martes, 23 de junio de 2026

    Cuando el sudor vale

    Al tiempo que hacen un culto de la salud, estadísticas recientes indican
    que más de 60% de la población de Estados Unidos es obesa. Según
    cálculos oficiales, la economía de la obesidad mueve, sólo
    en ese país, unos US$ 117.000 millones al año. Buena parte de
    este dinero es generado por la industria médica, pero una porción
    importante se reparte entre las grandes cadenas de gimnasios y clubes de salud
    (health clubs). Según estadísticas ofrecidas por la International
    Health, Racquet & Sportsclub Association (IHRSA), casi 34 millones de estadounidenses
    están asociados a algún tipo de club o gimnasio, y el rubro genera
    unos US$ 12.200 millones al año.
    Las tendencias suelen originarse en los centros económicos y luego derramarse
    hacia la periferia. Aunque la Argentina está a años luz de semejantes
    cifras, en lo que se refiere a obesidad, 48% de la población tiene problemas
    de sobrepeso. Una encuesta llevada a cabo en 5.000 hogares por la Secretaría
    de Deporte y Recreación en el país indicó que 90% de los
    consultados realizó algún tipo de actividad física hasta
    los 19 años (generalmente ligada a la escuela). A partir de esa edad,
    la cifra cae en picada hasta reducirse a menos de 40% pasados los 30 años.
    Pero aun en este panorama, la tendencia al crecimiento de los clubes de salud
    puede verificarse –aunque al nivel mínimo que permite la economía
    local–, lo que indicaría un inicio de cambio de hábitos en
    nuestro país.
    Sólo en la ciudad de Buenos Aires existen más de 150 gimnasios.
    En los últimos años, siguiendo la tendencia internacional, una
    decena de ellos evolucionó hasta convertirse en una cadena de clubes
    que brindan múltiples servicios a sus miembros.
    Megatlon es la cadena más importante: funciona desde 1997 como una red
    de clubes unificada bajo la misma marca. La red ya suma nueve centros ubicados
    estratégicamente en otros tantos barrios de la capital federal (Barrio
    Norte, Caballito, Belgrano, Devoto, Villa Crespo, Almagro, Congreso y el Bajo)
    y, según Javier Petit de Meurville, gerente de marketing de la cadena,
    ya tiene más de 35.000 socios. “Crecimos al ritmo de un gimnasio
    nuevo por año, incluidos los últimos dos años”, explica
    el gerente. “Desde agosto de 1997 tuvimos crecimiento neto positivo todos
    los meses, salvo diciembre de 2001 y enero de 2002. Sin embargo, ya a mediados
    del año pasado, nuestros beneficios eran 30% superiores a los de mediados
    de 2001. Esto se debe a que, como consecuencia de la devaluación, debimos
    ajustar la cuota, pero también a que la inscripción se mantiene
    en crecimiento”.
    A diferencia de los gimnasios tradicionales, Megatlon se ve a sí misma
    como una cadena de clubes que ofrece actividades tanto a empresas como a todo
    el grupo familiar de sus miembros. Los clubes cuentan con pileta, canchas de
    básquet, tenis, voleibol, y un cuerpo de profesionales especializados
    dictan todo tipo de clases relacionadas con la actividad física.
    Según Petit de Meurville, la repercusión de las cadenas se debe
    a que “la gente fue muy receptiva a la propuesta de usar más de
    una sede con el mismo carné. En Megatlon tenemos una cuota que incluye
    todos los servicios, aunque, a partir de la explosión de la crisis, tuvimos
    que modificarla. Antes el carné era válido por un año;
    ahora puede tener validez por 3, 6 o 12 meses”. Según la duración
    del compromiso adquirido, el valor de la cuota mensual oscila entre $ 50 y $
    70.
    A pesar de que el costo del equipamiento puede superar los US$ 10.000 por aparato
    (una cinta computarizada de máxima calidad cuesta US$ 12.000), Megatlon
    planea continuar su expansión con la apertura de una nueva sede durante
    este mes. “A pesar de la devaluación, seguimos comprando equipos
    importados aunque, últimamente, se comenzó a producir equipamiento
    mecánico de muy buena calidad en el país, cosa que permite sustituir
    algunas importaciones”, explica el gerente. La cadena es propiedad de un
    conjunto de sociedades anónimas, pero está desarrollando un sistema
    de franquicias porque considera que la marca y el expertise logrado en los últimos
    años serán garantía de éxito.

