martes, 23 de junio de 2026

    Modelos económicos para la Argentina

    ¿Suerte o cautela?
    Australia sigue inmune a los tropiezos de la economía global

    No en vano, le dicen “país con suerte”. Mientras otras
    economías industriales pugnan por recobrar impulso económico,
    Oceanía suma 12 años de expansión. En parte, porque no
    ha comprado ciertas recetas globalizantes que, hoy, son fracasos. Desde 1991,
    el país ha logrado eludir el contagio de la crisis sistémica internacional
    iniciada en el sudeste asiático (1997-8), el desplome de las punto com
    y las tecnológicas (2000-1) y el impacto de los ataques terroristas sobre
    Manhattan (2001). Sus 19 millones de habitantes gozan de ingresos de bolsillo
    superiores a los imperantes en Gran Bretaña, Alemania o Japón.
    El desempleo, 6,1%, está en un piso de casi 20 años.

    Por supuesto, una baja de exportaciones, la peor sequía de la historia
    y el desinfle de una burbuja inmobiliaria afectaron al crecimiento en 2002.
    Pero, este año, el producto bruto interno avanzará 3%, un margen
    bastante respetable. Ya 1991-2002 representa el mayor período histórico
    sin recesión: 12 años.
    ¿Cómo lo lograron?, ¿quizá por una astuta política
    fiscal y una gestión monetaria tipo Alan Greenspan? “No. Es pura
    suerte. Varias medidas adoptadas en los últimos 20 años surtieron
    efectos opuestos en otras economía”, sostiene Chew Ping, calificador
    de deuda soberana en Standard & Poor’s. La agencia puso a Australia
    nuevamente en clase AAA –la máxima–, algo que no hacía
    desde 1986.
    Pero ahora hay aprensiones respecto del futuro. Tropas australianas forman parte
    de la coalición que invadió Irak y la gente teme represalias terroristas,
    como el atentado en Bali (octubre), donde perecieron 88 australianos. Eso sin
    contar la reciente ola de incendios sobre una extensión mayor que Texas
    y un índice de confianza entre consumidores que, en febrero, marcaba
    el mínimo en dos años.
    Tampoco hay mucho optimismo en la bolsa. Tras ceder 12% en 2002, las acciones
    líderes alcanzaron fines de marzo perdiendo casi 9% adicionales y en
    mínimos desde 1999. Pero Sydney y Melbourne reflejan más factores
    internacionales que locales. Los cuatro principales bancos, castigados en el
    exterior, significan 25% del indicador. Las mineras, que obtienen más
    ingresos afuera, representan otro 10%. Por otra parte, apenas 3% de la economía
    australiana depende de exportaciones. Y el agro, clave de la imagen nacional,
    aporta apenas 3,5% al PBI. Como en Estados Unidos, la demanda del público
    es puntal de la economía y, todavía en el último trimestre
    de 2002, las ventas minoristas subían 0,8%. Las utilidades de las empresas
    habían ascendido 21% en julio-septiembre, último período
    disponible, sobre igual lapso de 2001.
    Eso sí, los australianos han estado comprando bienes raíces a
    ritmo frenético y, desde diciembre, viven una resaca tras 18 meses de
    fiesta. En julio había expirado un programa de desgravaciones tributarias
    por hasta US$ 4.000 a compradores de su primera vivienda. Sólo en 2002,
    la demanda resultante infló 17% los precios.
    Técnicamente, las bases del fenómeno datan de 1983, cuando se
    dejó flotar el dólar australiano. Luego vinieron la desregulación
    financiera (1984), la rebaja de gravámenes a la importación (1988,
    1991), la eliminación de controles salariales (1992) y la total autonomía
    del Banco Central (1996). Como se ve, ni aperturas ni liberalizaciones totales
    o repentinas.
    Al estallar la crisis en el sudeste asiático, Australia ubicó
    rápidamente mercados en Gran Bretaña, China y Nueva Zelanda. Cuando
    se pinchó la burbuja tecnológica, el país quedó
    al margen: es usuario pero no productor en esos rubros.
    Por supuesto, hay factores inquietantes. La debilidad del dólar estadounidense
    pone en dificultades a los exportadores mineros, cuyos precios están
    en esa divisa. Pero, como las monedas de varios socios comerciales se han revaluado
    contra el dólar estadounidense, se ha perdido escasa competitividad.
    Ni siquiera los altibajos petroleros son peligrosos: Australia es exportadora
    neta, rica en carbón y gas natural. M

     

    Nueva Zelanda
    Lección de una reforma orientada al mercado

    La experiencia de este país deja en el aire dos preguntas: ¿las
    reformas pro mercado generan o consumen capital político?; ¿son
    reversibles o, por el contrario, cambian radicalmente los ejes de debate?

