Aun sin conocerse los resultados de las elecciones del 14 de septiembre, se
prevé que el justicialismo será oficialismo y oposición
a la vez. Tanto en el plano provincial como en el ámbito nacional. Esto
es así porque además de los candidatos a gobernador y diputados
que llevarán el sello del PJ, son otros tantos los que decidieron ir
por fuera del partido (es el caso de la provincia de Buenos Aires, Santa Fe,
La Pampa y Misiones).
En esa línea, muchos afirman que “sólo el peronismo puede
dar garantías de gobernabilidad en la Argentina”. Y para dar muestras
de ello señalan que más de 60% de los votos del 27 de abril fueron
a parar a manos de peronistas. Tantos votos, afirman, “han dado al PJ un
poderío tal que debe ser canalizado a través de sus dos máximas
figuras: Kirchner, desde la Presidencia de la Nación, y Duhalde desde
la conducción del partido”. Pero agregan que solamente funcionará
bien “en la medida que esté claro cuál es el rol de cada
uno”.
Sin embargo, para José María Díaz Bancalari, el diputado
nacional bonaerense, “no va a alcanzar sólo con el peronismo”
para salir de la crisis política, institucional, económica y social
en la que se encuentra la Argentina. Por el contrario, para el presidente del
bloque del PJ en la cámara baja, deben sumarse a la construcción
las demás fuerzas partidarias, instituciones sociales y organizaciones
privadas. “Como dijo Chiche Duhalde, es tal vez la última esperanza”,
asegura.
Aunque los dos hombres más fuertes del PJ en la actualidad tienen algunos
intereses en común –entre los que el apoyo a Solá en la provincia
de Buenos Aires constituye el más importante–, también hay
algunas diferencias –como sucede en Misiones y, en menor medida, en La
Pampa, Catamarca y la Ciudad de Buenos Aires. En todos los casos, el presidente
Kirchner se inclinó por apoyar a los candidatos que van por fuera del
PJ.
Por su parte, días después de dejar la Casa Rosada, Eduardo Duhalde
aseguró que no se involucraría en la campaña electoral
bonaerense. Sin embargo, a la vuelta de su descanso en el exterior, se puso
al frente del comando de campaña que intenta conseguir la reelección
de Felipe Solá y la elección de Chiche Duhalde como diputada nacional
por la provincia de Buenos Aires. Más tarde, y con motivo de su visita
a Misiones, afirmó: “Esto de Misiones es una excepción, mi
decisión de abandonar la política activa ya comenzó a ejecutarse,
pero voy a respaldar a Ramón Puerta, porque es uno de los grandes dirigentes
del país y en reconocimiento al acompañamiento que me ha brindado
en momentos difíciles de la Argentina”.
La inclinación del presidente Kirchner por el actual gobernador misionero
Carlos Rovira –que perdió las internas partidarias frente a Puerta
y decidió presentarse igualmente con un sello diferente del PJ–
responde al apoyo que éste le dio al santacruceño en la campaña
presidencial. Los mejor informados cuentan la siguiente versión: Duhalde
pidió a Puerta que apoye a Kirchner frente a Menem. Pero como el ex senador
misionero prefería mantener una equidistancia prudente de los candidatos
presidenciales le pidió a su vez al gobernador Rovira que fuera él
quien hiciera explícita su adhesión. Hoy por hoy, al Presidente
le alcanza con saber quién lo apoyó efectivamente. Entonces, su
respaldo es ahora para Rovira. Según otras explicaciones, también
las amistades tienen peso propio.
Bonaerenses y patagónicos
Las crecientes diferencias que dentro del gabinete se producían entre
bonaerenses y patagónicos, favorecieron el surgimiento de las hipótesis
que vaticinaban el final de la sociedad que se había conformado para
evitar que Carlos Menem accediera a un tercer mandato presidencial. Con el objetivo
alcanzado, Duhalde confió a los suyos: “Como imaginarán ustedes,
no coincido con varias de las cosas que Kirchner está haciendo”.
Según un dirigente bonaerense, se refirió, entre otras, al intento
de anular las leyes de Obediencia Debida y Punto Final. Sin embargo, el ex presidente
se apuró a echar por tierra cualquier posibilidad de enfrentamiento con
el santacruceño. Está claro que los índices de popularidad
que exhibe Kirchner lo alientan a mantener una buena sintonía, que a
la vez ayude a ganar con comodidad en la provincia y a recuperar municipios
que en la actualidad no están en manos del PJ.
Así, rápido de reflejos, Duhalde realizó algunos movimientos
y declaraciones para mostrar la vigencia del acuerdo: buscó compartir
un escenario en la campaña bonaerense y no dudó en calificar con
un “diez” los primeros meses de la gestión presidencial. Y
redondeó que el gobierno de Kirchner es “mucho mejor de lo que esperaba,
y eso que era optimista”.
Para un importante referente duhaldista del Congreso nacional “entre Kirchner
y Duhalde no hay ninguna diferencia en relación con el proyecto de nación,
aunque quizá sí la haya en cuanto a los medios o a su forma de
construcción”, reconoce. De uno y de otro lado –kirchneristas
y duhaldistas– se esfuerzan por mostrar que no hay diferencias entre las
visiones de ambos referentes. Ni zurdos, ni populistas, ni progresistas. Casi
ninguna denominación los satisface a excepción de peronistas.
