Cuando las bebidas energizantes llegaron a la Argentina, a fines de 1999 (la primera
en entrar al país fue Speed Unlimited), la polémica ingresó
con ellas: que eran estimulantes, que aceleraban el ritmo cardíaco hasta
extremos riesgosos para el consumidor. Pero lo cierto es que la composición
química de una lata de 250 cm3 no excede la cafeína que contiene
un pocillo de café. En realidad el peligro no está en las bebidas
en sí, sino en la habitual combinación con alcohol que normalmente
hacen los jóvenes, los consumidores por excelencia de estos productos.
El Instituto Nacional de Alimentos (Inal) las autoriza como “suplementos
dietarios”, que deben respetar la disposición Nº 6.611 de la Administración
Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (Anmat),
que establece los límites máximos en sus ingredientes. Según
María Luz Martínez, funcionaria del Inal, “si bien estas bebidas
están autorizadas para su comercialización, el Inal y la Anmat no
se hacen cargo de cómo son consumidas. Estos suplementos dietarios no tienen
ningún componente dañino para el organismo. Al ser mezclados con
alcohol, si hubiera efectos colaterales, éstos son exclusivamente causados
por el alcohol y nada más”.
Así, las bebidas energizantes contienen taurina (un aminoácido libre
que abunda en el cuerpo humano y que desempeña un papel significativo en
la neuroprotección, termorregulación y osmorregulación),
cafeína (un derivado de la xantina conocida por su efecto estimulante más
evidente en el sistema cardiovascular y en el cerebro), minerales y vitaminas,
agua carbonatada y azúcar, entre otros ingredientes.
Si bien existen más de 15 marcas distintas de energy drinks en la Argentina,
las mejores posicionadas son Speed Unlimited, Red Bull y Black Fire (de Coca-Cola).
Según datos proporcionados por Speed Unlimited, el mercado de bebidas energizantes
alcanzó los 3,5 millones de latas vendidas en 2002. De ese total, tres
millones (a valor de $ 4 promedio la lata) corresponden a las ventas de Speed
Unlimited, cifra que la consolida como la marca con 85% de market share.
“Este producto creó un segmento nuevo de consumo y nos costó
mucho posicionarlo. Speed Unlimited fue la primera que llegó al país
y empezamos de cero. Hasta 2001, importábamos el producto terminado. Luego
de la crisis económica, estamos importando sólo el jarabe base y
envasamos en el país. Tras pasar la mayor incertidumbre el año pasado;
y después de ver cómo otras marcas de la competencia se iban del
mercado, como Dark Dog o XTC, nosotros tenemos como perspectiva entrar a los supermercados”,
dice Walter Santángelo, directivo de la empresa.
Red Bull, por su parte, desarrolló su estrategia de marketing hacia los
beneficios que la bebida les proporciona a los deportistas. “Red Bull es
una bebida no alcohólica; sin embargo, a muchos consumidores les gusta
mezclarla con otras, como vodka o gin, por ejemplo. Si bien Red Bull no promociona
la mezcla con alcohol, no hay indicaciones de que tenga algún efecto positivo
o negativo en relación con el consumo de alcohol”, dice María
Eugenia Aramburu, jefa de producto de la firma. Las ventas de Red Bull en el mundo,
alcanzaron un billón de latas el año que pasó. La empresa
aún no puede ofrecer cifras oficiales de ventas en la Argentina, ya que
recién ingresó al mercado a fines de 2002.
Con Black Fire, Coca-Cola ingresó en el mercado local de gaseosas energizantes.
También definida como un suplemento dietario, esta bebida es producida
en Estados Unidos para Coca-Cola de Argentina por la embotelladora Pri Pack. No
contiene alcohol y sabe a frutas. De color verde, se vende en una lata negra y
roja de 250 cm3 y contiene vitaminas C, B1, B2 y B6, y extractos de guaraná
y yerba mate. Consultada sobre este producto, Coca-Cola prefirió no participar
de la nota, aunque es sabido que prepara el lanzamiento de Black Fire en botellas
de vidrio, una manera de abaratar los costos, tal como lo hizo con sus gaseosas
tradicionales. M