    Hace diez años, Nueva Zelanda estaba en la vanguardia de las reformas
    orientadas al mercado. Reinaba el ofertismo, tal como ocurre hoy en Estados
    Unidos o como sucedió en la Argentina de los años ’90.
    Sólo que el ensayo neocelandés involucró a la centroizquierda
    (Partido Laborista, 1984-89) y a la derecha (Partido Nacional, 1990-3). Básicamente,
    la reforma privatizó, eliminó subsidios –especialmente agrícolas–,
    liberó el mercado laboral y redujo el gasto social. La base tributaria
    pasó del impuesto a las ganancias a los impuestos sobre el consumo, que
    afectan más a los sectores de bajos ingresos. Este error político
    compró tiempo: a mediados de los ’90, el producto bruto interno
    avanzaba a razón de 4% anual.
    Hoy en día, los reformadores “puros” son electoralmente marginales
    y el gobierno laborista de la primera ministra Helen Clark –que incluye
    varios antirreformistas– fue reelecto el año pasado con casi dos
    tercios del voto. Sin duda, la experiencia neocelandesa deja en el aire dos
    preguntas: ¿las reformas pro mercado generan o consumen capital político?;
    ¿son reversibles o, por el contrario, cambian radicalmente los ejes de
    debate?
    Pese a todo, Nueva Zelanda es un caso piloto en lo económico y lo político.
    El primer aspecto muestra un contexto centrado en eficiencia, previsibilidad
    y transparencia. Las utilidades empresarias derivan de una estructura tributaria
    muy achatada y el agro acepta la paulatina eliminación de subsidios,
    pues sus propios costos disminuyen junto con la rebaja de gravámenes
    a la importación de insumos y manufacturas (la industria no es prioritaria).
    En la fase virtuosa, la expansión de unos sectores sobrecompensó
    el retroceso de otros. Quizás el aspecto más positivo sea la racionalización
    de la burocracia y el consiguiente ahorro fiscal (algo que el ofertismo no logró
    en Estados Unidos ni en la Argentina).
    En lo político, las reformas comenzaron bajo un gobierno de centroizquierda
    –que cayó en 1990, víctima de ellas– y se profundizaron
    bajo un gobierno derechista, que duró bastante menos, quizá porque
    avanzó demasiado sobre lo social y laboral. Ambos colapsos subrayan el
    mismo fenómeno: un titular de Hacienda reformista –el laborista
    Roger Douglas; la conservadora Ruth Richardson– es desplazado por un primer
    ministro moderado. David Lange en el primer caso, James Bolger en el segundo.
    De todas maneras, los efectos del ensayo fueron, en parte, duraderos. Los subsidios
    al agro cedieron de 16 a 4% del presupuesto. En monto, fueron bajando de US$
    670 millones en 1983 a 115 millones en 1990. El proceso dio buenos resultados
    agroganaderos: la productividad creció a razón de 6,3% anual entre
    1985 y 1994.
    A su vez, la reforma tributaria generaba una de las estructuras más chatas
    del mundo. El tope sobre ganancias bajó de 66 a 33%, en tanto subía
    la base del impuesto al valor agregado, método copiado luego por Domingo
    F. Cavallo en la Argentina (combinado con una rigidez cambiaria ausente en Nueva
    Zelanda, fomentó déficit fiscal, desempleo y un desmedido endeudamiento
    externo). El gasto público –excluyendo servicio de la deuda–
    fue reducido de 40 a 35% del PBI por Richardson (1990-3).
    Pero el impulso reformista se agotó tras las elecciones de 1993, ganadas
    estrechamente (una banca, apenas) por el conservador Bolger. Éste dedujo
    que el semiempate se debía al hartazgo público con las reformas
    y desplazó a Richardson. También llamó a un referendo,
    de donde salió la representación proporcional. Aplicado en los
    comicios de 1996, dejó al Partido Nacional en minoría, pero éste
    retuvo el Gobierno aliándose al First Party, populista de derecha. Las
    componendas fueron tantas que, en 1999, el laborismo recobró el Gobierno;
    y su líder, Helen Clark, optó por la ambivalencia respecto de
    los reformistas. Por un lado, los califica de neoconservadores y, por el otro,
    aprovecha parte de sus innovaciones. Especialmente en materia de finanzas públicas.
    Al cabo de tantos altibajos, el pragmatismo de una mujer se impone al fundamentalismo
    de otra. M

     

    Irlanda
    El tigre celta tiene garras desafiladas

    Dependiente de exportaciones a Gran Bretaña y Estados Unidos, sustentada
    por inversiones externas, la isla es muy vulnerable al desinfle de la demanda
    y al desplome de los valores bursátiles tecnológicos.

