martes, 23 de junio de 2026

    Cómo sacarle jugo al mercado

    La citricultura es una de las principales actividades de Tucumán. Se
    trata de un rubro en expansión, por la creciente demanda de los mercados
    internacionales. Además de que la rentabilidad de este negocio es elevada
    debido a que los productos se cotizan a valor internacional, en los últimos
    10 años se produjo un interesante ciclo de inversiones que provocó
    un notable aumento de la productividad. Así, el sector expresa un dinamismo
    casi único en el país, sobre todo empujado por la producción
    de limones de la pequeña provincia argentina que, en muchos casos, incluso
    reemplazó a los tradicionales cañaverales del lugar.
    Los clientes de los limones argentinos son fundamentalmente los países
    del hemisferio norte, que compran la fruta durante los períodos en los
    que, por cuestiones climáticas, no tienen producción propia. Según
    Pablo Traub, gerente financiero de SA San Miguel, la citrícola es la
    más importante del país y una de las primeras empresas productoras
    del mundo. “En Tucumán la producción de limón ha pasado,
    en los últimos ocho años, de 400.000 toneladas en 1994 a 1,2 millón
    en 2002. La industria tucumana exporta 90% de su producción que, a su
    vez, representa 80% del total del hemisferio sur”, indica.
    San Miguel está establecida en la provincia de Tucumán desde 1954.
    Su exportación se destina principalmente a Europa (Rusia, España,
    Holanda, Italia, Grecia, Reino Unido, etc.), pero también encuentra en
    Canadá y Asia (Hong Kong, Singapur, Malasia) buenas plazas para colocar
    sus productos. Su trayectoria y experiencia demuestran que no comenzó
    a exportar por la devaluación sino que este proceso obedece, según
    señala Traub, a “un sólido y genuino proceso de inversión”.
    Así y todo, San Miguel tiene aún un objetivo difícil por
    cumplir: su ingreso al mercado estadounidense. “Es un país que está
    muy desarrollado industrialmente y, además, es donde se encuentran los
    clientes más importantes, como Coca-Cola y demás empresas de gaseosas”,
    explica el ejecutivo.

    Compás de espera

    En junio de 2000, por primera vez en su historia, la Argentina comenzó
    a exportar limones a Estados Unidos. El levantamiento de las restricciones para
    el ingreso de cítricos a ese mercado, dado a conocer por el Departamento
    de Agricultura de aquel país en esa misma fecha, fue la culminación
    de siete años de negociaciones. Sin embargo, el 27 de septiembre de 2001,
    una corte del este de California falló en favor de los productores locales
    y obligó al Departamento de Agricultura de Estados Unidos a suspender
    la norma que permitía el ingreso de limones provenientes de la Argentina.

    “Hasta que no se revean las pautas, las operaciones con Estados Unidos
    están suspendidas”, señala Traub. “Durante 2000 y 2001,
    exportamos un producto que fue muy bien recibido, que pasó todos los
    controles de calidad y cuyo éxito fue muy grande, porque la llegada de
    la buena fruta en su temporada veraniega fue una buena noticia para la demanda,
    tanto por la calidad del producto como por el precio del mismo”, completa.

    Según explica José Posse, representante de la Dirección
    de Mercados Agroalimentarios de la Secretaría de Agricultura Ganadería
    y Pesca, la apertura del mercado estadounidense no implicó exportaciones
    de grandes volúmenes, “pero las perspectivas apuntaban a un importante
    crecimiento. Un factor positivo residía en los precios, ya que ese país
    paga mucho más que algunos estados de Europa”. Sin embargo, no hubo
    tiempo de medir el impacto, ni de desarrollar una estrategia comercial, porque
    sólo se pudieron exportar dos campañas. “Otro beneficio que
    se vislumbraba de esta fugaz apertura –añade el directivo–
    pasaba por la descompresión de los envíos a Europa, una zona donde
    suele concentrarse la oferta, provocando serias caídas en los precios”.

    A pesar de tener al grupo Darby como accionista, que cuenta como integrante
    a Nicholas Brady, ex secretario del Tesoro estadounidense durante el gobierno
    de George Bush padre, la empresa (y el sector) sufría otro problema en
    el mercado estadounidense. El tema giraba en torno a los elevados gravámenes
    que debían afrontar los jugos argentinos, que elevaban en casi 60% el
    valor del producto. Este tema fue revisado, por intermedio de la cancillería
    argentina, dentro de un programa estadounidense que examina algunos productos
    y otorga diversas exenciones. “Se supone que el 1º de enero de 2004 ya
    no se deberá pagar más esta tasa impositiva. Se trata de un beneficio
    que costó mucho trabajo técnico y jurídico, y que, por
    supuesto, abre una cantidad infinita de negocios”, comenta Traub.