    Sana competencia

    El principal competidor de Megatlon es SportClub, una cadena con ocho sedes
    que comenzó su expansión en 1998, aunque existe desde 1994, cuando
    se abrió el primer local en Almagro. Adrián Neme, CEO de la empresa,
    afirma que SportClub cuenta con más de 20.000 miembros activos, cada
    uno de los cuales paga una cuota mensual que oscila entre $ 50 y $ 75. Neme
    también revela que su cadena experimentó un crecimiento sostenido
    aun a pesar de la crisis: “En el último trimestre crecimos 5%. Esta
    tendencia se mantuvo a pesar de los problemas de los últimos años:
    en los malos momentos los clubes más viejos se achican, pero esto queda
    compensado por el crecimiento de los más nuevos”. Así y todo,
    Neme explica que debió modificar su plan de negocios: “Íbamos
    a abrir cinco sedes más en 2002, pero decidimos postergarlo. La idea,
    de todos modos, es seguir creciendo”.
    Según el ejecutivo, el surgimiento de las cadenas de clubes y gimnasios
    contribuyó a la profesionalización del rubro: “Antes se entraba
    en el negocio de un modo muy empírico: por lo general los gimnasios eran
    abiertos por deportistas o profesores de educación física. Una
    cadena requiere otro tipo de capacitación. Como cualquier negocio, nosotros
    aplicamos a nuestro rubro estrategias de marketing, intentamos planificar nuestro
    crecimiento e invertir en gerenciamiento y capacitación. Este negocio
    es muy inestable”. De acuerdo con el CEO, el flujo de ingresos varía
    con la temporada: en febrero se factura 40% menos que en octubre. Por eso buscamos
    más la figura del socio que la del cliente: queremos que se pague una
    cuota social de manera mensual y por eso beneficiamos a quienes lo hacen, además
    de que otorgamos exactamente los mismos servicios todo el año”.
    SportClub apunta tanto a brindar servicio a corporaciones (tiene convenios con
    múltiples empresas como CitiBank o Xerox) como al grupo familiar. Las
    actividades para los menores son parte del core business de la empresa. “Para
    los más chicos creamos Sporcito que tiene más de 2.500 miembros
    activos. Las actividades incluyen escuelas de fútbol, básquet,
    natación, gimnasia artística y mucho más. Nos interesa
    atraer a los padres a la actividad física a través de sus hijos.
    Nuestra propuesta no se limita al gimnasio. Funcionamos como un club con una
    oferta variada de actividades deportivas”.
    SportClub ya funciona como franquicia, pero con participación de los
    dueños de la marca en todas las sedes. Neme explica que la inversión
    inicial es compartida. “Además, participamos ofreciendo todo nuestro
    know how, publicamos manuales de acción y organizamos reuniones quincenales
    de los gerentes de las sedes”.
    A escala local, estas cadenas de clubes son la punta de lanza de un fenómeno
    que en los países centrales mueve decenas de miles de millones de dólares.
    Aunque tal vez sea prematuro hablar de un boom, lo cierto es que las cadenas
    de clubes de salud, que ofrecen un importante abanico de servicios a sus miembros,
    han experimentado un crecimiento sostenido, aun en los últimos años.
    Como terapia, como descarga, como diversión o para ocupar el tiempo,
    cada vez más gente parece volcarse al deporte y al cuidado de sí,
    a pesar –o, tal vez, como consecuencia– de la crisis sin fin en la
    que estamos sumergidos. M
    Hernán Ferreirós