La citricultura es una de las principales actividades de Tucumán. Se
trata de un rubro en expansión, por la creciente demanda de los mercados
internacionales. Además de que la rentabilidad de este negocio es elevada
debido a que los productos se cotizan a valor internacional, en los últimos
10 años se produjo un interesante ciclo de inversiones que provocó
un notable aumento de la productividad. Así, el sector expresa un dinamismo
casi único en el país, sobre todo empujado por la producción
de limones de la pequeña provincia argentina que, en muchos casos, incluso
reemplazó a los tradicionales cañaverales del lugar.
Los clientes de los limones argentinos son fundamentalmente los países
del hemisferio norte, que compran la fruta durante los períodos en los
que, por cuestiones climáticas, no tienen producción propia. Según
Pablo Traub, gerente financiero de SA San Miguel, la citrícola es la
más importante del país y una de las primeras empresas productoras
del mundo. “En Tucumán la producción de limón ha pasado,
en los últimos ocho años, de 400.000 toneladas en 1994 a 1,2 millón
en 2002. La industria tucumana exporta 90% de su producción que, a su
vez, representa 80% del total del hemisferio sur”, indica.
San Miguel está establecida en la provincia de Tucumán desde 1954.
Su exportación se destina principalmente a Europa (Rusia, España,
Holanda, Italia, Grecia, Reino Unido, etc.), pero también encuentra en
Canadá y Asia (Hong Kong, Singapur, Malasia) buenas plazas para colocar
sus productos. Su trayectoria y experiencia demuestran que no comenzó
a exportar por la devaluación sino que este proceso obedece, según
señala Traub, a “un sólido y genuino proceso de inversión”.
Así y todo, San Miguel tiene aún un objetivo difícil por
cumplir: su ingreso al mercado estadounidense. “Es un país que está
muy desarrollado industrialmente y, además, es donde se encuentran los
clientes más importantes, como Coca-Cola y demás empresas de gaseosas”,
explica el ejecutivo.
Compás de espera
En junio de 2000, por primera vez en su historia, la Argentina comenzó
a exportar limones a Estados Unidos. El levantamiento de las restricciones para
el ingreso de cítricos a ese mercado, dado a conocer por el Departamento
de Agricultura de aquel país en esa misma fecha, fue la culminación
de siete años de negociaciones. Sin embargo, el 27 de septiembre de 2001,
una corte del este de California falló en favor de los productores locales
y obligó al Departamento de Agricultura de Estados Unidos a suspender
la norma que permitía el ingreso de limones provenientes de la Argentina.
“Hasta que no se revean las pautas, las operaciones con Estados Unidos
están suspendidas”, señala Traub. “Durante 2000 y 2001,
exportamos un producto que fue muy bien recibido, que pasó todos los
controles de calidad y cuyo éxito fue muy grande, porque la llegada de
la buena fruta en su temporada veraniega fue una buena noticia para la demanda,
tanto por la calidad del producto como por el precio del mismo”, completa.
Según explica José Posse, representante de la Dirección
de Mercados Agroalimentarios de la Secretaría de Agricultura Ganadería
y Pesca, la apertura del mercado estadounidense no implicó exportaciones
de grandes volúmenes, “pero las perspectivas apuntaban a un importante
crecimiento. Un factor positivo residía en los precios, ya que ese país
paga mucho más que algunos estados de Europa”. Sin embargo, no hubo
tiempo de medir el impacto, ni de desarrollar una estrategia comercial, porque
sólo se pudieron exportar dos campañas. “Otro beneficio que
se vislumbraba de esta fugaz apertura –añade el directivo–
pasaba por la descompresión de los envíos a Europa, una zona donde
suele concentrarse la oferta, provocando serias caídas en los precios”.
A pesar de tener al grupo Darby como accionista, que cuenta como integrante
a Nicholas Brady, ex secretario del Tesoro estadounidense durante el gobierno
de George Bush padre, la empresa (y el sector) sufría otro problema en
el mercado estadounidense. El tema giraba en torno a los elevados gravámenes
que debían afrontar los jugos argentinos, que elevaban en casi 60% el
valor del producto. Este tema fue revisado, por intermedio de la cancillería
argentina, dentro de un programa estadounidense que examina algunos productos
y otorga diversas exenciones. “Se supone que el 1º de enero de 2004 ya
no se deberá pagar más esta tasa impositiva. Se trata de un beneficio
que costó mucho trabajo técnico y jurídico, y que, por
supuesto, abre una cantidad infinita de negocios”, comenta Traub.