    La empresa, su historia

    En 1990, San Miguel era una empresa familiar. El artífice del cambio
    fue su actual presidente, Fernando Oris de Roa, que convenció a un grupo
    de inversores para que comprara la firma a sus dueños originales, la
    familia Mata. “A partir de ahí se sucedieron cambios fundamentales
    en la forma de operación a nivel de la producción, que se sumaron
    a un fuerte proceso de inversión y a un significativo cambio en los canales
    de distribución”, señala Traub.
    A fines de 1993, la empresa inició un proceso de reposicionamiento, consolidando
    e incrementando sus mercados de exportación. Años después,
    en 1996, adquirió la totalidad de Magar, un proveedor estratégico
    de materia prima, y de Citrus Trade Famaillá, un importante competidor.
    Esta última inversión y el proceso de modernización de
    la planta convirtió a San Miguel en la empresa merecedora del Premio
    Invertir en 2001. Finalmente, en 1999, adquirió 33% de Citrícola
    Salteña, uno de los mayores exportadores de cítricos dulces del
    Uruguay.
    El crecimiento de la empresa ha logrado reflejarse, año tras año,
    en sus balances. “Cuando era familiar, la citrícola facturaba US$
    20 millones y producía 100.000 toneladas de fruta. Ahora factura entre
    US$ 70 y 100 millones y produce 400.000 toneladas”, señala Traub,
    destacando además que en diciembre de 2002 la firma recibió el
    premio Mercurio, categoría Marketing Internacional, que otorga la Asociación
    Argentina de Marketing para promover el desarrollo y la valoración de
    la actividad.
    Si bien la empresa vive un proceso de crecimiento, no puede escapar a la situación
    del país. Concretamente, subrayan la falta de financiación imperante.
    No obstante, el gerente financiero de San Miguel afirma que la empresa ya cumplió
    con su plan de inversión. De acuerdo con datos suministrados por la compañía,
    hasta 2000 invertían un promedio de US$ 20 millones anuales. En 2001,
    la cifra se redujo a US$ 5 millones, y a US$ 2 millones el año siguiente,
    cantidad que destinarán a este rubro en 2003.
    Los ejercicios contables del año pasado fueron los primeros en registrar
    pérdidas. En marzo de 2003, presentó su balance correspondiente
    al cuarto trimestre cerrado el 31 de diciembre de 2002, con un resultado negativo
    de $ 80,5 millones por resultado ordinario, y $ 2,8 millones por extraordinario,
    lo que totaliza una pérdida de $ 83,3 millones. Sin embargo, para sus
    directivos no se trata de un panorama alarmante. “Hay que tener en cuenta
    las profundas distorsiones en la evaluación de los activos y los pasivos.
    Conservadoramente evaluamos los pasivos en dólares, más allá
    de algunas pesificaciones”, explica el gerente financiero.
    Además, hay otro factor que se refleja en esos números: la disminución
    de ventas. “Hay que considerar que esta merma se produce porque sólo
    nos concentramos en lo que podíamos financiar. Ante la crisis, nos dedicamos
    sólo al limón y no a otras frutas que habíamos comenzado
    a comercializar como las peras, manzanas y las uvas. Ante la ausencia de recursos
    financieros nos concentramos en nuestro producto más importante. En 2001
    vendimos más de US$ 112 millones y, en 2002, US$ 70 millones. La venta
    refleja un porcentaje que no está más y que corresponde a una
    serie de frutas que decidimos dejar de lado”, sostiene Traub.

    Objetivo Japón

    Desde hace cinco años, la Argentina aumenta su producción de limones
    unas 100.000 toneladas cada año. Cuando el noroeste se reconoció
    como zona libre de enfermedades, la producción creció considerablemente.
    “Lo ideal en este momento sería esperar que las condiciones del
    mercado internacional mejoren, para que se produzca la apertura de nuevas plazas”,
    señala Posse.
    Por el momento, uno de los destinos en vista es Japón, aunque todavía
    no se han comenzado las transacciones por cuestiones puramente sanitarias. El
    imperio del sol es uno de los países que más interés despierta
    en la empresa gracias a su importancia económica; dicho de otra manera,
    interesa por los precios que paga, aunque no se comercialicen grandes volúmenes.
    “Probablemente, el año que viene exportemos a ese país fruta
    fresca, ése es uno de nuestros objetivos”, finaliza Traub. M
    Natalia Herrera