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El gran hotel,
inaugurado el 7 de marzo de este año, fue construido por orden
del gobierno de la Unión de Emiratos Árabes (UEA), que deseaba
tener en Abu Dhabi un hotel que fuera mezcla de palacio y complejo de
conferencias y convenciones.
Es un palacio digno de las mil y una noches, rebosante de oro y plata,
cuyo costo aproximado fue de US$ 3.000 millones. Es hasta ahora el hotel
más caro jamás construido. Con menos de 400 habitaciones,
tiene 128 cocinas, todas con dependencias auxiliares; 1.002 arañas
fabricadas especialmente en cristal Swarovski, que requieren 10 empleados
a tiempo completo sólo para mantenerlas limpias; sobre el lobby,
la cúpula más grande del mundo, según definición
del gerente general del hotel, Willy Optekamp.
El hotel tiene casi 114.000 metros cúbicos de mármol importado,
proyectos para 20 restaurantes y un espacio interior de 242.812,3 m2 (o
sea 24,28123 hectáreas). Tan grande es que el personal va a ser
equipado pronto con carritos de golf para transitar los corredores. Algunos
corredores tienen un kilómetro de largo.
El café se sirve en bandejas de plata con pétalos de rosa,
azúcar cristalizada, servilleta de lino, medialunas de mazapán
y una botella de agua mineral importada. Las damas reciben también
una rosa. El precio de las habitaciones oscila entre US$ 625 y US$ 13.000
(más 20% por servicio) la noche. Pisos de mármol con incrustaciones,
mullidas alfombras, luces tenues empotradas en el cielorraso iluminan
casi imperceptiblemente el colorido de las paredes, inspirado en los desiertos
circundantes. El personal coloca una bolsita de lavanda entre las sábanas
para perfumarlas y otra debajo de la almohada, para aromatizar sueños.
Bancos
de datos privados
El negocio de traficar con identidades
Hay en Estados
Unidos tres bancos de datos privados capaces de vender a cualquiera –delincuentes
y terroristas inclusive– 220 millones de perfiles personales. O sea,
los de casi todos los norteamericanos. Sin pedirles permiso ni avisarles.
La información disponible, a precio razonable, incluye edad, ingresos,
domicilio, profesión u oficio, actividad laboral o empresaria,
familiares cercanos, situación tributaria, propiedades, teléfonos,
e-mail, hábitos de compra, antecedentes policiales, actividades
políticas, etcétera. En general, se especializan en información
financiera y crediticia.
No obstante, existe también una cantidad de agencias menores dedicadas
a todo tipo de cosas. Desde divorcios o adulterios hasta multas, bancarrotas
y juegos de azar. Por supuesto, el gobierno federal –Pentágono,
FBI y CIA inclusive–, los estaduales y sus departamentos son activos
usuarios de esos bancos de datos.
Pero esto no es la gigantesca máquina de George Orwell o Philip
Dick, sino un mosaico arbitrario, desordenado, a menudo ineficiente, de
profesionales en robo de identidades e invasión de privanza. ¿Cómo
se ha llegado a esa situación? Simplemente, transgrediendo leyes
y reglamentos, deporte favorito de la administración Bush. Especialmente
después del 11 de septiembre y la consiguiente ola de “espionaje
fundamentalista”, se admite que apelan a esos “servicios privados
de información”.
Explicar
el mensaje
El marketing profesional llegó hasta las iglesias

Richard Reising
es presidente de Artistry Marketing Concepts, una de las muchas consultoras
que en Estados Unidos trabajan con las iglesias para desarrollar actividades
de marketing. “No hay iglesia en este mundo que no salga a venderse”,
dice.
Toda iglesia o grupo religioso de cualquier índole, dice Reising,
debe explicarle a la comunidad qué es y cuál es su mensaje.
Algunas lo hacen bien, otras no tanto. Nosotros estamos para dar coherencia
y claridad a esos mensajes. Artistry Marketing Concepts (AMC) ayuda a
las iglesas a crearse una marca. Según explica, una iglesia con
marca es aquella que comprende quién es, a quiénes pretende
llegar y se comunica eficazmente a través de comunicaciones de
marketing integrado .
El fenómeno de las marcas religiosas se ha venido gestando durante
toda la década pasada. Al principio tropezaba con mucho escepticismo
porque la mera idea de promocionar una iglesia era tabú. Pero con
el tiempo se le comenzó a aceptar, explica Reising. Ahora la gente
comprende lo que significa , lo ve como otra manera de salir al mundo
a predicar, a promocionar y a difundir el evangelio.
Reising dice que la propia idea de “branding”, creación
es marca, es un concepto bíblico. En el Nuevo Testamento Pablo
muestra que adapta su estilo a su público: “Me he hecho siervo
de todos para ganar a mayor número. Cuando estoy con judíos,
hablo como judío. Cuando estoy con gentiles, hablo como gentil.
Cuando estoy con los débiles, hablo como débil” (1
Corintios 9 v22). Reising aclara: “Jesús también adaptaba
sus mensajes y seleccionaba ejemplos relevantes según su público”.
McDonald´s
“Hagan ejercicios”

