Por
Javier Rodríguez Petersen
Según
la Enciclopedia Británica, un think tank, términos que se
traducen al castellano como “usina de pensamiento”, es un “instituto
organizado para la investigación interdisciplinaria usualmente
realizada para clientes gubernamentales y comerciales”. El término
designa a grupos de especialistas que realizan análisis y propuestas
de políticas públicas.
El Centro de Implementación de Políticas Públicas
para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC) es el único grupo de
este tipo netamente argentino que figura en la guía mundial realizada
por el National Institute for Research Advancement (Nira, de Japón).
Un relevamiento de CIPPEC halló en todo el país 150 ONG
vinculadas con políticas públicas. Nicolás Ducoté,
su director ejecutivo, señala que, sin embargo, en la Argentina
hay pocas entidades dedicadas exclusivamente a ese tipo de análisis
y, en cambio, “hay más que son mezcla de consultoras y casi
nunca están en una reunión de las ONG”.
CIPPEC se define como una organización “que trabaja por un
Estado justo, democrático y eficiente que mejore la vida de las
personas” y “concentra sus esfuerzos en analizar y promover
políticas públicas que fomenten la equidad y el crecimiento”.
Se financia principalmente con aportes de personas, organismos internacionales
y fundaciones filantrópicas, y hasta 10 % de su presupuesto lo
recibe de empresas.
Otros grupos que se financian exclusiva o principalmente del aporte empresarial
y tareas de consultoría, como la Fundación de Investigaciones
Económicas Latinoamericanas (Fiel) y la Fundación Mediterránea,
destacan –no obstante– su independencia.
Fiel no es “una institución de lobby. Es una cuestión
ética pero además de reputación, de no perder la
independencia. Cuando hay un trabajo de la Fundación, va a haber
insultos, pero no se puede decir que represente a alguien. Fiel tiene
generalmente más de 100 patrocinantes, lo que significa que ninguno
es importante”, recalca Juan Luis Bour, economista jefe del grupo.
La fundación se define “por lo que hace. En las décadas
de 1960 y 1970 trató de producir estadística, que en el
país faltaba, y proveer análisis sistemáticos de
la coyuntura económica. Después rotó a un rol más
de análisis de políticas públicas, que es claramente
el problema que tenía y tiene Argentina”, agrega.
Jorge Vasconcelos, investigador jefe del Instituto de Estudios Económicos
sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (Ieral) de la Fundación
Mediterránea, subraya: “[Aunque Ieral realiza] algunas consultorías
adicionales, en general se le da prioridad a contratos con entidades como
el Banco Mundial, el BID (Banco Interamericano de Desarrollo) o la Onudi
(Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial),
de modo tal que prácticamente el objeto de la investigación
es el mismo: las políticas públicas”.
Desde el Grupo Fénix, surgido durante el 2000 en la Universidad
de Buenos Aires e integrado principalmente por economistas y profesores
de esa entidad, Alberto Müller, coordinador académico, señala
que, a diferencia de otras entidades, ésta trabaja ad honorem.
“Para nosotros tiene mucha importancia la pertenencia a la Universidad.
La idea de que hay un grupo que está pensando desde la Universidad
es algo que muestra que está la necesidad del pensamiento no partidario,
más abierto”.
Mirando el pasado
En el análisis de las crisis económicas que vivió
el país en los últimos años, las posturas se separan
considerablemente. Mientras el Grupo Fénix fue creado “para
pensar un patrón alternativo de país al modelo que regía
entonces”, la Fundación Mediterránea considera que
algunas reformas de la primera gestión de Domingo Cavallo en el
Ministerio de Economía, “como las desregulaciones en energía
eléctrica y gas –impulsadas por especialistas del Ieral–
estuvieron bien hechas”.
Según Vasconcelos, durante la década de los ’90 la
institución “mostró muchos problemas que se estaban
gestando, como la incoherencia de la política fiscal, monetaria
y cambiaria o la falta de previsión para enfrentar la crisis de
los emergentes tras la crisis rusa de 1998”. Y agrega: “Los
problemas de un país en general ocurren por una cuestión
institucional. El hecho de que los gobiernos constitucionales no hayan
terminado sus mandatos –salvo los dos de Carlos Menem– por décadas,
obviamente es un problema institucional. Si uno trata de tener una visión
positiva, se ve que la economía argentina, en los últimos
decenios, ha ido enfrentando algunos problemas, y el hecho de que desde
1983 estemos en democracia es sumamente importante”.
Bour señala que desde los comienzos de la recuperación que
hubo en los ’90, Fiel advirtió sobre el fuerte incremento
del gasto público: “La responsabilidad de los economistas
(en las crisis) es no haber sido suficientemente persuasivos, no haber
explicado lo suficiente, a veces pelearse en público por cuestiones
menores y no discutir las centrales. Pero la verdad es que lo que hay
en la Argentina es un enorme problema político, una incapacidad
de los partidos políticos para armar sus propias coaliciones que
les permitan sostener políticas razonables”.
