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Mercado
sorprendió a muchos de sus lectores, hace
pocos meses, con una promesa solemne: “Nunca más publicaremos
una noticia (se las dejamos a la radio, a la TV, a los diarios y hasta
a las revistas y suplementos semanales)”.
Hoy, en la celebración del 35° aniversario de la revista decana
de economía y negocios del país, ratificamos el compromiso.
Y ampliamos la explicación.
Nos concentramos en el conocimiento. Es decir, información con
significado.
Ponemos foco en el análisis, la interpretación, la
memoria, y la puesta en contexto de los hechos y sus antecedentes.
Somos un software que actúa como un filtro inteligente: ante el
alud informativo seleccionamos lo que es vital para nuestros lectores.
El conocimiento es el único instrumento válido frente a
los competidores. Muchos gerentes confunden
“información” con “conocimiento”. La información,
por más interesante y útil que sea, no agrega valor a menos
que sea “aplicada” al trabajo. Las estadísticas no sirven
para nada si los empleados no las usan para trabajar mejor.
Es evidente que, desde ahora, más importante que contar con recursos
naturales, con capital o con mano de obra, será disponer de conocimiento.
Ésa es la
tendencia que se insinúa con toda fuerza para los próximos
años. El ingrediente vital en todo proceso
productivo será la calidad y disponibilidad de recursos humanos
que dominen los conocimientos requeridos.
En pocos años más, en ningún país del pelotón
de vanguardia, lo que hoy llamamos obreros calificados, los que fabrican
y transportan productos, representará más de 20% de la fuerza
laboral. Las dos categorías importantes serán los trabajadores
en servicios, y los que tienen y aplican conocimiento.
Empresa del
conocimiento
Una década atrás, el consultor japonés Kenichi Ohmae
predijo, con acierto, que la economía emergente se
basaría “en la inteligencia, es decir en el cerebro”.
De hecho, estamos ingresando a una era del conocimiento en la que las
organizaciones ganadoras serán las empresas más inteligentes.
La sabiduría convencional
sugiere que los factores cruciales para predecir el éxito giran
en torno del tamaño, la masa y la presencia física. Estamos
en una era en la que los activos intangibles, como la experiencia, la
inteligencia, la velocidad, la agilidad, la imaginación, la capacidad
de maniobra, las conexiones, la pasión, la capacidad de respuesta
y la innovación, todas facetas del conocimiento, han pasado a ser
más importantes que los activos tangibles de las perspectivas tradicionales
del balance.
Percy Barnevik, ex presidente y director ejecutivo de ABB Asea Brown Bovery,
dijo esto a su equipo gerencial: “Nuestras organizaciones están
armadas de forma tal que a la mayoría de nuestros empleados les
pedimos que usen en el trabajo sólo 5% o 10% de su capacidad. Sólo
cuando esos individuos van a sus casas, se ven libres para utilizar el
otro 90% o 95% para manejar sus asuntos personales. Tenemos que ser capaces
de reconocer y usar esa capacidad inexplorada que cada individuo trae
al trabajo todos los días”.
Visita al
futuro probable
Lo que está ocurriendo ahora en todo el mundo, es una importante
división en la sociedad entre pobres y ricos. Justo en el momento
histórico en que el conocimiento es la propiedad que cuenta, este
abismo es a la vez innecesario e improductivo. La inteligencia es la nueva
forma de propiedad. No se comporta como las otras formas, y en eso reside
la paradoja. A diferencia de otros tipos de propiedad, la inteligencia
no se puede regalar, y aun si uno la comparte, la conserva.
El vértigo de los acontecimientos, la intoxicación informativa,
la escasez de tiempo –y el hartazgo– de los lectores, nos obliga
a concebir este nuevo formato, anticipándonos al futuro. Un mecanismo
que se convierta en conocimiento, que dé significado a la información,
que conjugue la necesidad de estar actualizado con la de seleccionar lo
relevante y con el potencial de indagar con profundidad en los temas esenciales.
Éste es el marco donde se desarrolla esta transformación
radical de mercado para enfrentar sus próximos 35 años
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