Para defenderse
de todos aquellos que la señalan como parcialmente responsable
del problema nacional de obesidad McDonald’s acaba de presentar una
campaña de marketing en la que recomienda la actividad física
para una vida equilibrada.
El tema de la campaña se reduce a la frase: “Es lo que como
y es lo que hago… me encanta”. Los comerciales no muestran ni el
producto, ni los restaurantes ni gente comiendo. Uno de ellos, por ejemplo,
dice a los televidentes: “Tal vez deberías pasar menos tiempo
mirando televisión”.
La cadena de restaurantes todavía sigue pendiente del juicio que
le iniciaron dos adolescentes bajo acusación de haber contribuido
a sus problemas de peso y de corazón.
La campaña tuvo una acogida diversa. Algunos la interpretan como
una cortina de humo para distraer la atención de las acusaciones,
otros le dan un discreto apoyo. Por su parte, la compañía
ha declarado que no se trata de una respuesta a las críticas sino
un intento de ponerse a tono con las preocupaciones de la gente sobre
la salud.
Rebeldes
del consumo
Que no quede nadie afuera

El nuevo debate en el arte de aumentar ventas es cómo llegar a
la gente que no quiere ni navegar por Internet ni comprarse un celular.
Es una masa suculenta de personas que escapa a la acción marketinera
y hay que atraparla.
Aunque es cierto que muchos de los consumidores que viven hoy sin celular
y sin Internet pertenecen o bien al grupo de menores ingresos o al de
la gente mayor, hay millones de otras personas que no son ni lo uno ni
lo otro. A ese grupo no le está llegando el múltiple brazo
del marketing actual.
Casi la mitad de los adultos que no tienen celular tienen entre 18 y 44
años y la quinta parte de los adultos que no se conectan a Internet
tienen un ingreso familiar de por lo menos US$ 50.000 anuales, según
un informe de la organización norteamericana NOP World’s Roper
Reports.
Los celulares aparecieron en 1983 y en Internet apareció el primer
aviso publicitario en 1994. Ambos medios hoy se transformaron en los grandes
soportes de la publicidad, pero no llegan a todas partes. Las personas
“unplugged” siguen siendo muy numerosas y los marketineros que
los encuentran habrán ampliado sus perspectivas.
La
sal
Peligrosa pero insustituible
Es básica
para la elaboración de alimentos envasados. Cuando la medicina
advirtió de sus peligros, las empresas la redujeron o la suplantaron
en productos que resultaron un fracaso. Por ahora es insustituible para
asegurar duración y buen sabor.
A pesar de los sucesivos intentos industriales de reemplazarla por variantes
con menor contenido de sodio, la población come un promedio de
3.400 miligramos por día, (una cucharadita y media) cuando en los
’70 consumía 2.400 miligramos. Pero lo que preocupa no es
tanto la sal que se utiliza en los hogares para la preparación
de las comidas sino la que utiliza la industria para el procesamiento
masivo de alimentos envasados, o la que utilizan los restaurantes.
En las décadas del ’70 y ’80 los médicos comenzaron
a hacer sonar las alarmas. Había que reducir el consumo de sal
porque su consumo excesivo aumenta la presión sanguínea.
Muchos relacionan también alta presión con riesgo cardíaco,
aunque sobre este punto no han consenso. Pero a pesar de las advertencias,
el consumo promedio per capita en Estados Unidos continúa en aumento.
Tres cuartas partes de la sal que la gente ingiere no proviene del salero
de la mesa sino de la que se ha utilizado en la preparación industrial
de los alimentos.
Productos envasados o procesados como pan, queso, jamón, productos
tomatados y lácteos (que también contienen sal), traen un
gran concentrado de sal según constató un estudio reciente
publicado en el Journal of the American Dietetic Association.
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