El mismo dirigente continúa: “El peronismo es uno, aunque en los
’90 haya quienes quisieron llamar peronismo a otra cosa, a algo que no
lo era. Algunos de nuestros errores pasan por ahí, por no haber estado
más atentos y poner mayor oposición a un modelo que sumió
a la Argentina en semejante crisis”. A su vez, uno de los pingüinos
eligió citar un artículo de opinión firmado por el escritor
y embajador Abel Posse que apareció publicado en La Nación: “Luego
de la explicación que sobre el peronismo le diera el embajador Leopoldo
Bravo a Stalin en el Kremlin, el dictador ruso le respondió: ‘Si
lo he entendido bien, ustedes serían capitalistas, pero no tanto. Pero
también socialistas, aunque casi nada. Llegan al poder por elecciones,
pero no creen en la democracia burguesa…’”.
Asimismo, ninguno de los dos –el bonaerense y el patagónico–
se preocupan por saber qué es el progresismo. El primero de ellos, sin
embargo, sostiene que en la Argentina de los últimos años se ha
llamado de esa manera al “liberalismo prolijo”.
Duhalde al Mercosur
Por su parte, el presidente Kirchner realizó una movida que, sin lugar
a dudas, es parte de una estrategia para conservar poder. Consiguió el
respaldo de los demás presidentes del Mercosur para nombrar a Duhalde
al frente del Comité Permanente de Representantes del bloque regional.
En la misma línea aseguran algunos que el año que viene respaldará
al bonaerense para quedarse con la conducción del PJ.
En consonancia, el bonaerense Julián Domínguez, secretario de
Asuntos Militares, imagina el futuro de Duhalde “ya no en la trinchera
de los asuntos cotidianos, sino en un lugar de análisis más elevado
reservado para los grandes temas nacionales y regionales”.
Por las dudas, el kirchnerismo sigue en guardia. Tal vez como desde antes de
la asunción de Kirchner a la Presidencia. Uno de los funcionarios del
Ejecutivo que vino desde el sur aseguró: “Todos sabemos, empezando
por Néstor, que los primeros 100 días son fundamentales para resistir
los embates que pueden venir desde el duhaldismo. Para estar atentos era necesario
que viniéramos a Buenos Aires la mayor cantidad de pingüinos posible
para ocupar los lugares más estratégicos. Una vez pasado ese período
ya sería más complicado torcer el rumbo que el presidente quiere
dar a su gestión”.
Uno de los pingüinos que vinieron a Buenos Aires es el subsecretario de
Coordinación General, Carlos Kunkel, quien –consultado ante un eventual
quiebre entre el Presidente y Duhalde por visiones diferentes– señala
algunas críticas que, desde el kirchnerismo, se hicieron a la primera
parte de la gestión presidencial duhaldista. Reconoce que Duhalde ha
tenido también muchos aciertos y que ha entregado el país en condiciones
significativamente mejores a como lo había recibido. “Si en el futuro
considera oportuno ser candidato a presidente está en todo su derecho,
como todos los ciudadanos argentinos”, aun cuando en algún momento
haya afirmado que no volvería a presentarse como candidato a ningún
cargo.
Mientras todo giraba en torno de las dos mayores figuras del PJ, Daniel Scioli
fue a parar al centro de la escena con algunas afirmaciones que fueron de menor
a mayor. Desde el entorno presidencial atribuyeron al principio a la “inexperiencia”
del vicepresidente, pero más tarde su actitud fue percibida como un claro
desafío a los lineamientos presidenciales. El ex motonauta comenzó
defendiendo la aplicación del CVS a los préstamos hipotecarios,
luego anunció aumentos en las tarifas de luz y gas y terminó cuestionando
la política de derechos humanos del gobierno.
Ni siquiera hizo falta que el presidente Kirchner saliera a responder para que
quedara claro cómo habían sido tomadas las declaraciones en el
núcleo presidencial. Las respuestas salieron de boca del ministro de
Planificación Federal, Julio De Vido, del jefe de Gabinete, Alberto Fernández,
y del periodista candidato a diputado nacional kirchnerista Miguel Bonasso.
En todo caso, la fulminante respuesta de Kirchner despidiendo a todo el equipo
de Scioli en la Secretaría de Turismo y su negativa a recibir al vicepresidente,
han terminado por romper una relación que siempre fue precaria.
Consultados algunos duhaldistas respecto de las declaraciones y el perfil adoptado
por el vicepresidente, responden lacónicos: “No se entiende”.
Asimismo, niegan que las afirmaciones hayan sido motorizadas por Duhalde, más
allá de la buena relación que tienen entre sí.
Otras versiones atribuyen el nuevo posicionamiento de Scioli a su intención
de erigirse en uno de los referentes del nuevo frente de centro derecha que
podría constituirse pasadas las elecciones. Mauricio Macri y Ramón
Puerta, entre otros, pasarían a formar parte de ese espacio en el caso
de ganar en sus propios distritos. Tampoco descartan que sea Carlos Menem, ex
jefe político del vicepresidente, quien esté detrás de
esta parte de la historia.
Como fuere, todos seguirán diciendo poco y midiéndose mucho entre
sí hasta conocer los resultados de las elecciones. “Será
primavera casi hasta fin de año, cuando asuman las nuevas autoridades
y comiencen a tejerse y destejerse las alianzas que definan el nuevo esquema
de coparticipación”, sintetiza un dirigente (¿Duhaldista,
kirchnerista? Seguro, peronista). M