La relación
con el Gobierno
Aunque la Fundación Mediterránea realiza trabajos ad honorem
para dos ministerios del gabinete nacional, algunos integrantes del Plan
Fénix son funcionarios o asesores gubernamentales y CIPPEC trabaja
con varios municipios, los distintos grupos señalan que sus vínculos
con el Gobierno se dan principalmente a través de consultas informales.
Y según se desprende de algunas declaraciones, hoy esos lazos no
son especialmente buenos.
“Nos ha costado, a nosotros y sé que a otros, interactuar
con la parte política de este gobierno. Muchos vienen de un lugar,
Santa Cruz, donde hay muy poco espacio para los think tanks. Santa Cruz
no tiene ninguna ONG vinculada a políticas públicas, con
lo cual varios funcionarios no vienen de una práctica de consultar.
Es un desafío enorme tener interlocución, por ejemplo, con
el Ministerio de Planificación”, apunta Ducoté.
Bour menciona: “Casi todos los gobiernos han hecho consultas informales
a Fiel”, pero “en la actualidad las consultas del Gobierno son
más que limitadas. Más bien no hay”. Sobre las recientes
críticas hacia algunos economistas, entre ellos a miembros de Fiel,
recalca: “En este momento no hay relación, es una discusión
unilateral del Gobierno”.
Müller, a su vez, considera: “El aporte que puede hacer el Grupo
Fénix a la sociedad es el de pensar con cierta orientación,
en el sentido de que la Argentina tiene todas las condiciones para encaminarse
a un desarrollo sostenido, sustentable y socialmente inclusivo”.
Y Bour coincide en que “los economistas tienen mucho por contribuir
para evitar los graves errores de política pública”.
Pero señala: “Lo que sería bueno es que uno pudiera
hablar libremente. Yo sospecho que estamos entrando en un camino en el
que antes de hablar tenemos que pedir permiso. Eso lo vi muy pocas veces
en mi vida. ¿Si lo viví en otra época? Sí,
en la época militar. Y esto es algo que debería llamarnos
a la reflexión”.
Los think tanks también señalan fallas institucionales en
la formación de usinas partidarias de políticas públicas.
Para Ducoté: “Si los partidos políticos tuvieran buenas
usinas de pensamiento, sería menos necesario que existan tantos
think tanks, pero los partidos no invierten recursos en formación
ni en investigación. Necesitamos que los partidos formen a su gente
y piensen qué les van a enseñar”. Y opina que ese déficit
se debe en parte a que “los partidos en la Argentina no terminan
de consolidarse como instituciones pensadas para preservar una serie de
principios sino puramente como espacios para acceder al poder”.
Müller coincide parcialmente en el análisis sobre la falta
de usinas políticas de pensamiento. Los partidos, dice, “tienen
institutos, pero que funcionan bastante espasmódicamente, cuando
hay campaña”. Y añade: “Sería muy bueno
que los partidos tuvieran una formación técnica un poco
más sólida”.
Por su parte, Bour se pregunta si en los dos o tres partidos políticos
grandes “se puede decir cuál es la posición sobre algún
tema. No hay partidos, hay movimientos, que depende si el viento sopla
del norte o del sur, van para el lado hacia el que sopla”.
Vasconcelos señala que “el Congreso no tiene presupuesto para
solicitar asesoramiento” sino sólo “un mecanismo para
asesores de los legisladores, que no alcanza para que cada senador o diputado
tenga asesores en todos los temas”. Y acota: “Debería
haber una parte del presupuesto del Congreso para hacer licitaciones de
consultoría de temas que van a ser discutidos en una ley”.
Al respecto, Ducoté opina: “Las sesiones del Congreso son
un chiste, no tienen herramientas, son en general discursos ideológicos”,
sin elementos técnicos. Aunque reconoce: “Por suerte hoy hay
alguna renovación, aunque muy tímida, en la política
(…) Los legisladores jóvenes son mucho más conscientes
de que votar leyes tiene consecuencias y consultan mucho más”.
Impulsar
políticas
Por el desprestigio en que cayeron, “hoy los políticos necesitan
argumentos técnicos, y nosotros somos funcionales para crear más
consenso en torno a buenas ideas que, dichas por un político, puedan
sonar a malas”, añade el director de CIPPEC.
Para participar en la discusión, los grupos usan estrategias diferentes.
Mientras CIPPEC busca llevar sus investigaciones y conclusiones a distintos
actores políticos, el Grupo Fénix ofrece conferencias a
quienes lo convoquen, mientras Fiel y la Fundación Mediterránea
colaboran con funcionarios y legisladores cuando éstos lo solicitan.
Los think tanks reconocen no tener entre ellos vínculos sistemáticos,
algo que quizá “sería bueno”, según admiten
Müller y Vasconcelos.
Ducoté considera que los “fuertes péndulos” en
las políticas públicas argentinas pueden obedecer a que
“no nos tomamos el tiempo para tener discusiones” entre investigadores
de distintas corrientes “que, a veces, vienen de tantos años
de confrontaciones que ni siquiera se sientan en la misma mesa”.
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