martes, 26 de mayo de 2026

    Mujer, innovación en un mundo hostil.

    A
    mediados de los años ´80, la falta de estudiantes femeninas que
    elegían carreras científicas en los niveles secundario y
    universitario, significó que muy pocos cargos directivos en esas
    áreas terminaran en manos de mujeres. En aquel momento, un establecido
    cuerpo de literatura académica atribuía esa ausencia a un
    sistema de educación que colocaba a las chicas en desventaja en
    los colegios mixtos. Quienes sostenían esa teoría abogaban
    por la enseñanza separada de la ciencia como la única forma
    de aumentar la participación femenina en la materia y, de ahí,
    aumentar el número de mujeres que seguirían carreras científicas.
    Pasados 20 años, hay aproximadamente el mismo número de
    mujeres y hombres estudiando esas carreras, y el argumento cambió
    muy poco. En lugar de lamentar la falta de mujeres científicas,
    ahora decimos que el principal desafío que afronta nuestra economía
    es el limitado número de mujeres innovadoras que inician negocios
    propios. Si productividad y crecimiento son generados a través
    del espíritu innovador de los emprendedores -y la evidencia del
    Global Entrepreneurship Monitor (GEM), una evaluación anual del
    nivel nacional de actividad emprendedora, sugiere que sí lo son-,
    entonces hay que alentar a la mayor cantidad de gente posible a iniciar
    sus propios negocios de alto crecimiento y, de esa forma, maximizar el
    potencial de creación de riqueza de un país.
    Si las mujeres tienen menos probabilidad de convertirse en iniciadoras
    e innovadoras, y -otra vez- si los datos de GEM sugieren que ése
    es el caso, entonces claramente estamos ante una pérdida neta económica
    y de recursos en el sentido más puro de la palabra.
    Aunque es cierto que el nivel promedio de innovación femenina es
    bajo en todo el mundo, la situación es particularmente aguda en
    Gran Bretaña. Según Walter Herriot, director gerente del
    St. John´s Innovation Centre de Cambridge, son escasas las empresas que
    ofrecen productos o servicios innovadores lideradas por mujeres. Herriot
    encuentra sorprendente que, en sus 15 años al frente de la institución,
    el número de negocios originales presentados por mujeres ha sido
    prácticamente inexistente aunque ellas ahora tienen tantas posibilidades
    como los hombres de capacitarse en tecnologías de información,
    comunicaciones y ciencias de la vida. Esto es interesante, argumenta Herriot,
    porque implica que el proceso de socialización y educación
    que atraviesan las mujeres no las induce a convertirse en emprendedoras.
    "Además de interesante, éste es un problema. Tenemos
    que hacer el mejor aprovechamiento posible del potencial de todos si queremos
    competir globalmente, y claramente no lo estamos haciendo", sostiene
    Herriot.
    "Las mujeres son las innovadoras naturales del mundo", dice
    Bola Olabisi, directora ejecutiva de la Global Women´s Inventors and Innovators
    Network, una organización que trabaja para mejorar condiciones
    y oportunidades para mujeres de negocios. "Nosotras resolvemos los
    problemas que encontramos, pero no encontramos problemas para resolver".
    Por lo tanto, seguimos en una realidad en donde hay muchas mujeres al
    frente de negocios en mercados de productos o servicios cercanos a su
    experiencia, como enseñanza, cuidado infantil y doméstico.
    Esto no quiere decir que esas mujeres necesariamente carezcan de habilidad
    para innovar, sólo que sus innovaciones no son tan fácilmente
    reconocidas como debieran. Porque además, cuando tienen ideas innovadoras
    con mucho potencial, puede ocurrir que los protagonistas existentes vean
    en ellas una amenaza.
    Como señala Olabisi: "Florence Nightingale inventó
    el cuadro estadístico con forma de torta (el famoso pie chart),
    pero todos la vemos como enfermera".

    La red protectora
    Las dificultades que experimentan las mujeres las inducen a tender redes.
    La importancia de las redes para apuntalar negocios innovadores es superlativa,
    porque la innovación descansa no sólo en la capacidad de
    un individuo para inventar un producto, proceso o servicio nuevo, sino
    también en su habilidad para traducir ese conocimiento en una proposición
    comercial viable. Con mucha frecuencia, los dos atributos no se encuentran
    en un mismo individuo y para eso deben usarse las redes en general.
    Pero cuando son mujeres las que conciben proyectos innovadores, la red
    es fundamental por una tercera razón: brindar asesoramiento legal
    y financiero, además de mentoring durante todo el período
    que va desde la idea hasta la concreción del negocio. "Las
    mujeres tienen que luchar duro si algunos de los grandes nombres se ponen
    molestos o les ponen barreras legales o de competencia", explica
    Olabisi. "Una red ahuyenta a los atacantes".