La empresa, su historia
En 1990, San Miguel era una empresa familiar. El artífice del cambio
fue su actual presidente, Fernando Oris de Roa, que convenció a un grupo
de inversores para que comprara la firma a sus dueños originales, la
familia Mata. “A partir de ahí se sucedieron cambios fundamentales
en la forma de operación a nivel de la producción, que se sumaron
a un fuerte proceso de inversión y a un significativo cambio en los canales
de distribución”, señala Traub.
A fines de 1993, la empresa inició un proceso de reposicionamiento, consolidando
e incrementando sus mercados de exportación. Años después,
en 1996, adquirió la totalidad de Magar, un proveedor estratégico
de materia prima, y de Citrus Trade Famaillá, un importante competidor.
Esta última inversión y el proceso de modernización de
la planta convirtió a San Miguel en la empresa merecedora del Premio
Invertir en 2001. Finalmente, en 1999, adquirió 33% de Citrícola
Salteña, uno de los mayores exportadores de cítricos dulces del
Uruguay.
El crecimiento de la empresa ha logrado reflejarse, año tras año,
en sus balances. “Cuando era familiar, la citrícola facturaba US$
20 millones y producía 100.000 toneladas de fruta. Ahora factura entre
US$ 70 y 100 millones y produce 400.000 toneladas”, señala Traub,
destacando además que en diciembre de 2002 la firma recibió el
premio Mercurio, categoría Marketing Internacional, que otorga la Asociación
Argentina de Marketing para promover el desarrollo y la valoración de
la actividad.
Si bien la empresa vive un proceso de crecimiento, no puede escapar a la situación
del país. Concretamente, subrayan la falta de financiación imperante.
No obstante, el gerente financiero de San Miguel afirma que la empresa ya cumplió
con su plan de inversión. De acuerdo con datos suministrados por la compañía,
hasta 2000 invertían un promedio de US$ 20 millones anuales. En 2001,
la cifra se redujo a US$ 5 millones, y a US$ 2 millones el año siguiente,
cantidad que destinarán a este rubro en 2003.
Los ejercicios contables del año pasado fueron los primeros en registrar
pérdidas. En marzo de 2003, presentó su balance correspondiente
al cuarto trimestre cerrado el 31 de diciembre de 2002, con un resultado negativo
de $ 80,5 millones por resultado ordinario, y $ 2,8 millones por extraordinario,
lo que totaliza una pérdida de $ 83,3 millones. Sin embargo, para sus
directivos no se trata de un panorama alarmante. “Hay que tener en cuenta
las profundas distorsiones en la evaluación de los activos y los pasivos.
Conservadoramente evaluamos los pasivos en dólares, más allá
de algunas pesificaciones”, explica el gerente financiero.
Además, hay otro factor que se refleja en esos números: la disminución
de ventas. “Hay que considerar que esta merma se produce porque sólo
nos concentramos en lo que podíamos financiar. Ante la crisis, nos dedicamos
sólo al limón y no a otras frutas que habíamos comenzado
a comercializar como las peras, manzanas y las uvas. Ante la ausencia de recursos
financieros nos concentramos en nuestro producto más importante. En 2001
vendimos más de US$ 112 millones y, en 2002, US$ 70 millones. La venta
refleja un porcentaje que no está más y que corresponde a una
serie de frutas que decidimos dejar de lado”, sostiene Traub.
Objetivo Japón
Desde hace cinco años, la Argentina aumenta su producción de limones
unas 100.000 toneladas cada año. Cuando el noroeste se reconoció
como zona libre de enfermedades, la producción creció considerablemente.
“Lo ideal en este momento sería esperar que las condiciones del
mercado internacional mejoren, para que se produzca la apertura de nuevas plazas”,
señala Posse.
Por el momento, uno de los destinos en vista es Japón, aunque todavía
no se han comenzado las transacciones por cuestiones puramente sanitarias. El
imperio del sol es uno de los países que más interés despierta
en la empresa gracias a su importancia económica; dicho de otra manera,
interesa por los precios que paga, aunque no se comercialicen grandes volúmenes.
“Probablemente, el año que viene exportemos a ese país fruta
fresca, ése es uno de nuestros objetivos”, finaliza Traub. M
Natalia Herrera
