2012. O Toyota y PSA-Peugeot en Brasil.
La Secretaría de Industria viene monitoreando este comportamiento y afina
el lápiz con vistas a la reglamentación del acuerdo.
Volkswagen, por ejemplo, aduce que los números le son desfavorables,
pero que ha hecho inversiones y aún no fructificaron dentro de los parámetros
de equidad establecidos. General Motors también “saltaría
el cerco” del flex, pero esgrime una exportación significativa
fuera del Mercosur que quiere hacer valer.
En el seno de las comisiones que discutirán la reglamentación
vendría la sintonía fina técnica, como la aplicación
de los valores FOB, de los aranceles extrazona, etc. de cada empresa, y en consecuencia,
los cumplimientos o penalizaciones por excesos.
Fuentes que siguen de cerca la evolución del comercio bilateral y sus
prerrogativas estiman a priori que el 1,95 de flex está muy
cerca del tope de incumplimiento global del sector, por lo que de ahora al 1/6/2008
la reglamentación y los casos por casos regularán la actividad.
Contextos favorables
Brasil hace rato que viene jugando sus cartas industriales a la liberación
del comercio con los vecinos de la región, por supuesto que como consecuencia
del tamaño comparativo de su economía y del grado de integración
de su desarrollo, que lo sitúa con fuertes ventajas respecto de sus competidores
de esta parte del continente.
En cambio, la Argentina empezó a remontar desde el año pasado
una profunda crisis y pretende darse un tiempo más para que la recuperación
se consolide en inversiones. O sea, quiso patear hacia adelante una definición
en materia de eliminación de aranceles dentro del acuerdo entre ambos
socios mayores del Mercosur.
Ya había logrado desde principios de año posponer la equiparación
en el intercambio, aduciendo que Brasil aplicaba un entramado de subsidios para
compensar la revaluación de su moneda y que llevaba una notable ventaja
en materia de inversiones radicadas en su territorio gracias a la crisis argentina.
La industria automotriz fue en ese sentido un caso testigo: en el medio de la
debacle económica las terminales sólo destinaron dos modelos a
este lado de la frontera, siendo que entre las más de 200 naciones del
orbe, ésta integra la élite de las 40 que fabrican más
de 100 mil unidades al año, y por lo tanto cuenta con tradición
internacional en el sector.
Desde 2004, la producción nacional de vehículos empezó
a despegar gracias a la recuperación de la demanda interna; merced al
simultáneo revalúo del real, el flujo de exportaciones a Brasil
fue de 64.000 unidades en 2005, a 85.000 este año y se prevén
100.000 en 2007. Por la misma razón, las importaciones frenaron su ritmo
de crecimiento en torno de los 240.000 vehículos de origen brasileño.
La posición del gobierno argentino, en este contexto, se resume a que
pueda concretarse en inversiones, dentro de las plantas terminales y de las
autopartistas, esta reorientación de la balanza sectorial bilateral.
La estrategia consistía en forzar a las fábricas que no producen
autos en el país a trasladar la línea de algunos de los modelos,
con el propósito de beneficiarse con el llamado flex, que significa
traer automotores y piezas libres de gravamen aduanero en un porcentaje, que
había llegado a US$ 2,15 por cada dólar vendido al exterior con
la idea de liberar el comercio a partir de este año.
La asimetría en la integración entre ambas economías trata
ahora de compensarse dando el margen para que cada empresa pueda desarrollar
el crecimiento especializado de sus productos tomando en cuenta las fortalezas
relativas en cada uno de los mercados. M




