sábado, 30 de mayo de 2026

    El atractivo de Vidal Restaurant

    Por Martín Cuccorese

    Vidal 2756. Belgrano.
    Tel. 4543 4039
    De martes a sábado por la noche. Domingo, mediodía.

    Una vieja casona sobre la calle Vidal, ahí cerca de Cramer angosta, donde todavía sobrevive el Belgrano de casas bajas. Entrada jardín como las de antes, una pequeña recepción apenas ingresando y de ahí en más, en lo que podría haber sido living y estar, un salón de medianas proporciones. A la arquitectura, Vidal Restaurant le agregó mesas negras y una iluminación tenue, cuasi intimista, complementada con velas en cada mesa.
    Desde hace un tiempo, Vidal Restaurante viene desarrollando su propuesta gastronómica basada en dos firmas pilares: la cocina mediterránea y la del sudeste asiático. Ha logrando una clientela fiel que además lo recomienda de boca en boca.
    Ayudan indudablemente en su, digamos, popularidad, un ambiente relajado, precios medios y algo muy importante para nuestra idiosincrasia… porciones abundantes.
    No obstante, estos elementos a simple vista positivos resultan un arma de doble filo para cualquier restó. Al menor descuido, presionan sobre la cocina. Pero, antes de adelantar algún comentario, veamos qué sucedió cuando nos sentamos a comer.
    Fuimos cordialmente recibidos y la reserva se cumplió, sin contratiempo alguno. La atención diligente y amable. Mientras revisábamos el menú, sirvieron unos shots tibios de zanahoria y jengibre que junto a una bien provista canasta de tostadas y pequeños panes conforman el cubierto ($3,50 p/p). Para la entrada nos inclinamos por un clásico de la casa, “chipirones a la plancha con papas cascadas” ($21); tributo a la cocina ibérica de donde proviene su particular nombre, “txipiron”, a diferencia del mundo latino que optó por calamar y su diminutivo para los de tamaño pequeño, “calamaretti”, ahora en desuso por estos lares. Cortados en lonjas medianas, sabrosos y levemente duros. Acompañados con papas emulsionadas en aceite de oliva y aderezadas con pimentón dulce.
    A la hora de los platos principales, la elección recayó en dos opciones de carnes: pescado y cerdo. Abundantes “trillas al ajo-limón” ($25) acompañadas por un colchón de diversos tipos de lechugas y papas en láminas con pimentón dulce. Frescas y de carne firme, las trillas cumplieron su objetivo. Desde ya es una porción que puede ser compartida. Por último, “wok de cerdo agri-picante” ($ 21), con guarnición de arroz y vegetales salteados y en salsa de soya dulce, decorado indefectiblemente con pimentón dulce. Lo picante del plato hace referencia a pequeños y sorpresivos trozos de bravío ají, que pasan desapercibidos junto al morrón, ají verde, cebollas, zanahorias, hongos y piñas (ananá) caramelizadas. Este plato fue el más regular, demasiados trozos de cerdo con cartílago y sabores poco francos.
    Disfrutamos en el cierre de “torta húmeda de chocolate” ($14) con suave mermelada de moras y crema inglesa, acompañada de una copita del vino generoso Uxmal Bravío (Catena Zapata).
    La propuesta en vinos es equilibrada (desde $24 por botella) y además hay opciones por copas.
    La propuesta de Vidal Restaurant es atrayente, sin embargo, deberá mantener cierto equilibrio en la cocina. Es bueno tener porciones abundantes pero si se convierte en la única vía de atraer comensales, tarde o temprano los platos se resentirán. No estamos haciendo la épica de la culinaria minimalista, pues también en dicho nombre se han realizado más de una avivada y otras tantas aberraciones. Pero, como se sabe, mucho no es sinónimo de bueno, pese al estado existencial de carencia alimenticia que sufrimos los argentinos.
    Para este restó este año será un momento de decisión. Su cocina presenta altibajos.
    El potencial existe, por ello no están lejos de lograr el siempre difícil equilibrio. Volveremos. M