    El auge que dobló el tamaño económico de Irlanda en los
    años ’90 pierde impulso, víctima de la recesión tecnológica
    mundial y de la situación en Eurolandia (los países que adoptaron
    el euro como moneda común). “Ya no somos un tigre”, confesaban
    en Yougall, algo así como el Silicon Valley insular.
    En tres meses, efectivamente, dos de los mayores empleadores en esta población
    de 7.500 habitantes anunciaron que cerrarán plantas, donde trabajan 400
    personas cuyos salarios suman US$ 13 millones anuales.
    Atado al euro y a las exiguas tasas de interés impuestas por el Banco
    Central Europeo, el Gobierno no ha logrado neutralizar una inflación
    que eleva salarios y otros costos, pues no maneja su propia moneda. Esto hace
    a Irlanda menos atractiva para inversores del exterior, hoy seducidos por Polonia,
    Hungría, Eslovaquia y otros países orientales que, amén
    de tener costos bajos, son futuros socios de la Unión Europea (UE).
    En diciembre pasado, Artesyn Technologies –un puntal en Yougall– anunció
    que transferirá a China su planta de conversores, que emplea 160 personas.
    En febrero, la francesa Thomson Multimedia indicó que piensa llevar a
    Gales y a Polonia su subsidiaria local, que procesa DVD para el vigoroso mercado
    británico.
    Volviendo al plano nacional, las estadísticas del Gobierno revelan que,
    en 2002, se perdieron 10.000 puestos laborales y ascendió a 167.000 la
    cantidad de personas que cobran subsidios por desempleo. Mary Harney, primera
    ministra suplente, advirtió hace dos semanas que seguirán los
    despidos y las suspensiones.
    “Existe el riesgo de que nuestra mejor mano de obra emigre a Europa, así
    como sus antepasados del siglo XIX marchaban a Estados Unidos”, admitió
    Colm Donlon, vocero de la Agencia de Desarrollo Industrial. Éste es un
    cuadro opuesto al de los ’90, cuando el cóctel de bajos impuestos,
    asistencia de la UE y excelentes recursos humanos atraía gigantes como
    IBM, Intel o Microsoft, mientras florecían la vanguardia tecnológica
    y las punto com.
    En la verde Erin, aumentaban los precios de viviendas y circulaba una típica
    señal de riqueza: BMW nuevos. En un reciente artículo, el escritor
    Kevin Courtney afirma: “El auge produjo jóvenes rastacueros. Otrora,
    W. B. Yeats decía que todo había cambiado drásticamente
    y había nacido una belleza terrible. No la hay peor que la de estos celtas
    ostentosos y aculturados”.
    Por cierto, “la economía iba a perder ritmo”, opina Philip
    Lane, profesor en el Colegio de la Trinidad, Dublin. “Pero el grado de
    regresión supera las expectativas. Además, somos hoy un país
    caro para los inversores”. Por el contrario, Donlon sostiene: “Irlanda
    tiene aún los menores impuestos de la UE, 12,5% al rédito empresario,
    y su economía marcha mejor que otras. Aunque la inflación, 5,6%,
    duplique la media europea y siga subiendo, aún podemos captar inversiones
    con incentivos tributarios y subsidios”.
    El Gobierno recuerda que las “estrellas norteamericanas” siguen en
    la isla. Pero dos de ellas, IBM y Dell Computer, no han querido responder consultas
    de los medios sobre sus planes a mediano plazo. M

    MERCADO On
    Line le amplía la información:

    • “Australia. Nace una potencia asiática”.
    MERCADO, mayo de 2000.
    https://mercado.com.ar/mercado/vernota.asp?id_nota=25&id_edicion=990&id_producto=1
    • “Irlanda: ¿un ejemplo para la Argentina?. De patito feo
    a potencia tecnológica”. MERCADO, septiembre de 1999.
    https://mercado.com.ar/mercado/vernota.asp?id_producto=1&id_edicion=982&id_nota=27