
foto: Diego Fasce
No hace mucho en Alemania el hijo de una peluquera le regaló a su madre,
para el día de su cumpleaños, un sitio en Internet para que pudiera
promocionar su local. La página llevaba el sobrenombre de ella: “Milka”.
El resultado se vio al poco tiempo y no fue precisamente el crecimiento de su
negocio sino una demanda por parte de los fabricantes de chocolates acusando
a esta humilde peluquera de provocarles pérdidas millonarias por el uso
de su marca. Seguramente exageraron con las pérdidas, pero no en cuanto
al valor de la marca que en empresas bien instaladas supera por mucho cualquiera
de sus activos.
Es claro que así como Internet genera excelentes posibilidades de negocios,
sus grietas y fugas pueden volverse incontrolables. De este tipo de situaciones
que se repiten en todo el mundo, surgió para los ejecutivos de Clarke,
Modet & C°, una compañía con más de 125 años
de experiencia dedicada al asesoramiento y gestión de propiedad industrial
e intelectual con una importante red de oficinas internacionales, la decisión
de concentrar esfuerzos en el área de dominios, que brinda un servicio
de gestión y administración de marcas en Internet.
“La importancia que tiene Internet en los distintos sectores y actores
de la economía es cada vez mayor y se refleja en el incremento de registros
de nombres de dominios que se sucede día a día. Nosotros les brindamos
a nuestros clientes todo tipo de gestión y asesoramiento en este campo,
desde la fase inicial hasta su explotación y defensa. Nos adecuamos a
sus necesidades y les ofrecemos soluciones integrales en un entorno que en cierta
medida es complicado por la continua evolución de las tecnologías”,
dice José Terrero uno de los ejecutivos encargados del área.
La Argentina es el único país donde la inscripción de nombres
de dominios es gratis y esto repercute en una complicada administración
de los sitios, la tentación nacional del “deme dos” está
mas presente que nunca y el uso se vuelve indiscriminado. El NIC Argentina –órgano
dependiente del ministerio de Relaciones Exteriores que se encarga de los registros–
recibe unos mil pedidos por día, una cantidad que supera la capacidad
de una estructura no muy grande y que además encuentra inconvenientes
en una legislación que no se corresponde con la velocidad de los cambios
tecnológicos.
“En la Argentina no hay un buen control. La legislación no es clara,
–dice Terrero– es todo bastante caótico, y mucha gente a
veces inscribe cualquier cosa y eso puede atentar con la inversión de
años de una empresa en la construcción de su marca. Si hay algún
conflicto y se ingresa en el campo judicial, los tiempos siempre corren en contra
del demandante, es decir del verdadero dueño de la marca, quien por eso
generalmente termina pagando. Inclusive hay quienes, sabiendo que el competidor
lanza una marca nueva, se adelantan a registrarla como dominio propio para que
no se la use o para redireccionar a los visitantes a ‘una página
basura’”.
Fuera del país los registros no son gratis, pero teniendo en cuanta los
posibles beneficios comerciales los costos son muy bajos. Por ejemplo, si un
empresario quiere expandir sus negocios o si ya los tiene con uno o varios países
de Europa, por menos de 300 euros puede poner su marca en el dominio territorial
.eu que se abrió en diciembre del año pasado y que se transformó
rápidamente en la estrella de los dominios territoriales –los otros
tipos de dominios son los genéricos: .com, .org, .info, .net–.
Además, para los problemas que pudieran surgir en estos casos la ICANN
(Uniform Domain-Name Dispute-Resolution Policy), que es la organización
que regula todos los procedimientos de nombres de dominios del mundo, creó
el sistema UDRP que es una suerte de tribunal virtual que dirime sobre el conflicto
entre las partes a través de Internet.
“Nuestra gestión no es sólo para marcas importantes sino
para Pymes y particulares. Está al alcance de todos; de no existir mayores
problemas los servicios que ofrecemos no superan los $ 60 y el cliente se olvida
de todo, registro, actualizaciones vencimientos, variaciones de nombres para
evitar confusiones, etc.” concluye Terrero. M
