jueves, 16 de abril de 2026

    Incentivo para producir modelos en el país

    Hubo empate técnico y prórroga hasta 2008 en el esperado encuentro
    entre Brasil y la Argentina para regular el intercambio del sector automotor.
    Y no se trató precisamente de una contienda deportiva.
    Pero la clave del acuerdo automotor firmado el mes pasado en la Casa Rosada
    entre la ministra de Economía, Felisa Miceli, y el de Desarrollo de Brasil,
    Luis Furlán, es el porcentaje de importaciones libres de gravamen aduanero
    que cada país dispondrá para armar su canasta de intercambio:
    US$ 1,95 por cada dólar exportado, con la salvedad de que toda empresa
    que exceda ese límite deberá pagar 75% del impuesto que rige dentro
    del régimen vigente para el resto del comercio.
    La negociación para fijar ese porcentaje tomó en cuenta la negativa
    brasileña a circunscribir el acuerdo compensatorio a cada compañía,
    pero llevó el límite tolerado a una escala de difícil cumplimiento
    para algunas de ellas, sobre todo las que tienen una relación muy desfavorable
    en su canasta de intercambio.
    Son los casos de Fiat y Scania (que no producen ningún modelo en el país),
    pero también el de otras, como Renault, General Motors y Volkswagen,
    que no definieron aún su plan de inversiones dentro de la Argentina hasta
    2012. O Toyota y PSA-Peugeot en Brasil.
    La Secretaría de Industria viene monitoreando este comportamiento y afina
    el lápiz con vistas a la reglamentación del acuerdo.
    Volkswagen, por ejemplo, aduce que los números le son desfavorables,
    pero que ha hecho inversiones y aún no fructificaron dentro de los parámetros
    de equidad establecidos. General Motors también “saltaría
    el cerco” del flex, pero esgrime una exportación significativa
    fuera del Mercosur que quiere hacer valer.
    En el seno de las comisiones que discutirán la reglamentación
    vendría la sintonía fina técnica, como la aplicación
    de los valores FOB, de los aranceles extrazona, etc. de cada empresa, y en consecuencia,
    los cumplimientos o penalizaciones por excesos.
    Fuentes que siguen de cerca la evolución del comercio bilateral y sus
    prerrogativas estiman a priori que el 1,95 de flex está muy
    cerca del tope de incumplimiento global del sector, por lo que de ahora al 1/6/2008
    la reglamentación y los casos por casos regularán la actividad.

    Contextos favorables
    Brasil hace rato que viene jugando sus cartas industriales a la liberación
    del comercio con los vecinos de la región, por supuesto que como consecuencia
    del tamaño comparativo de su economía y del grado de integración
    de su desarrollo, que lo sitúa con fuertes ventajas respecto de sus competidores
    de esta parte del continente.
    En cambio, la Argentina empezó a remontar desde el año pasado
    una profunda crisis y pretende darse un tiempo más para que la recuperación
    se consolide en inversiones. O sea, quiso patear hacia adelante una definición
    en materia de eliminación de aranceles dentro del acuerdo entre ambos
    socios mayores del Mercosur.
    Ya había logrado desde principios de año posponer la equiparación
    en el intercambio, aduciendo que Brasil aplicaba un entramado de subsidios para
    compensar la revaluación de su moneda y que llevaba una notable ventaja
    en materia de inversiones radicadas en su territorio gracias a la crisis argentina.
    La industria automotriz fue en ese sentido un caso testigo: en el medio de la
    debacle económica las terminales sólo destinaron dos modelos a
    este lado de la frontera, siendo que entre las más de 200 naciones del
    orbe, ésta integra la élite de las 40 que fabrican más
    de 100 mil unidades al año, y por lo tanto cuenta con tradición
    internacional en el sector.
    Desde 2004, la producción nacional de vehículos empezó
    a despegar gracias a la recuperación de la demanda interna; merced al
    simultáneo revalúo del real, el flujo de exportaciones a Brasil
    fue de 64.000 unidades en 2005, a 85.000 este año y se prevén
    100.000 en 2007. Por la misma razón, las importaciones frenaron su ritmo
    de crecimiento en torno de los 240.000 vehículos de origen brasileño.
    La posición del gobierno argentino, en este contexto, se resume a que
    pueda concretarse en inversiones, dentro de las plantas terminales y de las
    autopartistas, esta reorientación de la balanza sectorial bilateral.
    La estrategia consistía en forzar a las fábricas que no producen
    autos en el país a trasladar la línea de algunos de los modelos,
    con el propósito de beneficiarse con el llamado flex, que significa
    traer automotores y piezas libres de gravamen aduanero en un porcentaje, que
    había llegado a US$ 2,15 por cada dólar vendido al exterior con
    la idea de liberar el comercio a partir de este año.
    La asimetría en la integración entre ambas economías trata
    ahora de compensarse dando el margen para que cada empresa pueda desarrollar
    el crecimiento especializado de sus productos tomando en cuenta las fortalezas
    relativas en cada uno de los mercados. M