La mayoría preferiría la primera opción. En enero, la admisión de culpas por parte de Andrew Fastow y su esposa apuntaba en ese sentido. Aparte, una plaza bursátil firme y señales de repunte económico ponían en segundo plano los delitos de guante blanco.
Sin embargo, los investigadores afrontamos aún mucho trabajo y siguen saliendo a la superficie irregularidades de todo tipo, señalaba Eliot Spitzer, fiscal general del estado neoyorquino, que en 2001 inició una exitosa ofensiva contra las principales firmas de valores y sus analistas estelares. Igual, supongo que ya no se cometen abusos tan groseros.
Pero algunos expertos en fraude sospechan que las malas costumbres se mantendrán este año. Halliburton, Parlamat, Cirio, Finmatica o el caso Sharón-Appel les dan la razón.
Un motivo para nuevos escándalos es que, en tanto nuevas leyes y normas frenan las prácticas más desvergonzadas, los paquetes remuneratorios ejecutivos siguen atados a los resultados de las empresas. Y, como las bonificaciones son en opciones accionarias, sus beneficiarios harán lo imposible para inflar la cotización bursátil de la compañía. Por otro lado, los escándalos en el exterior tienen impacto en Estados Unidos, pues reflejan problemas globales.
De esa manera, Citigroup, Bank of America, Deloitte y Grant Thornton se hallan muy expuestos en la crisis de Parmalat. En el primer caso, el banco armó una ingeniería financiera para préstamos cuyo servicio (intereses, comisiones) no se contabilizaba como gastos del deudor, sino como retornos abonados a un inversor.
En otro sector, las administradoras de fondos mutuales que manejan una masa de US$ 7 billones, continuaban surgiendo irregularidades y abusos. A los procesos abiertos en Connecticutt y Nueva York contra las principales firmas, se sumaron California, Texas, Vermont, Colorado, Nuevo Hampshire y Florida.
Mario Pergola, experto en esos delitos, todavía encuentra bancos y empresas remisas a profundizar investigaciones internas. En general, temen que resulten costosas. Este auditor y otros advierten que, en tanto sigan en la picota firmas registradas en bolsas, las maniobras turbias posiblemente pasen a sociedades extrabursátiles o directamente a fraudes financieros.
El exceso de paquetes remuneratorios desmedidos, aun para ejecutivos mediocres, genera fuertes tentaciones de maquillar balances. Estos incentivos quizás aumenten en 2004, por varias razones. Una de ellas, temen los contadores, es que los managers pueden retocar números usando nuevos métodos.
Naturalmente, los viejos trucos peligran. Así, las opciones accionarias ya no funcionan como antes. De hecho, desde enero próximo las compañías deberán satisfacer una exigencia de la Junta de Pautas Contables (FASB, Financial Accounting Standards Board): asentar las opciones como costo laboral. Además, los inversores hoy detectan fácilmente a empresas que emplean los aportes en acciones a cuentas jubilatorias para alterar balances. Especialmente cuando suben los papeles.
Pero el repertorio de trampas nunca se agota, opina Gregory Taxin, de Glass, Lewis & Co., asesora institucional, que no espera para este año un declive en prácticas anómalas. Las ganancias rebotaron bastante en 2003. Entonces, los managers cuya paga depende de nuevos aumentos harán de todo para mantener ese impulso.
Obviamente, las sentencias a prisión siempre serán poderosos disuasivos. Si casos contra ex directores de Adelphia, ex WorldCom, Tyco o Crédit Suisse First Boston los ponen entre rejas, las tentaciones serán mucho menores. De lo contrario, los ejecutivos se harán más audaces y los inversores perderán la fe en la justicia norteamericana.
